2010-05-30

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Los cuentos clásicos de Perrault y los hermanos Grimm

Cuentos clásicos de Perrault y los hermanos Grimm
Si bien los autores mencionados en el título de esta nota pusieron su firma a los cuentos clásicos que hoy llegan a nosotros en suavizadas versiones cinematográficas, lo cierto es que las historias relatadas en dichos cuentos provienen de tradiciones populares europeas –principalmente de la época medieval– transmitidas oralmente de generación en generación. Algunas de las historias fueron versionadas de manera diferente tanto por Charles Perrault como por los hermanos Grimm; autores que se tomaron el trabajo de recopilar, redactar y publicar dichas historias en forma de cuentos infantiles, evitando de esa forma que desaparecieran como víctimas de la modernidad.


Al adaptar esas historias para el público infantil, tanto Perrault como los Grimm procuraron que los cuentos tuvieran finales más o menos felices y (en el caso de Perrault) siempre existiera una moraleja, explicada en un párrafo al final de cada cuento. Por ejemplo, en el caso de Caperucita Roja, la moraleja aconseja a los niños no hacer caso a los consejos de adultos extraños:

Vemos aquí que los niños y sobre todo las niñas bonitas, elegantes y graciosas proceden mal al escuchar a cualquiera, y que no es nada extraño que el lobo se coma a tantos. Digo el lobo, pero no todos los lobos son de la misma calaña. Los hay de modales dulces, que no hacen ruido ni parecen feroces o malvados y que, mansos, complacientes y suaves, siguen a las tiernas doncellas hasta las casas y las callejuelas. ¡Y ay de quien no sabe que estos melosos lobos son, entre todos los lobos, los más peligrosos!


2010-05-28

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La competencia de los animales (fábula)

Una fábula que ilustra la importancia de saber un poco de todo para poder desenvolverse mejor en la vida.

Para niñas y niños desde edad escolar

La competencia de los animales
El águila, el perro, el pato y la tortuga marina estaban sumidos en un acalorado debate acerca de cuál de ellos era el animal más apto para la vida silvestre.

–¡Yo les gano a todos!–dijo el águila con mucha seguridad– Puedo volar más alto que cualquiera, tengo una vista muy poderosa y mi vuelo es rápido y certero.
–Sí, pero si hay que correr, yo seguro que les gano –desafió el perro–. Además, con mi olfato y mi oído, puedo seguir cualquier rastro y encontrar cualquier camino.
–Está bien, pero si hay que nadar, ¿qué? –quiso saber la tortuga– Cuando hay que meterse en el agua, ninguno de ustedes es muy hábil que digamos. En cambio yo, ando por arriba o por abajo del agua sin ningún problema.

Los tres se quedaron mirando al pato, esperando a que expusiera las razones por las que se consideraba el más apto, tal como habían hecho ellos. Pero el pato, que era más viejo y más sabio que los otros tres animales, en vez de hablar sobre sus virtudes, les propuso demostrar con hechos quién era el más apto.


2010-05-22

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Cuentos infantiles y videojuegos

Con motivo de cumplirse 30 años de la creación del glorioso videojuego Pac-Man, se nos ocurrió buscar artículos que trataran sobre la influencia de los videojuegos en los chicos. Y encontramos algo que nos pareció sumamente interesante para comentar en este blog: un extenso y profundo tratado sobre los cuentos infantiles y los videojuegos.

Dicho tratado, escrito por el psicólogo Roberto Balaguer Prestes, compara los cuentos infantiles con los videojuegos desde el punto de vista de la psicología, detallando sus similitudes y diferencias. Por ejemplo, menciona que tanto unos como otros ofrecen satisfacciones que la vida real no ofrece. “Los videojuegos, al igual que el libro, permiten al sujeto habitar un espacio diferente al de su vida cotidiana”, dice el autor. “Muchas veces el regreso de ese mundo es vivido penosamente, con frustración”. Muy cierto, pero no está mal saber que uno puede distanciarse de vez en cuando de la vida cotidiana, ya sea recurriendo a un cuento o a un videojuego.


2010-05-15

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Vargas Llosa y Pérez-Reverte también escriben para niños

Vargas Llosa y Pérez-Reverte también escriben para niños
Vargas Llosa y Pérez-Reverte

“Fonchito y la luna”, del peruano Mario Vargas Llosa (ilustrado por Marta Chicote) y “El pequeño hoplita”, del español Arturo Pérez-Reverte (ilustrado por Fernando Vicente), son el puntapié inicial con que la editorial Alfaguara arranca una colección de libros infantiles escritos por autores más bien ajenos a ese género. Próximamente se sumarán a la colección, con sus propios textos infantiles, los escritores Javier Marías, Antonio Muñoz Molina y Eduardo Mendoza.


El propio Vargas Llosa dijo, en una entrevista con el periódico español El País previa a la presentación de “Fonchito…”, que el cuento infantil “es el género más difícil, porque no es escribir para niños, es escribir como lo haría un niño. Hay que entrar dentro de esa visión no enteramente racional”. Si un gigante como Vargas Llosa hace semejante declaración, ¿qué queda para un humilde cuenterete que publica los cuentos que le inventa a sus hijos para que se duerman por las noches…?


