2011-06-26

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Los tiempos verbales en los cuentos

Es común que los cuentos relaten hechos ocurridos tiempo atrás; razón por la que mayormente usan verbos en tiempo pasado o pretérito.


También es común que en los cuentos haya dos partes que se distinguen por el tiempo verbal que utilizan: una introducción, en la que se describe cómo era inicialmente la situación de el o los personajes que protagonizan la historia, y el nudo de la historia, en donde se relata un hecho puntual que introdujo algún cambio en la situación de los protagonistas.


En la introducción suele utilizarse el pretérito imperfecto para explicar cosas que ocurrían habitualmente en el pasado (antes de los hechos principales del cuento), mientras que en el nudo de la historia predomina el pretérito perfecto. Veamos un ejemplo:

A Juancito le encantaba jugar al fútbol. Y jugaba muy bien en el campito de la esquina, con sus amigos del barrio. Hacía pases perfectos, gambeteaba con gran habilidad y pateaba al arco con una precisión que causaba temblores a los arqueros más tenaces.

Un día, un entrenador de un importante club de fútbol vio jugar a Juancito, y le ofreció la oportunidad de jugar en el equipo de su club. Juancito se entusiasmó mucho. Pero cuando jugó en el equipo del club, vio que los otros chicos del equipo jugaban tan bien o mejor que él, entonces no le resultó tan divertido jugar con ellos.

¿Te animás a decir, en los párrafos anteriores, cuáles son los verbos en pretérito imperfecto y cuáles son los que están en pretérito perfecto? La respuesta, aquí.

2011-06-16

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La princesa caballerosa y el caballero princesoso

Un cuento corto por la igualdad de géneros.


Este es un cuento de príncesas y caballeros poco convencionales. La princesa Esmeralda estaba ansiosa por vivir aventuras y combatir dragones, mientras que el caballero Sebastián, cansado de las luchas, bregaba por resolver los conflictos recurriendo puramente al diálogo.


Recomendado para chicas y chicos de 6 años o más. Escrito por Graciela Correa. Ilustraciones de Pablo du Mortier e Ignacio du Mortier.

Erase que se era, hace no mucho tiempo y en un lugar no muy lejano, una princesa no muy alta y no muy tímida.

La princesa Esmeralda luchando contra el dragón
La princesa Esmeralda siempre estaba sonriendo, contando chistes e historias de aventuras de caballeros y dragones. Su papá, el rey, le contaba esas historias desde que ella era bebé. Y desde hacía un tiempo, a la princesa le habían entrado ganas de vivir cosas emocionantes como en esos cuentos.

Los reyes y la princesa tenían muchos caballeros en su castillo para pelear por ellos. Peleaban contra los dragones que atacaban sin parar a la ciudad para llevarse toda la comida. El más valiente de los caballeros se llamaba Sebastián. y había derrotado a muchos dragones, echándolos para siempre del reino.

La princesa siempre escuchaba sus relatos y se emocionaba tanto que ella misma quería salir a combatir con su espada. ¡Ah, claro! La princesa Esmeralda había comprado su propia espada con el dinero que le regalaban para sus cumpleaños, y también una armadura plateada y brillante.


2011-06-02

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Detrás de los cuentos: El Principito

¿Cuáles son las cosas realmente importantes?

Esta pregunta se nos aparece en momentos críticos de nuestras vidas; por ejemplo, cuando está en juego nuestra propia supervivencia. Eso fue exactamente lo que le ocurrió al famoso escritor y piloto de aviones Antoine de Saint-Exupéry el 30 de diciembre de 1945, cuando junto con su navegador (André Prevot) debió realizar un aterrizaje forzoso en la parte de Libia del desierto del Sahara. Los aviadores estaban intentando romper el récord de tiempo de vuelo entre París y Saigón, pero el destino quiso darles una lección, enfrentándolos con la muerte.

Más de tres días estuvieron los hombres en el inclemente desierto, hasta que un beduino y su camello les salvaron la vida. En base a esta experiencia, Saint-Exupéry (que se pronuncia “exuperí”, ya que –como toda palabra francesa– es una palabra aguda, sin importar en dónde esté el acento) escribió su famoso libro El Principito, el cual relata una historia llena de sabias enseñanzas, plasmadas en metáforas que pueden dar lugar a distintas interpretaciones; justamente, el tema de las metáforas y sus interpretaciones se refleja en una parte de la historia en la que el co-protagonista (El Narrador), siendo niño, dibuja una boa que se engulló a un elefante (véase el dibujo de la izquierda). Cada vez que muestra este dibujo a un adulto, éste piensa que se trata de un simple sombrero, aunque el niño está convencidísimo de que la aterradora imagen representa a un elefante en la panza de una enorme serpiente.