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Reglas de acentuación de palabras graves y agudas

05/10/2015

Las palabras graves son las que llevan el acento en la anteúltima sílaba. Las agudas, las que lo llevan en la última sílaba, y las esdrújulas, las que llevan el acento en la antepenúltima sílaba. Para escribirlas correctamente, hay que saber cuándo llevan tilde cada una de ellas.

Las esdrújulas siempre llevan tilde. Ejemplo: psicólogo, teléfono.

Las graves llevan  el tilde cuando terminan en una consonante distinta de n y de s. Ejemplos: fácil, cráter.

Las agudas llevan el tilde cuando terminan en n, s o vocal. Ejemplos: camión, además.



Formando niños lectores

30/10/2010

Lo siguiente también es un extracto de la nota “¿Me cuentas un cuento?”, aparecida tiempo atrás en el sitio web de Discovery Kids. Es una serie de sugerencias para fomentar el hábito de la lectura en los niños, de forma tal que el momento de ponerse a leer sea un momento esperado y gratificante, y no una obligación impuesta, por ejemplo, por una tarea escolar. Aquí van los consejos:
  • Crear un hábito de lectura. Hacerlo todos los días y en el mismo momento del día. Las horas que preceden al sueño suelen ser las ideales.
  • Que el niño sienta que la fracción de tiempo destinada a la lectura es importante en sí misma. No es bueno compartirla con otras actividades.
  • Disfrutar con él de ese momento mágico, y transmitirle esa experiencia de goce.
  • Seleccionar los cuentos en función de la edad e intereses de nuestro hijo. En la mayoría de los libros está indicada la edad recomendada de sus lectores.
  • Darle la posibilidad al niño de elegir qué historia quiere que le sea leída o narrada.
  • Procurar que se identifique con los personajes, permitirle que interrumpa la narración para preguntar o comentar algo, crear intriga, dejarle que cuente el final.
  • Enseñar con el ejemplo. Es mucho más fácil que se aficione a la lectura el niño que ve asus padres leer, y en cuya casa hay libros.




Creciendo con cuentos

24/10/2010

l sitio web de Discovery Kids tiene una sección denominada “Para padres” en donde puede encontrarse una gran cantidad de artículos con toda clase de información útil para quienes tienen chicos de no más de 5 años. Es un buen complemento educativo para un canal de televisión que les da a los padres una confianza ciega sobre toda su programación.

Uno de estos artículos se denominaba “¿Me cuentas un cuento?” y trataba sobre la importancia de los cuentos, destacando los muchos beneficios que aporta la práctica de contar cuentos para la educación y el crecimiento de los chicos. Me refiero al artículo en tiempo pasado por que, aparentemente, desapareció de la página (si uno fuera mal pensado, creería que lo sacaron por que la narración de cuentos compite contra la programación televisiva; concepto altamente erróneo), así que, para que no se pierdan los conceptos tan interesantes que contiene, hemos decidido volcar en estas páginas un extracto del mismo:

En primer lugar, cuando un padre se acerca a su hijo para contarle un cuento, comparte con él un rico momento de intimidad e intercambio afectivo. El niño percibe en ese instante que todas las prioridades del mundo de los adultos se postergan, y que él es el verdadero protagonista y receptor de la atención y el cariño de su padre.

En segundo lugar, la narración de cuentos provee a los padres la oportunidad de dramatizar y transmitir mensajes particulares sobre contenidos emocionales y sobre valores y conductas a sus hijos. El niño podrá entender esta forma de comunicación como un acercamiento del adulto a su lenguaje y a sus necesidades, compartiendo junto con él la alegría que le provoca el cuento.

En tercer lugar, la mayoría de los cuentos, sobre todo los clásicos como Caperucita Roja, Pulgarcito o Hansel y Gretel, permiten que el niño vea proyectados en ellos sus propios miedos y conflictos. Concluyen con una solución, con un final feliz que libera del miedo: el pequeño ser resuelve sus dificultades. El orden se restablece, el niño se siente de nuevo seguro y satisfecho. Cuando el niño es pequeño, conviene que estos cuentos sean narrados por un adulto muy próximo. Su presencia y mediación lo tranquilizan y hacen tolerable la angustia que el relato pueda generar.

En cuarto lugar, los cuentos estimulan la fantasía de los niños. A través de ellos, son capaces de imaginar realidades distintas a las propias, conocer seres poco convencionales, transgredir los códigos y pautas establecidas. Poco a poco se animan a crear sus propias aventuras y personajes, contribuyendo esta práctica a reforzar su libertad creativa y su autoestima.

Por último, el hábito de narrar o leer cuentos a los niños desarrolla en ellos importantes habilidades del lenguaje y del conocimiento que les permitirán construir una sólida base para su experiencia escolar. Ejemplo de ello son la capacidad de contarnos algo que les ha sucedido en torno a un hilo conductor o tema central y con ello conferir coherencia al relato; la habilidad para secuenciar eventos en el tiempo (qué sucedió primero, qué después); la facultad de establecer relaciones de causa y efecto, y la adquisición de un lenguaje rico y complejo.



Chistes para niños

25/09/2010

falta de cuentos, siempre vienen bien algunos chistes para que los chicos se vayan a dormir con una sonrisa. A continuación, una selección de chistes extractados del sitio juegosdepalabras.com:

Un gato persigue a dos ratones. Uno de los ratones se para y grita “¡Guau!, ¡guau!”, y entonces el gato se aleja corriendo.
Los ratones comentan entre ellos:
–¿Te das cuenta de la importancia de saber idiomas?

–¿Cómo se escribe «nariz» en inglés?
–No sé.
–¡Correcto!

. . .
–¿Cómo se dice bulto en francés?
–Paquet
–Para nada, quería saberlo nomás.

. . .
En la boletería de una estación de tren:
–Por favor, ¿puede darme un boleto para Villegas?
–Lo siento, se han agotado.
El señor se da media vuelta y le dice a su amigo:
–Villegas, te has quedado sin b0leto.

