2014-10-18

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El cascanueces: ballet a la altura de los niños

Un divertido experimento es decirles a los chicos "esta noche vamos al ballet" y ver las caras que ponen; salvo raras excepciones, esas caras serán similares a las que ponen cuando se les dice que hay espinacas hervidas para cenar. Una alternativa para convencerlos es decirles que irán a ver una obra de teatro para chicos sobre un cascanueces que cobra vida y debe combatir contra el malvado Rey de los Ratones.


El cascanueces para niños
Escena del Cascanueces y el Rey de los Ratones
El Cascanueces y el Rey de los Ratones con las Princesas Encantadas es una adaptación para niños del ballet clásico El cascanueces, con música de Chaikovski, que se viene presentando con gran éxito desde 2011. Una buena forma de entusiasmar a los chicos para que acepten ir a ver esta obra (ya sea en su adaptación infantil o en su formato original) es contarles el cuento de hadas que los bailarines representan en el escenario, así de paso les resultará más fácil mantener la atención y disfrutar de lo que ven. A continuación, la historia (se pueden cambiar los nombres, ya que en su versión original suenan muy alemanes):

El granjero Stahlbaum y su señora celebraban una fiesta de Navidad. Clara y su hermano, hijos de Stahlbaum, estaban muy contentos. Clara esperaba impaciente al mago Drosselmeyer, su tío favorito, un fabricante de juguetes que siempre llegaba con alguna novedad.

El mago llegó con su sobrino, Fritz, y una gran caja de sorpresas de la que fueron saliendo sucesivamente un soldado bailarín, una muñeca y un oso polar con su cría. Clara quería quedarse con la muñeca, pero su madre le explicó que era imposible.




La niña comenzó a llorar desconsoladamente, y Drosselmeyer, sintiendo la pena de la niña, la sorprendió con un regalo especial: un gran cascanueces de madera. Su hermano recibió como regalo al Rey de los Ratones. En una pelea entre hermanos, se rompió el Cascanueces, pero Drosselmeyer lo arregló con una venda y lo dejó casi perfecto.

Cuando la fiesta terminó, los invitados se fueron, y el pequeño Cascanueces se quedó junto al árbol de Navidad. Antes de la medianoche, la niña bajó para ver a su Cascanueces, y al quedarse dormida comenzó a soñar que todo cobraba vida a su alrededor.

Rey de los ratones (Cascanueces)
El temible Rey de los Ratones
El Rey de los Ratones y su banda de roedores aterrorizaban a la niña. En eso aparecieron los soldaditos de juguete, comandados por el cascanueces, para defender a Clara; Fritz los ayudaba como capitán de artillería, y la niña se sintió protegida por estos nuevos amigos. Sin embargo, comenzaban a perder la batalla, hasta que Clara se armó de coraje y lanzó una de sus zapatillas al Rey de los Ratones. Lo derribó, luego el Cascanueces lo mató y los ratones huyeron.

Fue entonces cuando el Cascanueces se transformó en un hermoso príncipe que invitó a Clara y a Fritz a un viaje a través del bosque encantado. Al llegar al bosque, se encontraron con el Rey y la Reina de las Nieves, quienes bailaron para ellos junto a los copos de nieve. La danza  se fue convirtiendo en un torbellino, el cual finalmente impulsó al trineo, con el príncipe, Clara y Fritz a bordo, hacia un lugar lleno de magia.

Clara, Fritz y el príncipe llegaron al reino de los confites, donde los recibió un hada. Allí el hada pidió al príncipe que narrara sus aventuras como Cascanueces, y tras esto, comenzó una fiesta maravillosa que culminó con un baile entre el príncipe y el hada. Por último, Clara y Fritz volvieron de regreso a la realidad en su trineo.


El Cascanueces. De Ernst Theodor Hoffmann, traducido por Erick Winter. En Nochebuena una niña espera junto a su hermano la llegada del Niño Jesús. Cuando sus padres abren la puerta del salón, se encuentran ante una imagen maravillosa: un árbol de Navidad iluminado por cientos de velitas y cargado de los juguetes y golosinas más estupendos que pueden imaginar. El padrino de ambos ha construido un fabuloso castillo por el que pasean y danzan elegantes damas y caballeros. Lectura recomendada a partir de 12 años.

2014-10-08

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El pronóstico del tiempo (canción)

El pronóstico del tiempo es una canción inserta en la obra "Derechos torcidos" de Hugo Midón, un musical infantil sobre los derechos del niño. Transcribimos el fragmento en el que el personaje de Pocho anuncia el pronóstico del tiempo cantando una zarzuela.

Pocho, subido a una mesa, rasguea algunos compases de introducción y habla con acento español:

Señoras y señores: para que despertéis felices e informados, pondré a consideración de todos ustedes el pronóstico del tiempo reservado para hoy. Prestad atención y levantaos prestos y gentiles.

El pronóstico del tiempo
Reservado para hoy
Dice que a la tardecita
Es probable un chaparrón.

Negras nubes pasajeras
Negras como un pizarrón
Dejarán el cielo negro
Y una negra sensación.

Si la lluvia los empapa
Empapados quedarán
Empapados los pequeños
Y empapapapá, y  empapapapados los papás.

Estos son nuestros informes
Reservados para hoy
Puede ser que pase todo
Como puede ser que no.

Si la lluvia los empapa,
Empapados quedarán
Empapados los pequeños
Y empapapapá, y empapapapados los papás.

¡A llover!




2014-10-02

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Tobías, el invisible (un cuento sobre la timidez)

Quienes hemos sido tímidos de niños (y en mayor o menor medida, seguimos siéndolo de adultos) sabemos que la timidez no se supera así nomás. Hace falta una ayudita o un empujoncito para lograrlo. Este cuento trata sobre Tobías, un niño tímido que con una ayuda inesperada pudo dejar atrás a su miedo por relacionarse y dejarse ver.

Recomendado para leerlo a niñas y niños de 6 años en adelante.

Chico tímidoTobías había terminado el jardín de infantes. Y este año comenzaba el colegio. Eso significaba muchas cosas. Significaba que las maestras ya no lo iban a tratar como a un nene chiquito. Significaba que iba a tener que aprender muchas cosas nuevas. Y además (lo más importante de todo) significaba que para llegar hasta su aula iba a tener que cruzar todo el patio. Todo, todo, todo ese gigantesco patio, lleno de chicos y chicas todos más grandes que Tobías, todos mirándolo pasar, dispuestos a reírse de él ante la menor provocación. De sólo pensarlo le daban unas terribles ganas de hacer pis. ¿Y si se hacía encima? ¡Horror! ¡Los grandes iban a tener un motivo más para reírse de él! ¡Y qué motivo!

El primer día de clases no fue problema. Su mamá estuvo a su lado casi todo el tiempo hasta el momento de entrar en el aula, y después, en los recreos, se mantuvo cerquita de esa aula que le servía de refugio. Pero al segundo día, su mamá ya no estaba para acompañarlo. Estaba él solo, frente a ese temible patio y a todos esos grandes esperando a que pasara caminando para ridiculizarlo de alguna manera.