2018-10-06

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Ricitos de oro y los tres osos

Compartimos un cuento clásico infantil de todos los tiempos, en el que una niña ingenua, llamada Ricitos de Oro, irrumpe en la morada de una familia de osos.

Para niñas y niños a partir de 4 años.

Ricitos de Oro y los tres osos
La familia de osos leyendo el cuento.
Había una vez una niña que tenía los cabellos tan rubios y rizados que la llamaban Ricitos de Oro. Todas las mañanas salía de su casa a dar un paseo por el bosque. Pero un día caminó tanto que se perdió. Triste y cansada, llegó hasta una casa junto a un arroyo. Golpeó la puerta, pero como nadie atendió a su llamado, decidió entrar.

En la mesa de la cocina encontró tres tazones con sopa de avena. Ricitos de oro estaba hambrienta, por lo que probó la sopa del primer tazón.

“¡Esta sopa está muy caliente!”, exclamó.

Entonces probó la sopa del segundo tazón.

“Esta sopa está muy fría”, dijo.

Finalmente probó la sopa del tercer tazón.

“Esta sopa sí que está bien”, dijo contenta, y se la tomó toda.


Luego de tomarse la sopa se sintió cansada. Caminó hasta la sala y en ella encontró tres sillas. Se sentó en la primer silla para descansar sus pies, pero éstos no llegaban al suelo.

“¡Esta silla es muy grande!”, exclamó.

Entonces se sentó en la segunda silla.

“¡Esta silla es muy ancha!”, se quejó.

Finalmente probó la tercer y más pequeña silla.

“Esta silla es perfecta”, suspiró. Pero justo en el momento en que se acomodó, ¡la silla se rompió en pedazos!

Sintiéndose aún más cansada, Ricitos de Oro subió las escaleras hasta el dormitorio, en el que había tres camas. Se recostó en la primera cama, pero era muy dura. Entonces se recostó en la segunda, pero era muy blanda. Se acostó en la tercera cama y la encontró muy cómoda, por lo que pronto se quedó dormida.

Mientras Ricitos de Oro dormía, los tres osos volvieron a su casa. Al ver los tazones en la mesa de la cocina, se sorprendieron.

“Alguien ha estado tomando mi sopa”, gruñó Papá Oso.


“Alguien ha estado probando mi sopa”, dijo Mamá Osa.

“Alguien se tomó toda mi sopa”, lloró Bebé Oso.

Luego vieron las sillas en la sala.

“Alguien se ha sentado en mi silla”, gruñó Papá Oso.

“Alguien se ha sentado en mi silla”, dijo Mamá Osa.

“Alguien se ha sentado en mi silla y la ha roto en pedazos”, lloró Bebé Oso.

Los tres osos siguieron revisando la casa, y cuando subieron al dormitorio, Papá Oso gruñó:

“Alguien ha dormido en mi cama”.

Y mamá Osa dijo:

“Alguien también ha dormido en mi cama”.

Finalmente, Bebé Oso gritó:

“¡Alguien está durmiendo en mi cama!”.

Ricitos de Oro se despertó al escuchar los gritos. Asustada, exclamó “¡ayuda!”, saltó de la cama y escapó del dormitorio. Bajó las escaleras, abrió la puerta y corrió hacia el bosque, encontrando por fin el camino de regreso a casa. Y nunca volvió a la casa de los tres osos.

Escucha la narración del cuento



Otra narración, con dibujos animados


Comentarios

Ricitos de Oro y los tres osos es un clásico cuento de hadas, de autor anónimo, que se popularizó al aparecer en un texto escrito y publicado en 1837 por Robert Southey.

Esta historia deja varias enseñanzas o moralejas: en primer lugar, que la privacidad e intimidad de los demás debe ser respetada. En segundo, que debemos compartir lo que tenemos con cualquiera que lo necesite, pero a sabiendas de que sólo le servirá lo que le resulte adecuado. Y en tercer lugar, que no debemos conformarnos con lo primero que encontramos, sino que debemos perseverar en la búsqueda hasta hallar lo más adecuado a nuestras necesidades.


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