. . .
Un caníbal viaja en avión y le dice la azafata:
–Señor, ahora mismo le traigo el menú.
Y dice el caníbal:
–Mejor tráigame la lista de pasajeros.

. . .
Un japonés entra a un quiosco y dice:
–¡Achinoko kanuchi mituniko kuchuwida... pastillas!
Y el quiosquero pregunta:
–¿Un paquete de qué?



Tomando en serio los juegos infantiles

19/09/2010

Jugar desde lo profundo del alma.

n soleado domingo por la tarde, mientras tomábamos un helado en una heladería de Ing. Maschwitz, nos pusimos a hojear una revista ecológica llamada Urbano & Orgánico, encontrando un artículo que llamó nuestra atención. El artículo se titulaba “El valioso juego infantil está amenazado”, y estaba extractado del libro de María Luisa Nüesch “Jugar desde lo profundo: la capacidad de los niños para sanarse a través del juego” (el título está en alemán, pero es muy complicado para transcribirlo en su lengua original).

En síntesis, lo que dice el artículo es que es necesario rescatar la esencia y la importancia de los juegos infantiles, y tomarlos en serio, ya que son la herramienta que los niños usan para crecer, para expresarse, para aprender, y para muchas cosas más. Pero veamos mejor lo que dice el artículo en su totalidad, ya que mi poder de síntesis puede no ser de lo mejor:

En la actualidad preponderan los juegos motrices. Un cumpleaños atractivo ya casi no puede prescindir de un castillo inflable, en el cual los niños saltan y retozan hasta quedar extenuados. Luego vuelven a sus casas totalmente “acelerados”, cuando deberían reposar serenamente en sí mismos. A la par del exceso de movimiento, se observa también una falta de vitalidad. Muchos niños son enfermizos, quejosos, desganados, nerviosos. ¿Dónde está el reservorio del cual pueden sacar ganas de vivir, tranquilidad, fuerza y salud? Ese reservorio, ese manantial, está en su interior. El “juego íntimo” es lo que lo hace fluir: jugar desde lo profundo del alma es lo que los niños necesitan imperiosamente para conservar su equilibrio interior.

Los niños son como los aborígenes, que ingenuamente solían cambiar sus bienes más preciados por cualquier baratija atractiva. El niño es engañado, y ésa es una de las catástrofes de nuestra civilización. Canjea su rica e inagotable fantasía y creatividad por un presunto juguete. Cuanto más perfecto sea el mismo, tanto más contraproducente es para el verdadero juego.

El juego desde lo profundo del alma ha sido desplazado cada vez más. Es imperioso que lo rescatemos. Los niños lo necesitan más que nunca, para sanarse jugando. Si no lo pueden hacer, aparece un cúmulo de alteraciones, desarmonías y enfermedades. Una de las terapias más fundamentales y a la vez la más amplia prevención es el juego íntimo y elemental.

¿Cómo crear un ambiente propicio para el juego?
El juego no puede ser inducido, sólo se pueden crear las condiciones propicias para que aparezca. Una de las condiciones es la atmósfera. Si la madre, el padre o la maestra crea un centro sereno, dedicándose a alguna tarea manual que le agrada realizar, eso anima a los niños a jugar en su cercanía. Los niños necesitan esa “campana protectora” que rodea a un adulto dedicado serenamente a un trabajo. Los niños desean imitar, y hoy en día ya no quedan muchos trabajos primigenios, comprensibles, dignos de imitar. En la actualidad, muchas madres realizan las tareas del hogar por la noche, por que creen que no pueden hacerlo en presencia de los niños. Con ello se pierde el último resto de actividades imitables y uno de los medios educativos más importantes para la madre durante los primeros años de vida de los chicos: transmitir actividades primigenias tales como rallar, revolver, amasar, estrujar, barrer, golpear, etc. Los niños pequeños son seres volitivos, quieren hacer cosas comprensibles, que tengan sentido. Nos quejamos de la falta de voluntad de los jóvenes, que no le encuentran sentido a nada. Aquí están las raíces de ese fenómeno.

Hay juegos que nos permiten adivinar algo de la misión del niño. Su manera muy personal de jugar dice mucho de su esencia. Cada niño es un enigma.

Condiciones importantes para acompañar este tipo de juego
  • La iniciativa parte del niño.
  • El niño guía el juego.
  • No se debe emitir ningún tipo de juicios morales.
  • Es necesario mantenerse totalmente al margen y a la vez estar totalmente presente.
  • Tener plena confianza en la fuerza curativa del juego.
  • Tener enorme respeto por la dignidad del niño
  • Reverenciar interiormente la sabia conducción del acontecer.
  • Jamás perder el humor.
El futuro exige un cuidado lo más rico y vivificado posible de los sentidos y la posibilidad de moverse de múltiples maneras, todo inmerso en un juego auténtico y envuelto en calor social abarcador. Preparar a los niños para la vida también podría significar tomar en serio su juego, cuidar de su risa, incorporar la aventura en nuestra organizada vida doméstica, darle tiempo y espacio a su fantasía y de ese modo hacerlos más resistentes a todas las durezas que trae la vida.

Los niños necesitan un espacio de libertad donde poder refugiarse cada tanto de la racionalidad de los adultos y de sus permanentes intenciones de educarlos. Muchos padres creen que deben jugar con sus hijos por que están obsesionados con estimularlos. Desde la más temprana edad se estimula a los niños y las madres comparan asiduamente los logros de sus pequeños. Esa actitud emana de una cosmovisión muy materialista, la cual es profundamente opuesta a la esencia del niño pequeño. Este trae algo celestial. Por ello un recién nacido cautiva a todos a su alrededor. Aún no es plenamente de este mundo. Si dejamos que el niño crezca con confianza en un entorno que promueve el juego, buscará muy dirigidamente aquello que necesita, eligiendo el momento preciso, aprendiendo a su manera muy personal. ¡Ni el más elaborado programa educativo podría diseñar juegos tan eficaces!

