2014-04-29

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¿Cuáles son los problemas de la literatura infantil?

Ante la pregunta del título, formulada en Yahoo Answers, la profesora de enseñanza preescolar Olivia Isabel C contestó lo siguiente:

"El peor problema es que los libros muchas veces no tienen los cuentos apropiados para la edad de los niños, con personajes que les interesen o acciones que ellos desean que ocurran. Muchos están escritos en forma muy compleja con palabras poco usadas en el lenguaje cotidiano y los niños no las entienden (por eso es necesario modificarlas por otros). Ocurre que la selección debe ser cuidadosa. No incluir violencia extrema, y colocar mucho humor y escenas absurdas que son las que mas atraen a los niños. Fomentar su imaginación y fantasía. Y dejar que el libro le sirva para pensar y les deje algo para aprender. Son inapropiados por que muchos escritores de niños no se sientan escucharlos y no saben lo que les interesa, por eso desde un escritorio el libro no es lo que los niños deban escuchar o leer. Buscar nuevos escritores y verificar que hay en el mercado y saber elegir".


2014-04-24

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La profecía autocumplida, cuento de Gabriel García Márquez

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde: "No sé pero he amanecido con el presentimiento que algo muy grave va a sucederle a este pueblo".

El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice: "Te apuesto un peso a que no la haces". Todos se ríen. El se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Y él contesta: "es cierto pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo". Todos se ríen de él y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mama, o una nieta o en fin, cualquier pariente, feliz con su peso dice y comenta:


2014-04-18

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Manual para ser niño, de Gabriel García Márquez

"Aspiro a que estas reflexiones sean un manual para que los niños se atrevan a defenderse de los adultos en el aprendizaje de las artes y las letras".

Con la frase anterior, Gabriel García Márquez inicia su "Manual para ser niño", en el que intenta rescatar a la creatividad primigenia que todos los niños traen de nacimiento del encasillamiento y encierro a los que se ve sometida durante años de educación escolar tradicional.

Del mencionado manual rescatamos unos párrafos en los que el querido escritor colombiano da su opinión sobre cómo debería incentivarse la lectura y la escritura durante los años de aprendizaje básico. Si bien habla en particular de Colombia, sin duda el concepto es aplicable a todos los países de habla hispana. A continuación reproducimos dichos párrafos.

¿Con qué se comen las letras?

Los colombianos, desde siempre, nos hemos visto como un país de letrados. Tal vez a eso se deba que los programas del bachillerato hagan más énfasis en la literatura que en las otras artes. Pero aparte de la memorización cronológica de autores y de obras, a los alumnos no les cultivan el hábito de la lectura, sino que los obligan a leer y a hacer sinopsis escritas de los libros programados. Por todas partes me encuentro con profesionales escaldados por los libros que les obligaron a leer en el colegio con el mismo placer con que se tomaban el aceite de ricino. Para las sinopsis, por desgracia, no tuvieron problemas, porque en los periódicos encontraron anuncios como éste: "Cambio sinopsis de El Quijote por sinopsis de La Odisea".


Así es: en Colombia hay un mercado tan próspero y un tráfico tan intenso de resúmenes fotostáticos, que los escritores armamos mejor negocio no escribiendo los libros originales sino escribiendo de una vez las sinopsis para bachilleres. Es este método de enseñanza -y no tanto la televisión y los malos libros-, lo que está acabando con el hábito de la lectura. Estoy de acuerdo en que un buen curso de literatura sólo puede ser una gema para lectores. Pero es imposible que los niños lean una novela, escriban la sinopsis y preparen una exposición reflexiva para el martes siguiente. Sería ideal que un niño dedicara parte de su fin de semana a leer un libro hasta donde pueda y hasta donde le guste -que es la única condición para leer un libro-, pero es criminal, para él mismo y para el libro, que lo lea a la fuerza en sus horas de juego y con la angustia de las otras tareas.


Haría falta -como falta todavía para todas las artes- una franja especial en el bachillerato con clases de literatura que sólo pretendan ser guías inteligentes de lectura y reflexión para formar buenos lectores. Porque formar escritores es otro cantar. Nadie enseña a escribir, salvo los buenos libros, leídos con la aptitud y la vocación alertas. La experiencia de trabajo es lo poco que un escritor consagrado puede transmitir a los aprendices si éstos tienen todavía un mínimo de humildad para creer que alguien puede saber más que ellos. Para eso no haría falta una universidad, sino talleres prácticos y participativos, donde escritores artesanos discutan con los alumnos la carpintería del oficio: cómo se les ocurrieron sus argumentos, cómo imaginaron sus personajes, cómo resolvieron sus problemas técnicos de estructura, de estilo, de tono, que es lo único concreto que a veces puede sacarse en limpio del gran misterio de la creación. El mismo sistema de talleres está ya probado para algunos géneros del periodismo, el cine y la televisión, y en particular para reportajes y guiones. Y sin exámenes ni diplomas ni nada. Que la vida decida quién sirve y quién no sirve, como de todos modos ocurre.


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