2019-08-12

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Monstruario Liliana Cinetto

Monstruario Liliana Cinetto - portada libro
Portada del libro

La escritora Liliana Cinetto creó este libro a modo de guía práctica para conocer a los más populares monstruos de la literatura universal. En un tono humorístico, abre un camino para entrar sin miedo a los cuentos de terror, a la mitología y al folclore. Es apto para niños que recién se inician en la lectura de libros, y su buen humor hace que sea también una agradable lectura para grandes.



A continuación ofrecemos una reseña del libro Monstruario Liliana Cinetto, con su sinopsis, un resumen, nuestras opiniones y la biografía de la autora.

Sinopsis de Monstruario Liliana Cinetto


Es conveniente estar preparado para encontrarse cara a cara con los monstruos más famosos, como un hombre lobo, un vampiro o una esfinge. En su Monstruario, Liliana Cinetto ofrece una guía de campo, fruto de su “infatigable investigación, temerarios viajes, incesantes lecturas e incurables miedos”. La guía que ofrece Monstruario permite al lector conocer en detalle el origen literario y mítico de más de cincuenta monstruosas criaturas, como también sus hábitos, características físicas y debilidades.


Resumen del libro


“Monstruario” se nos presenta desde el comienzo como un muestrario de monstruos, o un “diccionario de monstruos de bolsillo (el diccionario es de bolsillo; los monstruos, no)”, tal como lo describe su autora.

Al comenzar la lectura, el lector encontrará, como en todo diccionario, un índice ordenado alfabéticamente de todos los monstruos que se describen en el libro.

Para empezar a leer, se puede recorrer la guía en el orden establecido o inventar un orden alternativo. Puede ser por tamaño, por maldad, por fealdad o por antojo.

Monstruario Liliana Cinetto - Ankow
El Ankow
Cada uno de los personajes se nos presenta con una ficha introductoria en la que se describe brevemente su origen (literario, mítico, popular, etc.), además de alguna referencia acerca de los “poderes” de dicho monstruo.

Luego se inicia una descripción detallada de los rasgos físicos, los hábitos, los gustos y las debilidades del monstruo.

Desfilan por las páginas del monstruario especímenes tales como dragones, elfos, quimeras, brujas y caribdis. De los que seguramente conocemos por haberlos visto en películas (dragones, elfos, brujas), las fichas nos brindan datos útiles que probablemente no sepamos. Y de los que quizás nunca oímos hablar (quimeras, caribdis) el libro nos enseña qué son y cómo son.

También hay monstruos con nombre propio, como Frankenstein, el Conde Drácula o el fantasma de Canterville.

Las ilustraciones completan la ficha técnica de cada monstruo con información visual que nos ayudará a identificarlos si, mágicamente, nos llegáramos a encontrar con alguno de ellos.


Opiniones de Monstruario Liliana Cinetto


El libro Monstruario, de Liliana Cinetto, es recomendable para cualquier niño que se interese en leer libros de terror, si bien no pertenece al género de libros de terror. Ofrece muchísimas referencias a la literatura, el folclore, la mitología y la cultura universales.

La guía está llevada de una forma tan divertida y fresca que es imposible perderle el hilo. Incluye un sinfín de humoradas para sonreír mientras se lee. También ofrece contenido histórico, tratado de una manera muy ligera y entretenida, y constantes invitaciones a la lectura de otras obras cumbres del terror.

Ficha del Yeti
Yeti
Las ilustraciones que acompañan a las fichas de cada monstruo son geniales. Plasman de una manera muy bonita la imagen de cada criatura a la que se hace referencia.

Algunas de las obras literarias a las que hace referencia Monstruario no son apropiadas para el público infantil. Un ejemplo es La odisea. Es conveniente que los chicos reciban consejo de sus padres acerca de cuáles de las historias que se sugieren en Monstruario pueden leer.

Se hace referencia a los desenlaces de las historias que se mencionan, lo cual es como un “spoiler” para quienes no las han leído. Aunque, dada la popularidad de las historias, es muy probable que todos conozcan sus finales aún sin haberlas leído.


Biografía de Liliana Cinetto


De Liliana Cinetto sólo diremos que es profesora de enseñanza primaria, profesora de letras, escritora y narradora de historias. Todo lo demás que haya que saber acerca de su vida, dejaremos que ella misma lo cuente:

Nací en el barrio de Boedo, barrio tanguero si los hay, en una casa antigua, con patio, terraza y gallinero. (Y…, esas cosas que tenía Buenos Aires, ¡qué sé yo!).
Biografía Liliana Cinetto
Liliana Cinetto

Recuerdo que mi casa estaba llena de escondites y lugares secretos que sólo yo conocía. Tenía escaleras caprichosas, ventanas misteriosas y un pasillo largo con una enredadera que en otoño se llenaba de flores amarillas y parecía una lluvia dorada. Era una casa mágica. Cada uno de sus rincones me susurraba historias que yo escuchaba fascinada. Pero, sin duda, lo mejor de la casa era la biblioteca, una habitación enorme llena de libros que yo elegí como mi lugar preferido para jugar y leer.