Me dirán que estoy proponiendo algo ajeno al mundo actual, que propongo volver a la naturaleza, volver al pasado, a la mujer dedicada a los quehaceres domésticos. Los niños siempre conducen hacia delante. En el mejor de los casos llevan a nuevos modelos, llenos de vida desbordante. En cualquier lado se puede crear un oasis infantil. Este puede ser un lugar creador de cultura, incluso para los adultos, un manantial de vida sumamente necesario en el mundo moderno. La avidez de más vitalidad es enorme. Esta no se encontrará en mayores y más numerosas distracciones, si no en lo pequeño y pequeñísimo. Al final, quizás en una gota de rocío, en la cual se reflejen todos los colores del arco iris.



Las matemáticas en los cuentos: “El hombre que calculaba”

s una pena que la mayoría de los chicos en edad escolar odien las matemáticas, simplemente por que les resultan muy complicadas. Mi teoría es que ese odio se lo transmiten las propias maestras, que también odian las matemáticas, más aún por verse en la obligación de tener que enseñarlas a como dé lugar.

A mí también me costaba muchísimo entender las matemáticas cuando iba a la escuela, y recién después de convivir con ellas durante todos mis años de universidad, fue que logré captar la belleza de los números (si hasta llegué a escribir el cuento “Melancolías matemáticas”, en el que expreso mi particular relación con esta ciencia; pueden leerlo aquí).

Pero cuando veo a mi hijo angustiándose por no poder entender cómo se hacen las divisiones entre números de dos o más cifras, es que me pregunto, ¿no habrá otra forma de enseñar matemáticas en el colegio, que no obligue a los chicos a memorizar tablas de multiplicar y aprenderse las “recetas” para hacer cuentas?

Tal vez para los chicos sería más fácil entender las matemáticas si los incitaran a investigar, a preguntarse por qué –por ejemplo– el número que está en la hilera de las unidades le tiene que “pedir uno” al que está en las decenas.

Se me ocurrió que una buena forma de ayudar a los chicos a asimilar los conceptos matemáticos sería a través de cuentos. Lamentablemente no tengo la suficiente inventiva como para idear un cuento que, además de entretener, enseñe matemáticas. Supuse que alguien más lo habría hecho, pero no pude encontrar un libro de cuentos con contenidos matemáticos que fuera más allá de los conceptos básicos, como por ejemplo, los de clasificación.

Lo que sí encontré (buscando en mis propios recuerdos) fue un libro que leí en mi juventud, llamado “El hombre que calculaba”. El autor de este libro, el brasileño Julio César de Mello y Souza, alias Malba Tahan, da rienda suelta a su fascinación por la cultura árabe y las matemáticas, narrando la vida del calculador Beremís Samir, llena de cuentos en los que los problemas matemáticos son los verdaderos protagonistas.

A modo de ejemplo, transcribo parte del capítulo III del libro, en donde se presenta un problema en el que una herencia consistente en 35 camellos debe ser repartida entre tres herederos:

Hacía pocas horas que viajábamos sin interrupción, cuando nos ocurrió una aventura digna de ser referida, en la cual mi compañero Beremís puso en práctica, con gran talento, sus habilidades de eximio algebrista.
Encontramos, cerca de una antigua posada medio abandonada, tres hombres que discutían acaloradamente al lado de un lote de camellos. Furiosos se gritaban improperios y deseaban plagas:
–¡No puede ser!
–¡Esto es un robo!
–¡No acepto!
El inteligente Beremís trató de informarse de qué se trataba.
–Somos hermanos –dijo el más viejo– y recibimos, como herencia, esos 35 camellos. Según la expresa voluntad de nuestro padre, debo yo recibir la mitad, mi hermano Hamed Namir una tercera parte, y Harim, el más joven, una novena parte. No sabemos, sin embargo, cómo dividir de esa manera 35 camellos, y a cada división que uno propone protestan los otros dos, pues la mitad de 35 es 17 y medio. ¿Cómo hallar la tercera parte y la novena parte de 35, si tampoco son exactas las divisiones?
–Es muy simple –respondió el “Hombre que calculaba”–. Me encargaré de hacer con justicia esa división si me permitís que junte a los 35 camellos de la herencia, este hermoso animal que hasta aquí nos trajo en buena hora.
Traté en ese momento de intervenir en la conversación:
–¡No puedo consentir semejante locura! ¿Cómo podríamos dar término a nuestro viaje si nos quedáramos sin nuestro camello?
–No te preocupes del resultado, bagdalí –replicó en voz baja Beremís–. Sé muy bien lo que estoy haciendo. Dame tu camello y verás, al fin, a qué conclusión quiero llegar.
Fue tal la fe y la seguridad con que me habló, que no dudé más y le entregué mi hermoso jamal, que inmediatamente juntó con los 35 camellos que allí estaban para ser repartidos entre los tres herederos.
–Voy, amigos míos –dijo dirigiéndose a los tres hermanos– a hacer una división exacta de los camellos, que ahora son 36.
Y volviéndose al más viejo de los hermanos, así le habló:
–Debías recibir, amigo mío, la mitad de 35, o sea 17 y medio. Recibirás en cambio la mitad de 36, o sea, 18. Nada tienes que reclamar, pues es bien claro que sales ganando con esta división.
Dirigiéndose al segundo heredero continuó:
–Tú, Hamed Namir, debías recibir un tercio de 35, o sea, 11 camellos y pico. Vas a recibir un tercio de 36, o sea 12. No podrás protestar, porque también es evidente que ganas en el cambio.
Y dijo, por fin, al más joven:
–A ti, joven Harim Namir, que según voluntad de tu padre debías recibir una novena parte de 35, o sea, 3 camellos y parte de otro, te daré una novena parte de 36, es decir, 4, y tu ganancia será también evidente, por lo cual sólo te resta agradecerme el resultado.
Luego continuó diciendo:
–Por esta ventajosa división que ha favorecido a todos vosotros, tocarán 18 camellos al primero, 12 al segundo y 4 al tercero, lo que da un resultado (18 + 12 + 4) de 34 camellos. De los 36 camellos sobran, por lo tanto, dos. Uno pertenece, como saben, a mi amigo el bagdalí y el otro me toca a mí, por derecho, y por haber resuelto a satisfacción de todos, el difícil problema de la herencia.
–¡Sois inteligente, extranjero! –exclamó el más viejo de los tres hermanos–. Aceptamos vuestro reparto en la seguridad de que fue hecho con justicia y equidad.
El astuto Beremís tomó luego posesión de uno de los más hermosos jamales del grupo y me dijo, entregándome por la rienda el animal que me pertenecía:
–Podrás ahora, amigo, continuar tu viaje en tu manso y seguro camello. Tengo ahora yo uno, solamente para mí.
Y continuamos nuestra jornada hacia Bagdad.

