2018-04-22

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Tirar la manteca al techo

La expresión “tirar la manteca al techo” se usa comúnmente en Argentina para referirse al despilfarro y al derroche sin sentido. Por ejemplo, la frase “no estamos tirando manteca al techo, pero nos va bien” indica que se cuenta con suficiente dinero, aunque no tanto como para despilfarrar. El origen de la expresión se remonta a un adinerado personaje de Buenos Aires de principios del siglo XX, conocido popularmente como “Macoco”.


Tirar la manteca al techo - Martín Alzaga Unzué
Martín Alzaga Unzué
De las épocas de bonanza de Buenos Aires quedan edificios públicos deslumbrantes, palacios dignos de emperadores y monumentos de nivel artístico internacional. Cuando se construyeron esos edificios, palacios y monumentos, habitaba en Buenos Aires una élite de personas que disfrutaba de la riqueza sin importarle lo que ocurría en otros sectores de la sociedad. Esa gente adinerada fue la que impuso la expresión de tirar la manteca al techo.


Dentro de esa élite se destacó un personaje llamado Martín Máximo Pablo de Alzaga Unzué, más conocido por familiares y amigos como Macoco. Este personaje fue el inventor de un entretenimiento que consistía simplemente en tirar la manteca hacia el techo de restaurantes y bares. Él mismo se encargó de contar cómo fue la invención que lo inmortalizó: “Aquello de ‘tirar la manteca al techo’ lo inventé un día que estábamos en Maxim’s, donde yo invitaba a comer a mis amigos”. Maxim's es un muy tradicional restaurante de París.

El playboy explicó que el entretenimiento se le ocurrió cuando vio que en el techo de uno de los exclusivos salones había una pintura con el dibujo de unas valkirias con grandes senos sobresaliendo del escote. “Puse en un tenedor unos rulos de manteca y empecé a tirarle para embocar entre las tetas de esas mujeres; entonces se generó un torneo para ver quién acertaba”, recordó Macoco.


Con el tiempo, tirar la manteca al techo se convirtió en un clásico de la diversión para los muchachos de buen pasar; dicen que hasta se hacían apuestas para ver cuál era el trozo de manteca que duraba más tiempo pegado al techo. De ahí que la expresión “tirar la manteca al techo” se convirtiera en sinónimo de despilfarro extravagante.

La historia de Macoco

Macoco era un aristócrata, una persona muy fina. Su madre, doña Ángela Unzué de Álzaga Gutiérrez Capdevila, a quien se señala como una precursora del feminismo, había tenido un salón literario en su casa (que estaba donde hoy está el Jockey Club). A dicho salón iban personajes notables de Buenos Aires, tales como Leopoldo Lugones, Alfredo Palacios, la madre de Borges, entre otros. Macoco a los 3 años comenzó a ser educado por institutrices inglesas y francesas, por eso hablaba esos idiomas tan bien como el castellano. Aunque decía que para él no era el estudio sino el deporte.

Fue el primer argentino en ganar un título mundial de automovilismo, el Gran Prix de Marsella, en 1924. Y en 1923, cuando conoció los Estados Unidos, lo llevó a Raúl Riganti con él para competir en las 500 Millas de Indianápolis. Ahí fracasaron porque Bugatti los estafó con unos autos que no aguantaron y tuvieron que abandonar. En Estados Unidos se hizo socio de Al Capone. Howard Hughes lo fue a buscar para hacer películas. Allí amplió sus amores con grandes estrellas.


Macoco tenía en Los Angeles al Zaca, un velero de 40 metros de eslora y 20 marineros, con el que había recorrido buena parte del mundo. Un día lo invitó a navegar a Errol Flynn, que se entusiasmó y le quiso comprar el barco. «No está a la venta, pero te lo regalo». En ese barco Errol Flynn terminó su vida, solo, abatido por el alcohol y las drogas. Macoco era un tipo espléndido, y tenía con qué. Solía decir: «a veces venía mal la cosa, pero se moría una tía, y llovían billetes». Fundió tres estancias y más de cuarenta mil hectáreas de campo en la provincia de Buenos Aires.

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