2010-05-14

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La amistad es para siempre

Esta es la historia de Fernando, Lionel y Germán, tres amigos que hoy son adultos, pero un día (como treinta años atrás) juraron que su amistad duraría para siempre. Y así fue.

Para amigas y amigos de 6 años o más

Hace como treinta años, Fernando, Lionel y Germán eran compañeros de clase. Todos los días, a la salida del colegio, pasaban rápidamente por sus casas para cambiarse e inmediatamente después se encontraban en la plaza del barrio para jugar.

Al llegar a la plaza, comenzaba el ritual de todas las tardes:
–¿A qué jugamos? –preguntaba Lionel, quien era el mayor de los tres, y por eso asumía el rol de líder del grupo.
–¡Al metegolentra! –sugería invariablemente Fernando, el dueño de la pelota y, por lejos, el más futbolero.
–No, mejor a las escondidas –proponía Germán, quien a veces optaba por la mancha o un simple partido de payana.
–Juguemos un rato a la pelota y después a las escondidas –decidía finalmente Lionel.


2010-05-08

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Pedrito, el prestigioso prestidigitador

La historia de un aprendiz de mago que, al descubrir que puede hacer magia de verdad, aprende que los poderes deben usarse en forma responsable.

Recomendado para chicas y chicos de 5 años o más.

Pedrito soñaba con ser mago. Si hasta se había inventado un nombre artístico: “El gran Chow-fan” (él no sabía que chow-fan, en chino, significa arroz saltado, o algo así). En cada fiesta, cumpleaños o reunión familiar, Pedrito se aparecía con su galera de cotillón, su capa negra, un mantel también negro con el texto “El Gran Chow-fan” bordado por su mamá en letras blancas y doradas, y su caja de trucos, con la intención de deleitar a familiares y amigos con su acto de magia. El problema era que los familiares y amigos ya conocían de memoria los trucos del Gran Chow-fan; los cuales eran, por cierto, bastante fáciles de adivinar. El repertorio de trucos incluía a la copa con la bolita que desaparece, la varita mágica que se hace de goma, las cartas mágicas, y un par más de esos trucos que vienen en todos los juegos de magia para chicos.

Un día, en el cumpleaños de uno de sus compañeros de colegio, en medio del show de magia de Pedrito, uno de los chicos gritó: “¿No te sabés algún truco nuevo? ¡Ese ya sabemos cómo lo hacés!”. ¡Para qué! El pobre Pedrito se puso mal. Realmente se entristeció.

Esa noche estaba tirado en su cama, mirando el cielo estrellado, cuando de pronto vio pasar una estrella fugaz. “¿Y si pido un deseo?”, pensó. Él no creía en esas cosas, pero se dijo: “Total, ¿qué podría perder?”. Entonces le pidió a la estrella su máximo deseo: convertirse en un mago de verdad.

Unos días después, en una reunión familiar, le pidieron a Pedrito que hiciera algún truco, como para animarlo un poco, ya que seguía algo tristón. Y Pedrito empezó a hacer el ya conocido truco de la copa y la bolita que desaparece. El asunto fue que, esta vez, la bolita desapareció de verdad. Y no hubo forma de encontrarla.


Pedrito se sintió muy emocionado y (para qué negarlo) un poquito asustado también. Decidió probar con su otro truco: la varita que se hace de goma. Y la varita se hizo de goma de verdad, doblándose entre sus dedos como una cáscara de banana. “¡Epa! ¡Esa no me la esperaba!”, dijo Pedrito, realmente emocionado. Se entusiasmó y empezó a hacer toda clase de trucos: hizo salir conejos y palomas de adentro de una galera, adivinó cuanta carta sacaban del mazo los voluntarios del público, y mucho más. Sus familiares estaban admirados de la destreza del Gran Chow-fan; hasta que hizo desaparecer a su propia hermana y no hubo forma de hacerla aparecer.

Al terminar el truco, todos aplaudieron, pero al ver que Camila (la hermanita de Pedrito) no aparecía, empezaron a preocuparse. Y ni hablar de la angustia que le agarró a Pedro... Empezó a buscar por todos lados, y ni rastro había de su hermanita. Estaba sudando la gota gorda, cuando se le ocurrió agarrar la galera y la varita mágica, e intentar un truco para que Camila apareciese dentro del sombrero.

El truco le salió bien a Pedrito y su hermana apareció, pero el aprendiz de mago entendió que la magia de verdad no era para andar jugando. Por eso fue que, las noches siguientes, esperó hasta ver una estrella fugaz, y le pidió que le quitara los poderes mágicos. Así fue: Pedrito perdió su magia, pero no las ganas de ser mago. Entonces estudió para ser un verdadero prestidigitador y aprendió (e inventó) nuevos y geniales trucos con los que asombró no sólo a su familia y sus amigos, sino a miles de espectadores.