“¿Dónde está la trampa?”, se pregunta uno al leer este cuento. La respuesta, aquí.



De “Los Hollister” a “Crepúsculo”: la literatura juvenil ya no es lo que era

urante los largos meses de verano de mi adolescencia, solía matar el tiempo leyendo todo lo que tenía a mano, y eso incluía a toda la colección de Astérix, algunos clásicos de Emilio Salgari, Robert Louis Stevenson, Julio Verne o Rudyard Kipling, y varios libros de la serie “Los Hollister”, una numerosa, ingenua y norteamericana familia que tenía por costumbre resolver toda clase de misterios. Si hoy fuera adolescente, seguramente reemplazaría a “Los Hollister” por las aventuras de Harry Potter o por los libros de la saga “Crepúsculo”, aunque pienso que no son la misma cosa.

Antes las novelas para jóvenes lectores eran simplemente eso: novelas. Ahora parecen ser fenómenos de marketing (y no es por criticar, es una simple observación).

Quizás el quiebre lo hizo Harry Potter, cuando su magia saltó de las páginas de sus libros y asombró al mercado editorial, logrando éxitos comerciales que superaron las expectativas más optimistas. Esta magia develó el tesoro que representa el mercado de los adolescentes aficionados a la lectura, el cual se potencia con películas de cine que terminan de definir un negocio formidable. Si Jerry West (o mejor dicho, Andrew E. Svenson, su nombre verdadero) viviera y siguiera publicando actualmente títulos de la serie “Los Hollister”, tal vez éstos pasarían rápidamente a la pantalla grande, con sus personajes interpretados por cotizados actores adolescentes. Lógicamente, sus historias no deberían ser tan naïve como eran hace 60 años.

Tal vez la clave del éxito sean las historias que no sólo cautivan a los adolescentes, sino también a los adultos. Los dos casos emblemáticos de Harry Potter y Crepúsculo abarcan un rango de edades muy amplio, que va desde los teens hasta los abuelos. Otros casos, que no tienen que ver con la literatura infantil pero quizás deban también su éxito a la amplitud de edades de su público, son Los Simpson y Shrek: historias que divierten a chicos y grandes por igual.

Pues bien, se aproxima otro fenómeno del mercado editorial para el público joven, así que, señores padres de muchachos/as adolescentes, preparen sus billeteras por que pronto van a tener que desembolsar dineros para libros y entradas de cine. El nombre de la nueva saga es “Reckless”, y su autora es Cornelia Funke, la alemana autora de la exitosa novela y película “Corazón de tinta” (entre muchas otras obras).

Por lo que se comenta, “Reckless” está inspirado en los cuentos de hadas de los Hermanos Grimm, aunque con una suerte de giro un tanto oscuro. Habrá que esperar a su salida al mercado para ver qué tal es, pero de lo que no caben dudas es que será un éxito de marketing. La editorial Little, Brown Books for Young Readers no reparó en gastos para que el lanzamiento de su nuevo libro no pase inadvertido. Para empezar, la escritora realizará una gira por importantes ciudades norteamericanas, comenzando el 14 de septiembre en Nueva York, con un evento de gran producción: habrá narraciones a cargo de la propia Funke y del actor Elliot Hill; el músico Adam Watts musicalizará con temas inspirados en el libro, y todo esto será transmitido en vivo a través del sitio web de “Reckless”. Me pregunto cómo habrá sido el evento de lanzamiento del primer libro de la serie Los Hollister, allá por 1953; si es que lo hubo.



Trucos y técnicas para cuentacuentos

ué sería de los cuentos si no hubiera quién los cuente, ¿no?

El cuentacuentos es como el músico que interpreta una partitura. La partitura puede ser una composición genial, pero si no hay un intérprete capaz de ejecutarla como es debido, toda la genialidad puesta en la composición se desperdicia.

Con los cuentos ocurre lo mismo. El escritor es quien planta la semilla del cuento, y el cuentacuentos es quien le da vida. Al igual que el músico que interpreta la partitura, el cuentacuentos debe dominar técnicas y conocer trucos para que el cuento llegue a su audiencia en su forma más pura, sin perder la esencia, el mensaje, la moraleja o lo que sea que el autor del cuento haya querido plasmar en él.

El escritor Francisco González Biedma hace un valioso resumen de las cosas que debe saber todo narrador para ser un buen contador de cuentos infantiles. A continuación transcribimos algunos párrafos (la nota completa, titulada “Qué cuentos contar y cómo contarlos”, aquí):

Cómo contar cuentos infantilesEs importante preparar el ambiente en el que se va a narrar el cuento: iluminación, ubicación de los niños, incorporación de algún elemento (muñeco-mascota, pelota de colores, globos), quizás alguna actividad de relajación previa.

Es importante eliminar cualquier detalle que tienda a distraer la atención del cuento a narrar.

