2018-10-22

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“Guía para criar hijos curiosos”, un libro que enciende la chispa del querer saber

Cuando hablamos de oscurantismo, solemos referirnos a tiempos lejanos, en los que el conocimiento estaba prohibido para la gente común. Sin embargo, cuando condenamos el interés de los niños por aprender, respondiendo a sus preguntas con un “porque sí” o un “qué sé yo”, estamos volviendo un poquito a aquellas épocas oscuras, en las que al saber se lo escondía tras un velo de temor.


Guía para criar hijos curiosos, de Melina Furman
Es el momento de desterrar definitivamente al oscurantismo de la crianza de los chicos. Y para ello debemos estimular su curiosidad, su instinto natural por aprender. Es lo que propone Melina Furman (doctora en educación, bióloga y muchos etcéteras más) en su libro “Guía para criar hijos curiosos”. Un libro que trata sobre la educación de los chicos, pero no desde el lado de la escuela, sino del lado de los padres, los abuelos y todo adulto que forme parte del entorno del niño; un libro que habla de aprendizaje, pero no desde el punto de vista de lo formal, de la imposición, sino desde la curiosidad y desde el genuino interés por averiguarlo todo.

En una entrevista difundida por la Radio Andina de Mendoza, Melina (acompañada por nuestro amigo reportero Pablo Wahnon, quien se refirió a la escritora como una de esas personas que dedican sus vidas a crear un impacto positivo en la sociedad) contó el objetivo principal de su libro: que la crianza de los chicos fomente su curiosidad, su interés por formular preguntas, por averiguar cómo funciona la naturaleza, y por desarrollar un pensamiento crítico.


No más “porque sí” ni “porque no”.

“Cuando hay muchos ‘porque sí’ o ‘porque no’, los chicos dejan de preguntar”, señala Melina, agregando que esas respuestas “funcionan para apagarles la curiosidad. Funcionan en el mal sentido”. Con todo el conocimiento humano al alcance de los dedos, no hay excusa para no dar mejores respuestas. “Internet es una hermosa herramienta que tenemos las familias para ver qué hacemos con las preguntas de los chicos”, subraya la autora.

La curiosidad de Griselda
“Ahora es fácil encontrar cualquier respuesta”, acota Pablo. “Cuando yo era chico no era tan fácil encontrar respuestas. ‘Porque sí’ era la respuesta del padre cuando no tenía la respuesta. Ahora puede ser que la respuesta que encontremos no sea perfecta, pero algún tipo de respuesta siempre tenemos”.

Recompensando la curiosidad

Las pantallas (tablets, celulares, computadoras) son fuente de recompensas fáciles para el cerebro. ¿Se entiende? ¿No? Entonces, mejor, leamos la explicación de la que sabe del tema: “Las pantallas activan una parte del cerebro que se llama circuito de recompensa, que libera un neurotransmisor que se llama dopamina. Cuando nuestro cerebro está bañado en dopamina, es lo mismo que nos pasa cuando vemos un plato de papas fritas o una torta de chocolate”.

Ahora sí. Así que de ahí viene la fascinación de los chicos por las pantallas... Por lo que cuenta Melina, ese baño de dopamina se produce en el cerebro cuando recibimos un like en una publicación, o cuando superamos un nivel en un juego. “Pero está bueno que también haya recompensas desconectadas. Que a los chicos les dé placer dibujar en papel, construir con bloques, jugar un juego grupal, charlar, leer cuentos con nosotros, o solos”.

Y, obviamente, que les dé placer aprender. De eso se trata el libro: de enseñar a aprender. Pero, otra vez, dejemos que lo explique la que sabe:  “Uno se puede volver más ducho en aprender. En educación lo llamamos metacongnición: uno se va volviendo consciente de lo que sabe, de lo que no sabe, dónde buscar lo que no, y la experiencia se vuelve cada vez más disfrutable. Esa es una de las cosas que está bueno dejarles a las nuevas generaciones. No tenemos mucha idea de qué trabajos van a poder hacer, pero con que tengan esa chispa y esa persistencia para aprender, van a estar bien”.

Más jardineros y menos carpinteros

No va más eso de que los padres elijan por sus hijos, que digan qué tienen que pensar o qué les tiene que gustar. En su libro, la doctora Furman lo explica muy didácticamente, con una metáfora de un carpintero versus un jardinero: “El carpintero dice ‘quiero hacer una silla de tales dimensiones; lo pienso, lo corto, lo hago perfecto y así sale’. Y eso, en la crianza, además de que quizás genera traumas, no funciona. Nunca salen los chicos exactamente como queremos (por suerte). La otra metáfora, la del jardinero, es más liberadora y más potente para pensar la crianza. Equivale a decir: voy a poner la tierra, la voy a preparar, voy a sembrar la semilla, la voy a cuidar, voy a cortar las malezas de vez en cuando, voy a acompañar muy de cerca. Pero esa semilla va a salir como tenga que salir, no voy a tener un control absoluto”.

Nada más que agregar. Espero, lector, papá o mamá, que con esto se te haya despertado la curiosidad por saber cómo despertar la curiosidad en tus hijos. ¿La respuesta? En el libro.

Antes de despedirnos, un pequeño bonus: el audio del programa “Todo por la tarde”, conducido por Fernando Lerner Pettinari, con la entrevista completa de Pablo y Melina:



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