2015-08-01

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Efemérides: 1° de agosto, día de la Pachamama

Hoy se celebra el día de la Pachamama, o Madre Tierra, la diosa adorada por los pueblos originarios de varios países latinoamericanos. Se trata de una celebración que se realiza para agradecer, pedir y bendecir los frutos que nos ofrece la Madre Tierra.


Pachamama
Pachamama es, como todas las madres, generosa, amorosa y dadivosa. Pero (también como todas las madres) siempre pide algo de cariño en retribución. Por eso, cuando las personas le rendimos culto y le ofrendamos parte de los frutos que recogemos de su seno, nos retribuye con abundancia. Pero si nos olvidamos de ella, se vuelve vengativa y nos castiga con heladas o tormentas devastadoras.


Por eso en las regiones donde la creencia está más arraigada, le hacen ofrendas todos los días del año. Es por eso que se ven montí­culos de piedras a los costados de los caminos en las altas cumbres. En ellos se colocan ofrendas tales como hojas de coca, tabaco, o chicha bien fermentada.


La leyenda menciona que agosto es el tiempo de adoración a la Madre Tierra, época de agradecimiento por las cosechas y el buen tiempo, por los animales y la abundancia del suelo. Por eso, el primer día de este mes se revive el ritual de gratitud a la tierra, un rito que sobrevivió a la colonización española y traspasó fronteras.

Los rituales de esta tradición fueron variando con el tiempo, tomando distintas formas y enriqueciéndose con los legados culturales, históricos y sociales de diferentes comunidades. Es así que de acuerdo a las costumbres ancestrales de cada pueblo, cambia el modo de celebración.

La leyenda

Cuenta la leyenda que hace miles de años, en el cielo surgió la rivalidad entre dos hermanos por el amor de una atractiva y encantadora joven de nombre Pachamama. Ella eligió por esposo a Pachacamac, motivando la ira de Wakon (dios del fuego), quien resultó expulsado del reino celestial por designio de los demás dioses. Furioso, Wakon ocasionó desastres en la tierra: sequías, inundaciones, hambre y muerte.


Conmovido por el efecto devastador de la furiosa descarga de cólera y odio de su hermano contra el mundo, Pachacamac descendió del cielo y venció a Wakon en una feroz pelea, restableciendo el orden en el planeta. Entonces, como seres mortales, Pachacamac y Pachamama reinaron en la tierra, mientras el rendido Wakon fue desterrado, condenado a vivir en la sombra, en cuevas de las montañas más lejanas, con la advertencia de no regresar jamás.

La pareja divina tuvo dos gemelos, varón y mujer, llamados Wilkas; pero la felicidad se cortó abruptamente cuando Pachacamac cayó al mar de Lurín (Lima) y murió ahogado, quedando convertido en una isla. El silencio y las tinieblas cubrieron el mundo. Pachamama y sus niños vagaron sin rumbo en la noche interminable, teniendo que esconderse a menudo de enormes monstruos. Cuando se hallaban por las tierras de Canta (sierra de Lima), vieron una pequeña luz de fuego en las alturas y no dudaron en ir hacia ella, ignorando que esa única luz de esperanza provenía de la cueva de Wakon.

Al llegar, contaron sus penurias y recibieron la ayuda de un desconocido (Wakon). El desconocido se las ingenió para quedarse solo con la bella Pachamama, enviando a los pequeños a traer agua en una vasija rajada. Trató de seducirla, pero ella lo rechazó. Sumamente encolerizado Wakon la mató a golpes, la descuartizó y devoró su carne. El espíritu de Pachamama se alejó entonces, para convertirse en la cordillera de los Andes.


Al regresar con el agua, los hermanos miraron por todos lados. Llorando, buscaron a su madre. Wakon les dijo que había salido y que le habió pedido que los cuide hasta su regreso. Wakon pretendía realmente devorarlos, después de engordarlos lo suficiente. Felizmente, apareció el Huaychao (ave andina que anuncia la salida del sol) para contarles que su madre había sido asesinada y devorada por su tío.

Los gemelos huyeron, temiendo a la muerte que iba tras ellos. En el trayecto, diversos animales se ofrecieron para distraer al malvado perseguidor; avanzaban demostrando valor, a pesar que sus delgadas piernas se iban rindiendo. Casi desfallecidos, una zorra los ocultó en su madriguera.

Al mismo tiempo, Wakon recorrió velozmente los caminos. Preguntó al cóndor, al jaguar, a la serpiente y a otros animales que iba encontrando a su paso, pero ninguno le daba pistas reales. Finalmente, se encontró con la zorra, quien le dijo que los niños irían si cantaba desde la montaña más alta, imitando la voz de Pachamama. Crédulo y poco sagaz, Wakon emprendió una rauda carrera hacia la cumbre pero, faltando muy poco para llegar, pisó una piedra aflojada adrede por los animales y cayó al abismo. Su muerto ocasionó fortísimos temblores.


Los huerfanos sólo tenían a la zorra, que hizo todo lo posible para que no murieran de hambre. Aunque la zorra se esforzaba para alimentarlos, los huérfanos vivían tristes, sin esperanzas de que su suerte cambiara. Pero pronto el destino los llevó por un rumbo imprevisto.

Cierto día en que salieron al campo a recoger papas, en uno de los surcos encontraron una oca grande en forma de muñeca y se pusieron a jugar con ella hasta que se partió en pedazos; desconsolados, se quedaron dormidos. Su padre Pachacamac, que los miraba desde el cielo, sintió la más profunda pena y en ese instante decidió llevarlos junto a él.

Al despertarse, la niña contó a su hermanito que tuvo un sueño en el que tiraba su sombrero y ropas al aire y arriba se quedaban. Ella estaba acalorada y él no supo qué decirle. Sentados al borde de la chacra, ambos se hallaban confundidos, contrariados, tratando de interpretar el sueño, cuando de repente vieron bajar del cielo dos cuerdas doradas. Se miraron sorprendidos y, empujados más que nada por la curiosidad, decidieron treparse en ellas y subir para saber hacia dónde conducían. El ascenso fue sencillo, porque las cuerdas se recogían suavemente como si alguien tirara de ellas. Los niños llegaron al cielo y no tardaron en experimentar la felicidad absoluta, al encontrar vivo a su amoroso padre Pachacamac, quien los premió dándoles un lugar de privilegio en su reino. Así, quedaron transformados en el Sol y la Luna. De esta forma terminó la época de oscuridad total en la tierra, dando paso al día y a la noche.


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