Deben seleccionarse los sucesos a narrar y distinguir entre los que son fundamentales y los que son accesorios para el cuento (en este sentido es importante tener en cuenta la estructura que presentan todos los cuentos).

¿Cómo captar la atención de los niños y mantenerla mientras dura la narración? Para ello es de gran ayuda el contacto ocular, la incorporación de diferentes recursos: títeres, figuras, láminas, etc.

Para imprimir dinamismo a la narración conviene emplear oraciones cortas y sencillas, con los verbos preferiblemente en pretérito perfecto simple (bailó, compraron, jugué, etc.).
Preparar las actividades y el ambiente previo al cuento (durante el desarrollo y al finalizarlo).

Utilizar sinónimos más simples para palabras que sean demasiado complejas para la edad del niño.
Evitar las interrupciones, pues romperá la tensión (en el cuento no se admite el anticlímax) y desaparecerá la magia.

Si se desconoce al grupo al que se le va a contar el cuento y se desea determinar el lenguaje compresivo del mismo, se puede comenzar lentamente con comentarios libres y preguntas abiertas.




Cualidades del narrador
  • El narrador cuenta con estos instrumentos: su voz, su rostro y sus movimientos.
  • El narrador debe conocer sus propios límites y debe conocer el cuento que va a narrar y creérselo.
  • La cualidad fundamental del narrador ha de ser la sencillez. Para tener éxito es preciso abandonarse al relato, de este modo escogeremos de forma natural las palabras e imágenes más sencillas, las expresiones más cortas y los conceptos más claros.
  • El narrador debe entregarse completamente al juego de contar cuentos, así veremos cómo el rostro de los niños se iluminará o se ensombrecerá siguiendo la propia expresión. Es preciso ver lo que se cuenta con la imaginación.
Otras sugerencias
  • Hablar con tranquilidad, no turbarse jamás.
  • Hacer presentir la broma a través de las palabras y la expresión.
  • Explicar los relatos con entusiasmo.
  • Escoger bien el relato.
  • Fingir en caso de fatiga física o de haber repetido el cuento hasta la saciedad.
  • Evitar hablar demasiado alto.
  • Emplear nitidez en la articulación, es decir, tratar que nuestra voz sea fácil de oír y agradable de escuchar.
En resumen
El método más apropiado para procurar el éxito en el arte de contar cuentos comprende:
  • La simpatía.
  • La comprensión.
  • La espontaneidad.
  • Es necesario apreciar el relato y conocerlo.
  • Hay que servirse de la imaginación como una constante fuerza vivificadora.
  • Es preciso dejarse llevar por la fuerza del relato para contarlo con sencillez, vivacidad y alegría.




Detrás de los cuentos: El extraño caso del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde

unque no sea precisamente un cuento para chicos, la historia del hombre que se transformaba en un monstruo malvado por los efectos de un brebaje tuvo tantas adaptaciones y versiones que se ha vuelto una historia para todas las edades; aunque más no fuera relacionándola con el dibujo animado de Disney en el que Tribilín (o Goofy) pasa de ser una persona amable, respetuosa y educada para convertirse en un monstruo irascible y violento, en el preciso momento en que se pone al volante de su auto.

La historia del Dr. Jekyll y Mr. Hyde habla de la lucha interna entre el bien y el mal que se desarrolla en cada uno de nosotros; tema que ha inspirado infinidad de historias de toda índole, desde el mencionado dibujo animado de Tribilín hasta la película de Jerry Lewis de 1963, “El profesor chiflado”, pasando por el cómic “El increíble Hulk”, junto con muchas otras derivaciones.

Para escribir la novela que le valió un lugar privilegiado en la historia de la literatura universal, el escritor escocés Robert Louis Stevenson se inspiró en un sueño que tuvo una noche otoñal de 1885. La señora Stevenson (Fanny Vandegrift, quien además de su esposa era su consejera) relató que esa noche fue despertada por los gritos de horror de su marido. Suponiendo que tenía una pesadilla, lo despertó. “¿Por qué me has despertado? –dijo el hombre, furioso–. Estaba soñando un dulce cuento de terror”. Al despertar, Stevenson tuvo en su mente la idea para varias de las escenas que darían forma al Extraño Caso del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde.

El primer manuscrito de la novela le llevó a Stevenson unos pocos días de trabajo, y la primera en leerlo fue su esposa Fanny, quien opinó que la historia era realmente una alegoría, aunque él la había escrito como un cuento. Se cree que, ante este comentario, Stevenson quemó el manuscrito para poder reescribirlo desde el principio sin tentarse de utilizar partes del mismo (es una verdadera lástima que no lo haya guardado... perfectamente hubiera podido publicarlo como una versión alternativa). Volvió a escribir la historia –esta vez sí como una alegoría, siguiendo los consejos de su esposa– en tres días, para luego seguir refinándola y trabajando en ella durante varias semanas.

El libro alcanzó gran popularidad en poco tiempo. Ya en el año 1901 se habían vendido alrededor de 250.000 copias, y pronto la historia comenzó a adaptarse para constituir obras teatrales y, años después, películas de cine.

Quienes saben de psicología y, más específicamente, de psicoanálisis, destacan como un aspecto sorprendente de la historia del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde el hecho de que, recién dos décadas después de escrito el libro, Freud comenzara a hablar del desdoblamiento de la personalidad humana en dos de sus componentes –el “ello” y el “yo”– como un aspecto fundamental de la teoría psicoanalítica. Un caso más de un escritor que, en su imaginación, concibe una idea que luego inspira a algún científico que la transforma en una grandiosa invención o descubrimiento. Aunque, en esto, el primer lugar le corresponde a Julio Verne, quien concibió (con un buen grado de rigor científico) la idea de un viaje a la luna, más de doscientos años antes de que dicho viaje se hiciera realidad.





