2014-06-16

Imagen principal de la nota

El Ratón Pérez y la caída de los dientes

Cuento corto del Ratón Pérez. ¿Se cayó el primer dientecito? ¡Qué alegría! Pero también, ¡qué susto! ¿Y ahora qué va a pasar? ¿Se me irán a caer todos? La caída de los dientes causa en los chicos mucha ilusión pero, a la vez, muchas preocupaciones. Por suerte está el Ratón Pérez que, con sus regalos, viene a calmar las ansiedades. A continuación, la historia de este amigable ratoncito y sus costumbres.



Para las niñas y los niños a quienes se les empiezan a caer los dientes. Extracto del libro "Jugando con los cuentos", de Olga Benés y col.

Cuento corto del Ratón Pérez
Hoy les voy a contar una historia: el cuento corto del Ratón Pérez. O sea, mi historia, la historia de un ratón trabajador.

Toda mi familia y yo vivíamos en una pequeña cueva. Sí, papá Ratón Pérez y mamá Ratita Anita. Nuestra cuevita era, como toda casa de ratones, un agujerito (ni muy grande ni muy chiquito) para que no nos pudiese atrapar ningún gato.

Dentro había pelusas para que nos sirvieran de abrigo en invierno, pedacitos de periódico para que papá supiera siempre qué estaba pasando en el mundo, quesitos duros, blancos, con agujeros y sin agujeros (son nuestros preferidos).

Un día tuve una idea: ¡mudarnos!, pero a una casa distinta de las demás. Una casa muy grande, cómoda, limpia y muy blanca. Pensé y pensé y decidí que lo mejor sería ir a vivir a un castillo. Fui corriendo y se lo conté a mi familia; todos saltaron y movieron sus colitas con alegría.


Y entonces surgió el gran problema, ¿con qué lo construiríamos?

Mamá pensó: con pelusas, pero... duraría muy poco.

Papá dijo: ¡con papel! No, se volaría rápidamente.

En ese momento se me ocurrió una idea genial: proponerles a todos los niños del mundo que, cuando se les cayeran los dientes, me los entregasen a mí, para poder construir con ellos el mejor y más blanco castillo que nunca se hubiera visto ni imaginado.


Eso sí, con una condición: como soy muy vergonzoso, los dientes que se les vayan cayendo deberán dejarlos debajo de la almohada, para que, cuando estén durmiendo, yo pueda pasar a buscarlos muy despacito y sin hacer ni un solo ruidito. Pero, ¡atención!

Como somos ratones agradecidos y nos gusta dar sorpresas, van a ver que me voy a llevar el diente pero les voy a dejar algo a cambio. Una sorpresa. ¿Qué? ¡Ah!, no, no se dice, si lo hiciera, dejaría de ser una sorpresa.

¿Saben qué? Me gustaría que mi castillo fuera el más grande, que sus dientecillos (dientes que son ladrillos) estén siempre limpios, fuertes y muy cuidados. Por eso, acuérdate de mí y cuídalos mucho, cepillándolos como corresponde, no comiendo demasiados caramelos y visitando seguido al dentista.

Para concluir este cuento corto del Ratón Pérez, recuerda que "ya en la época de mis abuelitos, el Ratón Pérez juntaba dientecitos. Por eso, como dijo mi tío Martín, éste es un castillo que no tiene fin".



 Diplomas para darles a los chicos cuando se les caen los dientitos

Fuente: Jugando con los cuentos, libro de Olga Benés



 
Credit top icon