2019-05-17

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Cuentos sobre la muerte para niños: “Tonino, el niño astronauta”

Cuentos sobre la muerte para niños: "Tonino, el niño astronauta"
Tonino, el niño astronauta
Les ofrecemos la reseña de un libro para tratar el tema de la muerte con los niños más pequeños.

Para niñas y niños de 3 a 6 años.

¿Cómo hablar de la muerte con los niños? En la guía para adultos “Explícame qué ha pasado”, de la fundación Mario Losantos del Campo, lo sintetizan de este modo: hay que hablarles con mucho cariño, con muchísimo amor, pasando todo el tiempo del mundo juntos, hablando con delicadeza, sin atragantamientos, sin mentiras, con respeto a su mundo emocional, sabiendo esperar, escuchando mucho, con mimo, con caricias, sin temor y SIEMPRE con disposición a la VERDAD.


Los cuentos son de gran ayuda para tratar con los niños más chicos el tema de la muerte, manteniendo los preceptos antes mencionados.

En esta ocasión ha llegado a nuestras manos el libro “Tonino, el niño astronauta”, del maestro de escuela y músico profesional Adolfo Langa. Adolfo reconoce que la tarea de hablar sobre la muerte con niños de entre 3 y 6 años no es fácil. Para enfatizar su argumento, compara esta tarea con hacer un “triple salto con tirabuzón”.

Adolfo se tomó todo un año de trabajo intenso para terminar este libro. “He tratado de buscar una imagen integradora de la muerte, vital, constructiva”, explica Adolfo. “Y sobre todo, acercarme a lo que considero que nos une a todos en ella, sin distinción de religión, creencia o cultura: el legado, el histórico inevitable que nos deja el que se va a los que nos quedamos. El valioso tesoro que nos hace evolucionar como especie”.


2019-05-10

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“La cena está servida”, un cuento con oraciones en voz pasiva

Cuento con oraciones en voz pasiva - La cena está servida
"La cena está servida"

Te presentamos un cuento con abundantes ejemplos de oraciones en voz pasiva.


En este cuento hay 7 oraciones con verbos en voz pasiva. Están todas señaladas con resaltador amarillo, a excepción de una. Te proponemos que averigües cuál es la que falta señalar.


Los invitados al banquete esperaban ansiosamente en la antesala del salón comedor. Los ruidos de estómagos vacíos se escuchaban cada vez con mayor fuerza.


De pronto, se abrió la puerta de par en par. El mayordomo apareció en el umbral y dijo a viva voz: “La cena está servida”.

Instantáneamente, los comensales se desplazaron hasta el salón comedor, acompañando su paso con expresiones de alivio.

El primer plato, un consomé de ave, fue devorado rápidamente. Pero los comensales seguían hambrientos. Las canastas de pan, ubicadas en el centro de la mesa, fueron atacadas apenas se vaciaron los platos.

Entre cuchicheos, los comensales se preguntaban cuál sería el segundo plato. La respuesta no se hizo esperar.

El mayordomo ingresó al salón acompañado por cuatro ayudantes, que llevaban cada uno tres platos. En cada uno ellos se lucía una brillante pata de pavo. La pieza estaba acompañada por judías verdes y puré de calabaza. Sonrisas de satisfacción se dibujaron en las caras de todos los comensales.


2019-05-01

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“Facundito en el recreo”, un cuento de autoestima para niños

Esta es la historia de Facundito, un niño con baja autoestima, que finalmente aprende la importancia de valorarse a sí mismo.

Cuento de autoestima para niños
Facu y sus compañeros de colegio
Facundito estaba acostumbrado a pasar desapercibido. Era un chico promedio. En el colegio le iba más o menos; ni bien, ni mal. A la pelota, jugaba más o menos; ni bien, ni mal. Tenía un grupo de amigos con los que se juntaba para jugar. Y se divertía jugando. Pero si aparecía alguno nuevo, sentía miedo de pasar vergüenza y él mismo se apartaba.


A Facundito le gustaban los comics. Uno o dos días a la semana, sus mejores amigos lo iban a visitar a su casa y se pasaban tardes enteras hablando de superhéroes. En esos momentos, Facundito se sentía a sus anchas, feliz.

Facundito estaba por cumplir 13. A punto de comenzar la adolescencia.

Como dije, Facundito estaba acostumbrado a ser ignorado. Sus días pasaban sin contratiempos, siempre y cuando no llamara la atención.

Pero había ciertos momentos del día en que la situación se le ponía difícil: los recreos del colegio.

Antes, cuando era más chico, en los recreos, tanto él como sus compañeros se la pasaban corriendo y jugando. El único problema que tenían era evitar que las maestras los retaran por correr. Pero a los casi 13 años, ya ni él ni sus compañeros querían correr en el recreo. Lo único que hacían era reunirse en grupitos en el patio y hablar. Ése era su problema: hablar.


 
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