La leyenda del mago Merlín

Hay personajes en la literatura universal que cruzan las fronteras de las historias para las que fueron creados, a tal punto que terminan siendo más populares que dichas historias. El mago Merlín es un buen ejemplo de tales personajes. Su rol de tutor sabio, encargado (por designio de un poder superior o por propia determinación) de que se cumpla el destino de grandeza de un futuro héroe o líder popular, es funcional a muchas tramas aventurescas; particularmente aquellas que dan forma a novelas épicas. Personajes tan dispares como Gandalf, de El Hobbit y El señor de los anillos; o los caballeros Jedi Obi Wan Kenobi, Qui-Gon Jinn y Yoda, de La guerra de las galaxias, comparten con Merlín ese rol de tutores sabios y dotados de poderes mágicos.

La historia de Merlín está fuertemente ligada a la leyenda del Rey Arturo. La primera descripción del personaje es la que aparece en la obra Historia Regum Britanniae (Historia de los reyes británicos) de Geoffrey de Monmouth, escrita allá por el año 1136 (¡Gracias Wikipedia!). Geoffrey habría compuesto la descripción de Merlín combinando a un personaje mítico galés –conocido como Myrddin– con el líder guerrero romano-bretón Ambrosius Aurelianus.

La más famosa proeza del mago Merlín consiste en haber presagiado la coronación de Arturo como rey pacificador de Inglaterra, siendo el hecho clave de tal presagio la extracción de la espada Excalibur de la piedra en donde se encontraba clavada; cosa que sólo Arturo –siendo aún un jovenzuelo–, y nadie más, pudo hacer.

El personaje bautizado por Geoffrey con el nombre de Merlín (modificado del original Myrddin para evitar semejanzas con una palabrota francesa) alcanzó rápidamente una gran popularidad; especialmente en Gales. Tanta, que numerosos autores se apresuraron a completar la biografía del mago, describiendo sus orígenes a partir del encuentro amoroso de un íncubo y una mujer, asociando sus aventuras con la búsqueda del Santo Grial, y nutriendo su historia de toda clase de maravillosas proezas y aventuras, como sólo los cronistas de antaño (en la forma de bardos, juglares y trovadores) podían hacer.

Hoy no hay ni bardos, ni juglares, ni trovadores, pero sí hay cineastas que se encargan de recrear las historias de personajes míticos tales como el mago Merlín con imágenes deslumbrantes y hasta tridimensionales.

Haya o no existido en la realidad, lo cierto es que la literatura está en deuda con el mago Merlín, puesto que tantas historias se han alimentado de su leyenda; desde biografías que juran que Merlín no es un ser mítico sino un personaje histórico, hasta numerosos cuentos infantiles (algunos llevado a películas animadas, como “La espada en la piedra”), pasando por toda clase de relatos épicos medievales.

El escritor contemporáneo norteamericano T. A. Barron, autor de numerosas historias fantásticas destinadas al público juvenil, supo inspirarse en la leyenda de Merlín para escribir su serie de cinco libros (para no decir pentalogía, que sería incorrecto) denominada Los años perdidos de Merlín. Para los lectores más jóvenes y ávidos de literatura fantástica, estos libros son seguramente una buena forma de interiorizarse en el mundo mágico de Merlín. Y para los niños que se conforman con escucharnos contarles un cuento antes de dormir, es posible encontrar en Internet muchas páginas en donde se transcribe la historia de Merlín en relación al Rey Arturo en la forma de un cuento corto que puede narrarse en cuestión de unos pocos minutos.

Cuento corto del mago Merlín



Cortázar para niños

uando se piensa en autores de literatura infantil, el de Cortázar no es precisamente uno de los primeros nombres que viene a la mente. Quizás por que la política jugó en su obra un papel protagónico, con lo cual sus escritos quedaron prácticamente vedados para el público juvenil. Una lástima, por que el autor argentino sabía como pocos jugar con las palabras, incluso hacer magia con ellas, de formas tales que hubiesen deslumbrado a los lectores de menor edad.

Un ejemplo es ese capítulo de la novela “Rayuela” en donde Cortázar decide ignorar por completo el diccionario y utilizar una gran cantidad de palabras inventadas. El lector debe usar su imaginación para dar significado a esas palabras y entender el relato de una forma completamente subjetiva. Aquí va un pequeño extracto de ese capítulo: Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sústalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia”.

Todos los escritores deben tener una buena capacidad imaginativa para tejer historias ocurrentes, pero Cortázar iba mas allá, convirtiéndose en un innovador indiscutido. En “Historias de cronopios y de famas”, el autor da rienda suelta a su capacidad para crear universos con palabras, dotándolos de misterio, fantasía y surrealismo.

Afortunadamente, la editorial Libros del Zorro Rojo (dedicada a la edición de obras ilustradas) publicó un extracto de “Historias de cronopios y de famas” en la forma de un libro ilustrado, para niños de cinco año o más. El texto extractado corresponde al capítulo “El discurso del oso”, y las ilustraciones son obra de Emilio Urberuaga (responsable gráfico de “Manolito Gafotas”, una obra traducida a más de dieciocho idiomas).

“El discurso del oso” es una historia breve, como para leer a los niños antes de ir a dormir, que cuenta cómo un oso que vive en las tuberías de un edificio observa y reflexiona sobre la vida de los humanos que habitan en él. Seguramente el relato está lleno de simbolismos, pero la interpretación de los mismos es responsabilidad exclusiva de cada lector.

La iniciativa de la editorial Libros del Zorro Rojo es, sin lugar a dudas, un ejemplo a seguir. Esperemos que más textos de Cortázar (y de otros autores que, indirectamente, mucho pueden aportar al universo de la literatura infantil) aparezcan en libros aptos para poblar las bibliotecas de los más pequeños.