En el quieto silencio de las siestas, la vieja casona de Boedo desaparecía y yo me sumergía en un mundo donde todo era posible. Así descubrí la colección Robin Hood, de tapas amarillas, los veintitantos libros de Monteiro Lobato, con la inolvidable Naricita, o los álbumes con grandes ilustraciones donde se mezclaban Las mil y una noches con Heidi y El soldadito de plomo con Blancanieves. Me volví adicta a la lectura. No podía dejar de leer. ¡Cómo lloré con Corazón y con Azabache! ¡Y qué manera de sufrir con ese perro de Bajo las lilas! ¡Qué intriga por saber quién era en realidad Papaíto piernas largas! ¡Qué nervios cuando secuestraban a los chicos en Entre selvas y desiertos y ellos se escapaban! ¡Y cómo me gustaba el Tigre de la Malasia que se enamoraba de Mariana y la iba a buscar porque no podía vivir sin ella!

No sé cuántas veces habré leído y releído los libros de Salgari, Julio Verne o Twain. No sé cuántas noches me habré dormido a la fuerza porque ya es tarde, nena, y yo quería saber qué les pasaba a los personajes que estaban Sin familia o En familia o a Robinson Crusoe, Gulliver o El último de los mohicanos..


Sólo sé que nada escapaba a mi voracidad.


Será por eso que mi mamá, que era maestra, y mi papá que tenía dos trabajos, seguían comprándome libros, aunque a veces la plata no alcanzaba para llegar a fin de mes. Será por eso que, cuando se me “gastaron” algunos libros (no porque se me hubieran roto, sino porque ya los sabía casi de memoria), tuve que explorar en los otros estantes de la biblioteca donde me esperaba uno de los grandes amores de mi vida: la poesía. ¿Cómo que leíste a Machado, nena?, preguntaba la maestra de quinto (la de cuarto no preguntaba nada porque era una bruja). Y sí, señorita, me lo leí todo. Y a Neruda y a Hernández y a Almafuerte que no se da por vencido ni aun vencido. Pero sos muy chiquita para leer esas cosas, decía la de sexto que pensaba que había que tener edad para leer poesía seria y nos hacía copiar versos de confite en la carpeta. No le hice caso, claro, seguí leyendo a Lorca y a León Felipe y me animé a acompañar al Quijote (en versión para niños, eso sí), mientras Serrat me cantaba al oído “se hace camino al andar”.

¿Cómo no me iba a gustar, entonces, leer las Novelas ejemplares en voz alta cuando empecé la secundaria, si ya era una lectora sin remedio? Confieso, eso sí, que Platero y yo y Marianela me aburrían un poco, pero es que ya empezaba mi metamorfosis. Porque me encontré con Kafka en la colección de Losada que publicaba a mis poetas preferidos, justo en una esquina de la Feria del Libro, una fiesta que daba sus primeros pasos en mi Buenos Aires adolescente. Y ya nada fue igual. Seguía leyendo todo lo que caía en mis manos, pero comencé a forjar un gusto literario y una mirada crítica. Y llegó Ayerdi, mi profesora de Castellano. Ella me abrió las puertas grandes de la literatura, cuando me presentó a García Márquez, a Cortázar, a Borges, a Arlt y a toda una Latinoamérica que escribía.

Hasta ese momento, yo sólo había escrito a escondidas unos poemas tímidos y algunas composiciones sin pies ni cabeza, que la señorita de sexto alababa con falsa convicción y que yo rompía sin piedad, muerta de vergüenza. Es que ya había decidido que quería ser escritora. Lo decidí junto a la biblioteca de la vieja casa, mientras mis muñecos se convertían en los personajes del último libro que acababa de leer. Pero no vislumbraba un camino que me permitiera concretar ese sueño. Hasta que el caudal de literatura que nos dio Ayerdi hizo que surgiera mi voz y que encontrara las palabras exactas para decir lo que quería. Y comencé a escribir (poesía, por supuesto) y después aparecieron un par de cuentos y ya no pude dejar de escribir hasta hoy.


Aunque parezca mentira...


...la facultad de Letras casi me asesina la vocación, porque entre tantos latines y griegos y tanta fotocopia ilegible de bodrios agotados, yo perdí el placer de escribir y de leer. Por suerte hubo varios profesores que fueron un oasis para mi sed literaria y me ayudaron a soportar a los que merecían que se les prohibiera la portación de palabra. Y por suerte, también, una amiga me habló de los talleres de escritura. Y allá fui tímida, pero feliz, a recibir sopapos literarios y críticas feroces (yo, que era la que mejor escribía en el colegio) que me enseñaron los secretos del oficio de escribir. La búsqueda desesperada de una palabra, las páginas que se tachan y se tiran, los versos que se corrigen… Supe lo que era un cliché y una idea original y en esa tarea casi artesanal terminé de enamorarme de la literatura.

Ha pasado el tiempo. Después de un primer tropiezo, encontré a otro de los grandes amores de mi vida y me casé con él. Tengo tres hijos maravillosos que han sido mis primeros lectores y los críticos más despiadados de mi trabajo. Publiqué más de treinta libros y soy escritora y narradora oral. No puedo imaginar mi vida sin libros. Creo que fue Borges el que dijo que gracias a los libros tenemos recuerdos que no hemos vivido. Y es cierto. A ellos les debo esos recuerdos ajenos y mucho más: los viajes que he hecho, los amigos entrañables que conocí, la alegría de vivir de lo que más me gusta hacer… Pero sobre todo, gracias a ellos, aunque haya crecido, mi corazón sigue intacto. Y sigo siendo aquella niña remota que leía junto a la gran biblioteca, en el silencio quieto de la siesta.

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