15 feb. 2018

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El cuento realista: definición y características

Hoy hablamos de los cuentos realistas, sus características, su definición, y del realismo como género literario. Para completar, ejemplificamos con un fragmento de un relato emblemático del realismo literario.

Para chicas y chicos de escuela secundaria

Oliver Twist, de Charles Dickens
Los cuentos realistas son relatos en donde los hechos son contados como si fueran reales, a pesar de ser inventados por el autor. En esta clase de cuentos el objetivo no es ofrecer veracidad ni exactitud; sólo se busca que el relato resulte creíble, como para que al lector le resulte fácil imaginar que ocurre en la vida real.

Los cuentos realistas se caracterizan por que los personajes que intervienen en ellos son presentados y descriptos como personas reales, que viven situaciones que el lector podría atravesar en su vida cotidiana. Además, la acción del cuento transcurre en ambientes reconocibles para el lector; es decir, en lugares y tiempos bien determinados.

El realismo abunda en descripciones, dado que procura mostrar en las obras una reproducción fiel y muy apegada a los detalles de la realidad.

El lenguaje utilizado en un cuento realista es otro elemento con el que se busca lograr el objetivo de dar credibilidad al relato. Se utilizan el habla local o localismo, los modismos y las formas coloquiales, todo esto con la finalidad de que al lector le resulte más fácil situarse en el relato, imaginando que lo que dicen y hacen los personajes ocurre en la vida real.

Más allá de sus características, la temática del realismo suele abarcar cuestiones sociales. Las obras muestran una relación directa entre las personas y su entorno económico y social. Las historias muestran a los personajes como testimonio de una época, una clase social, un oficio, etc. El autor analiza, reproduce y denuncia los males que aquejan a su sociedad, por lo que transmite unas ideas tradicionales o progresistas de la forma más verídica y objetiva posible.

Debido a su búsqueda de la verosimilitud, el realismo literario se opone directamente a la literatura fantástica, dado que ésta última suele mostrar personajes, lugares y situaciones que no guardan relación alguna con la realidad.

Ejemplo de cuento realista

Oliver Twist, de Charles Dickens

Charles Dickens vivió en la realidad de la revolución industrial. Cuando tenía solamente once años de edad tuvo el deber de trabajar en una fábrica; además, por estar su padre preso por deudas, tenía que alojarse en la cárcel. El libro Oliver Twist es un reflejo de su experiencia personal.

En este fragmento se percibe la temática social del género realista, ya que Dickens muestra la dura realidad del trabajo infantil, el abuso de poder y la desigualdad económica, además del maltrato de los niños en el orfanato. La mayoría de estos hechos suceden por la revolución industrial. A pesar de todo, el mensaje de Dickens es optimista, puesto que transmite la idea de que siempre hay solución para los problemas y es posible encontrar la felicidad.

Los primeros años de Oliver Twist

Una fría noche de invierno, en una pequeña ciudad de Inglaterra, unos transeúntes hallaron a una joven y bella mujer tirada en la calle. Estaba muy enferma y pronto daría a luz un bebé. Como no tenía dinero, la llevaron al hospicio, una institución regentada por la junta parroquial de la ciudad que daba cobijo a los necesitados. Al día siguiente nació su hijo y, poco después, murió ella sin que nadie supiera quién era ni de dónde venía. Al niño lo llamaron Oliver Twist.

En aquel hospicio pasó Oliver los diez primeros meses de su vida. Transcurrido este tiempo, la junta parroquial lo envió a otro centro situado fuera de la ciudad donde vivían veinte o treinta huérfanos más. Los pobrecillos estaban sometidos a la crueldad de la señora Mann, una mujer cuya avaricia la llevaba a apropiarse del dinero que la parroquia destinaba a cada niño para su manutención. De modo, que aquellas indefensas criaturas pasaban mucha hambre, y la mayoría enfermaba de privación y frío.

El día de su noveno cumpleaños, Oliver se encontraba encerrado en la carbonera con otros dos compañeros. Los tres habían sido castigados por haber cometido el imperdonable pecado de decir que tenían hambre. El señor Bumble, celador de la parroquia, se presentó de forma imprevista, hecho que sobresaltó a la señora Mann.

El hombre tenía por costumbre anunciar su visita con antelación, tiempo que la señora Mann aprovechaba para limpiar la casa y asear a los niños, ocultando así las malas condiciones en las que vivían los pobres muchachos.

-¡Dios mío! ¿Es usted, señor Bumble? -exclamó horrorizada la señora Mann.

Y, dirigiéndose en voz baja a la criada, ordenó:

-Susan, sube a esos tres mocosos de la carbonera y lávalos inmediatamente.
-Vengo a llevarme a Oliver Twist -dijo el celador-. Hoy cumple nueve años y ya es mayor para permanecer aquí.
-Ahora mismo lo traigo -dijo la señora Mann saliendo de la habitación.

Oliver llegó ante el señor Bumble limpio y peinado; nadie hubiera dicho que era el mismo muchacho que poco antes estaba cubierto de suciedad. Al poco rato, el celador y el niño abandonaban juntos el miserable lugar Oliver miró por última vez hacia atrás; a pesar de que allí nunca había recibido un gesto cariñoso ni una palabra bondadosa, una fuerte congoja se apoderó de él.


“¿Cuándo volveré a ver a los únicos amigos que he tenido nunca?”, se preguntó. Y, por primera vez en su vida, sintió el niño la sensación de su soledad.

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