EL DISCURSO DEL OSO
JULIO CORTÁZAR / ILUSTRACIONES DE EMILIO URBERUAGA







El Hobbit, una novela para grandes chicos

e regalaron “El Hobbit” cuando yo todavía era muy joven (y vago) como para leer novelas, así que el libro pasó mucho tiempo durmiendo en mi biblioteca hasta el día en que decidí encarar su lectura, siendo yo ya un adolescente. La historia del Hobbit me atrapó desde la primera página, dejándome hambriento para luego encarar la lectura de la trilogía de “El Señor de los Anillos”. Tal vez si lo hubiese leído a más temprana edad, habría pasado por alto los muchos matices que otorgan a esta novela su gran calidad .

El escritor C. S. Lewis expresó esta misma idea con más precisión en la crítica que escribió sobre El Hobbit en 1937: “Debe tenerse en cuenta que éste es un libro para niños en el sentido de que la primera de muchas lecturas puede hacerse en la escuela. Los niños leen con gravedad Alicia, y los adultos lo leen entre risas; El hobbit, en cambio, resultará muy gracioso a los lectores más pequeños, y sólo años más tarde, a una décima o vigésima lectura, empezarán a darse cuenta del diestro conocimiento y la profunda reflexión que fueron necesarios para que todo en él pareciera tan maduro, tan amistoso y, a su modo, tan veraz”.

El tema principal de la historia es la evolución y maduración del hobbit que la protagoniza, Bilbo Bolsón. Como todos los hobbits, Bilbo adora la vida relajada y tranquila con sus pequeños placeres cotidianos. Hasta que el mago Gandalf llega a su morada, acompañado de un grupo de enanos, para complicarle la vida y embarcarlo en una aventura que lo convertirá en leyenda para sus pares.

La escritura de El Hobbit se inició cuando su autor J. R. R. Tolkien garabateó distraídamente en un papel el siguiente texto: “En un agujero en el suelo vivía un hobbit”. Luego de ese puntapié inicial, y antes de la escritura del texto, Tolkien dedicó algún tiempo a elaborar el mapa de Thrór, lugar en donde se desarrolla la mayor parte de la novela. Una vez comenzada la escritura de la obra, y a medida que los capítulos iban cobrando forma, el autor se los iba leyendo a sus hijos, quienes hacían las veces de inocentes críticos literarios.

En lo personal, lo que más me atrapó de la lectura de El Hobbit fueron las descripciones de los ambientes en donde se lleva a cabo la acción. La maestría de Tolkien es capaz de crear en la mente del lector escenarios que no escatiman ningún detalle. Al leer las páginas de sus libros, uno prácticamente puede ver los bosques, las montañas, las praderas y las cuevas en donde habitan o por donde transitan los personajes. Es por eso que, en mi opinión -y sin desmerecer el talento y la labor de un cineasta como Peter Jackson-, la tarea de llevar las historias de Tolkien a la pantalla grande no es algo tan difícil, puesto que, luego de leer las páginas, los escenarios quedan nítidamente plasmados en la mente del lector. Es una alegría que finalmente esté comenzando el rodaje de la película “The Hobbit”; seguramente, luego de verla, quienes aún se resisten a ver “El Señor de los Anillos” dejarán atrás su obstinación e irán a comprar el DVD.

EL HOBBIT
J. R. R. TOLKIEN










EL HOBBIT - VERSIÓN INFANTIL
J. R. R. TOLKIEN










Hans Christian Andersen: "La vida en sí es el más maravilloso cuento de hadas"

oy se cumplen 205 años del nacimiento de Hans Christian Andersen, autor de numerosos clásicos de la literatura infantil, tales como “La sirenita”, “El traje nuevo del emperador”, “El soldadito de plomo”, “Pulgarcita” y muchos otros (fue autor de más de 150 cuentos).

En honor a la gran contribución que Andersen hizo a la literatura infantil se celebra en esta fecha (desde 1967) el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil.

Andersen nació en una familia muy pobre de la ciudad danesa de Odense. Su determinación por convertirse en actor y cantante lo llevó, a la temprana edad de 14 años, a huir hacia la capital de su país, Copenhague. A pesar de que fracasó miserablemente en su intento por consagrarse en las artes escénicas, su viaje a la capital le permitió hacerse amigo de personajes influyentes que lo ayudaron a completar la educación que sus ímpetus juveniles lo habían llevado a abandonar prematuramente.

A partir de la publicación de su primer libro, en el año 1829, comenzó su prolífica producción de historias. Al prinicipio dio más importancia a sus libros para adultos que a sus fantasías, pero más tarde descubrió que las aparentemente triviales historias que imaginaba podían retratar características de las personas en una forma sutil y encantadora. Esto tuvo dos consecuencias: primero, dejó de considerar a sus cuentos como simples entretenimientos para niños, y segundo, comenzó a escribir relatos más originales, en lugar de repetir cuentos tradicionales.

Andersen dijo en una ocasión que las historias “yacen en mi mente como semillas y sólo necesitan el beso de un rayo de sol o una gota de malicia para florecer”. El autor habitualmente retrataba en sus cuentos a personas que le agradaban o le desagradaban. Por ejemplo, una mujer que rechazó su amor se convirtió en el príncipe algo tonto de “La sirenita”; su propia humillación, o los delirios de su padre de descender de una familia rica e influyente, fueron la inspiración para “El patito feo”.

En la actualidad, las historias de Andersen son más conocidas por sus adaptaciones cinematográficas, principalmente por los estudios Disney. Uno se pregunta, ¿qué hubiera sido de Disney sin el aporte de Hans Christian Andersen?

Algunas citas famosas de Andersen:

La vida de cada hombre es un cuento de hadas escrito por la mano del señor.

La mayoría de las personas que caminen detrás de mí serán niños, por lo que mantendré los pasos cortos.

Mi vida es una historia hermosa, feliz y llena de incidentes.

