30 jun. 2014

Ga, gue, gui, go, gu (cuento sobre la G y las vocales)

Esta historia me la contó (palabra más, palabra menos) mi maestra de primaria para enseñarme a usar correctamente la letra G en combinación con la E y la I. La transcribo tal como la recuerdo; ¡espero que les guste!

Para alumnas y alumnos de 7 años o más

Ga, gue, gui, go, guCuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo, la letra G tuvo una fuerte discusión con las letras E e I. Tan fuerte fue la discusión que, después, la pobre G nunca volvió a ser la misma.

Cada vez que estaba al lado de la E o de la I, su sonido cambiaba. Dejaba de ser suave como el pelaje de un gato, como una gota de miel o como un guante de gamuza, para volverse áspero, casi tanto como el sonido de la J en el papel de lija.

La U, siempre preocupada por mantener la amistad y la buena onda entre todas las letras del abecedario, habló con la G para ver cómo podía hacer para ayudar. Finalmente, entre las dos resolvieron que la U se colocaría siempre entre la G y la E, o entre la G y la I, y que se quedaría muda, con la condición de que la G mantuviera su sonido suave como la gamuza.

Así fue que, gracias a la intervención de U, las palabras que usan la G con la E o con la I recuperaron la suavidad de sus sonidos. La guitarra y el guepardo se mostraron agradecidos.

Pero en eso apareció el pingüino quejándose a voz en cuello.

-¿Cómo es eso de que la U se va a volver muda cuando esté entre la G y la I? ¿Y yo en qué me voy a transformar? ¿Un “pinguino”?

-No te preocupes -lo tranquilizó la U-. Yo ya pensé en eso.

Y claro que lo había hecho. Cuando la U debiera mantener su sonido entre la G y la E, o entre la G y la I, se pondría dos puntitos por encima, y ese simple truco le devolvería su sonido natural. Resulta que esos puntitos, llamados diéresis, se usan bastante en otros idiomas (como el francés, por ejemplo) para ponerlos encima de las vocales y cambiarles el sonido. Entonces la U decidió adoptarlos para volver su sonido a la normalidad en situaciones especiales.

El tiempo pasó, y las discusiones y enojos entre las letras quedaron en el olvido. Pero la costumbre de la U de quedarse muda entre la G y la E, y entre la G y la I, quedó para siempre, igual que la costumbre de ponerse la diéresis cuando debiera recobrar su sonido, ya sea para que el pingüino sea feliz o, simplemente, para evitar ambigüedades.

Por si no queda claro, tenemos también un video en el que se explica el comportamiento de estas letras traviesas:


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