2013-05-25

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Un elefante ocupa mucho espacio

Elsa Borneman


Que un elefante ocupa mucho espacio lo sabemos todos. Pero que Víctor, un elefante de circo, se decidió una vez a pensar "en elefante", esto es, a tener una idea tan enorme como su cuerpo... ah... eso algunos no lo saben, y por eso se los cuento:


Verano. Los domadores dormían en sus carromatos, alineados a un costado de la gran carpa. Los animales velaban desconcertados. No era para menos: cinco minutos antes el loro había volado de jaula en jaula comunicándoles la inquietante noticia. El elefante había declarado huelga general y proponía que ninguno actuara en la función del día siguiente.

-¿Te has vuelto loco, Víctor?- le preguntó el león, asomando el hocico por entre los barrotes de su jaula. -¿Cómo te atreves a ordenar algo semejante sin haberme consultado? ¡El rey de los animales soy yo!

La risita del elefante se desparramó como papel picado en la oscuridad de la noche:


2013-05-20

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Premio para autores españoles de poesía infantil


Poetas españoles, a sus máquinas de escribir (o computadoras, papel y lápiz, o lo que prefieran): la concejalía de Educación del Ayuntamiento de Orihuela, en colaboración con Faktoría K de Libros, ofrecen un premio de 5.000 euros en concepto de anticipo para la posterior publicación de la obra ganadora.

Toda la información sobre este certámen, aquí.

2013-05-10

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El vendedor de poemas

Un cuento que trata sobre la dificultad de comerciar con el arte y la necesidad del artista de vender para subsistir.


Mauricio trabajaba de mozo en el bar del pueblo. Aunque estaba contento con su trabajo, él quería ser poeta. En sus ratos libres escribía poesía, y soñaba con que alguna editorial publicara algún día sus obras para que miles de personas las leyeran. En más de una ocasión había llevado sus manuscritos a editoriales para ver si les interesaban para publicar. Pero éstas siempre contestaban: “si nos interesa lo llamaremos”. Y nunca llamaban.

Resignado, ponía todo su empeño en el trabajo de servir mesas, y de vez en cuando escribía algunos versos en el pizarrón del bar, para después borrarlos y en su lugar escribir los platos del día.

Un día Mauricio estaba tranquilamente en el jardín de su casa, regando las plantas, cuando un señor de sombrero rojo que pasaba por la vereda se detuvo a hablarle.

–Buenas tardes Mauricio.
–Buenas tardes –contestó Mauricio cortésmente.
–Me dijeron que usted escribe poesía…
–Bueno sí, es cierto, en mis ratos libres escribo…
–¿A cuánto tiene el poema? –lo interrumpió el señor.
–¿Cómo? –preguntó Mauricio, desconcertado.
–Que cuánto cuesta cada uno –aclaró el hombre.

Mauricio apoyó la regadera y se rascó la cabeza.