2011-08-20

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La leyenda del Timbó


En pleno corazón de la selva que une el Noreste argentino con el Paraguay, se alza gallardamente la copa del timbó, ese árbol que todas las primaveras ofrece su fruto de color negro, curiosamente parecido a una oreja humana. Acerca de él, los guaraníes narran una conmovedora historia que simboliza el amor paternal.


Saguaá era un viejo cacique indio: alto, musculoso, de melena tirando a gris y de plumas rojas bajo la vincha. La india que compartía su toldo le había dado varios hijos varones seguidos y recién al final, una hija, la cual fue criada como una princesa; salvaje, es cierto, pero con mimos de princesa. Tacuareé era su nombre, melodioso y entrañable como su belleza. El amor de Saguaá por su pequeña era tal, que se desvivía día y noche por satisfacer cada uno de sus deseos.


2011-08-08

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La ira del Lanín

Dicen los mapuches que cada montaña tiene su dueño, su pillán, un espíritu que guarda sus tesoros y la protege de abusos. El pillán vive en la cumbre desierta, donde nadie se atreve a llegar, pero ocasionalmente baja para recorrer sus caminos, cuidar a los animales del bosque y asomarse a la orilla de los lagos o a la puerta de los valles, donde termina su reino. Cuando el pillán se enoja, un viento inclemente comienza a agitar las copas de los árboles. Cuando castiga, provoca tormentas, derrumbes y erupciones. Para calmar su ira, a veces exige grandes sacrificios.


La tribu del cacique Huanquimil vivía hace mucho tiempo en el valle de Mamuil Malal, contra la ladera norte del volcán Lanín, donde crecen los amankays y corren las maras entre la espesura.

Una vez, un grupo de muchachos seguía las huellas de un huemul, decididos a darle caza. Con el carcaj y el cuchillo bajo el manto de lana y seguidos por los perros, iban subiendo la ladera.

–Seguro que se fue para el torrente –dijo uno–. Allí lo atraparemos.


 
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