CUENTOS DE HADAS PARA NIÑOS I
HANS CHRISTIAN ANDERSEN










Detrás de los cuentos: Alicia en el país de las maravillas

s bien sabido que los cuentos y novelas infantiles muchas veces ocultan mensajes destinados al público adulto. El caso de "Los viajes de Gulliver", por ejemplo: se supone que los diminutos liliputienses de la novela representaban a los habitantes de las oprimidas colonias británicas. El problema con estos mensajes ocultos es que los autores generalmente no están presentes para explicar lo que realmente quisieron decir en sus cuentos, entonces inevitablemente nos debemos conformar con las interpretaciones de eruditos contemporáneos de diverso calibre. La situación se agrava cuando se suman las deformaciones sufridas por los cuentos como consecuencia de traducciones y adaptaciones cinematográficas.

Lo más recomendable para saber qué quiso decir el autor de un determinado relato consiste en analizar su biografía, su situación y su entorno al momento de escribirlo. Un caso interesante es el de Lewis Carroll (cuyo nombre real era Charles Lutwidge Dodgson), autor de las historias de Alicia, siendo la más conocida la de "El país de las maravillas". Esta historia en particular trascendió el mundo de la literatura infantil para convertirse en un objeto de estudio de matemáticos, psicólogos y otros catedráticos.

Lo primero que se piensa al ver alguna de las películas sobre la novela de Carroll (incluyendo la más reciente de Tim Burton) es que el autor intenta mostrar cómo se ve el mundo cuando se está bajo el efecto de sustancias alucinógenas. Esta sería una interpretación bastante desinformada, ya que al leer la biografía del autor, se observa que Carroll sufría de una afección cerebral conocida justamente como el síndrome de Alicia en el país de las maravillas, la cual aparentemente provoca alteraciones en la percepción de las cosas; por ejemplo, objetos grandes, como podría ser una pelota de basquet, se ven pequeños como una pelota de golf. Carroll seguramente supo aprovechar la distorsión de la realidad producida por su afección para describir con lujo de detalles mundos irreales e historias sin sentido (tal como él mismo las definió).

De todos modos, las historias de Carroll tienen bastante sustancia más allá de la fantasía, el sinsentido y los personajes pintorescos. Además de dedicarse a la literatura, el autor de las aventuras de Alicia se desempeñó en disciplinas académicas tales como las matemáticas y la filosofía, y volcó en sus relatos algunos de los conocimientos adquiridos en estas áreas. Por ejemplo, en el capítulo 2 de Alicia en el país de las maravillas, cuando la protagonista se encuentra en el salón que se acaba llenando con un mar de lágrimas, se distrae pensando en unas multiplicaciones aparentemente incorrectas: "cuatro por cinco, doce; cuatro por seis, trece; cuatro por siete... ¡Dios mío! ¡A este paso nunca llegaré a veinte!". Martin Gardner, un matemático famoso por su habilidad para ver y enseñar el lado lúdico de los números, explica en sus versiones anotadas del libro de Carroll que las multiplicaciones que hace Alicia son correctas si logramos olvidar por un momento las operaciones de base 10 a las que estamos tan acostumbrados desde que aprendimos a contar con los dedos (más información en este interesante post de Taringa!).

Otro detalle poco conocido de la historia de Alicia es que el personaje del sombrerero no estaba loco por que sí nomás. La "locura del sombrerero" era una enfermedad habitual en el siglo XIX, debida a la inhalación del vapor de mercurio que se producía durante el proceso de prensado del fieltro de los sombreros. El mercurio causaba (y causa) daños neurológicos e inmunitarios, los cuales a la luz de los conocimientos médicos de la época, eran definidos simplemente como un estado de locura.

Hay toda clase de interpretaciones de las historias de Carroll; quizás tantas como lectores. Pero para disfrutar más de sus relatos, probablemente debamos quedaron con su propia visión, la cual fue explicada en una carta que escribió a un amigo: "Me temo que no quise decir otra cosa más que un sinsentido. Aún así, tú sabes, las palabras significan más de lo que queremos expresar cuando las usamos; entonces un libro debe significar mucho más de lo que su escritor quiso decir. Por lo tanto, cualquiera que sea un buen significado del libro, estaré feliz en aceptarlo como el significado del libro".

Un agradecimiento especial a Alice por su aporte de ideas e información para la realización de esta nota.

LAS AVENTURAS DE ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS
LEWIS CARROLL












Los cuentos según la edad: de 5 a 7 años

ay que empezar a ejercitar la imaginación, por que en este rango de edades, los chicos exigen creatividad. Ya no va más el cuento del perrito que salía a pasear y se encontraba con su amigo el gatito y se ponían a jugar... Hay que empezar a incluir personajes algo más complejos, y relatos que incluyan suspenso o misterio. Tal vez es el momento de comenzar a generar una buena biblioteca de libros con cuentos infantiles, de forma tal de poder variar el cuento todas las noches.

En esta nota de SoloHijos.com se indica que esta edad es apropiada para comenzar con cuentos de hadas con argumentos sencillos, tales como Pulgarcito o Blancanieves. También hay otros consejos para guiar a los padres en la tarea de contar cuentos a sus hijos de entre 5 y 7 años:

  • Los cuentos deben tener estructuras repetitivas, ya que cada repetición hace que el cuento sea más familiar y el niño necesite menos esfuerzo de atención. Un ejemplo de cuento con repeticiones es Ricitos de oro.
  • Contar cuentos con elementos familiares. Se supone que los chicos prefieren una historia que ya conocen antes que un cuento nuevo. No es el caso de mis hijos... ellos me piden una historia nueva todas las noches. Pero sí es conveniente que, aunque la historia sea nueva, esté basada en personajes o entornos que los chicos recuerden de cuentos anteriores.
  • Contar cuentos de acción rápida. Los chicos quieren todo ya, de eso no hay duda. Y además, si se están por ir a dormir, más vale que el cuento sea corto. Pero desde un punto de vista más pedagógico, si se quiere, el hecho es que cuanto más rápido se sucedan los acontecimientos de la historia, menos le costará al niño entender la trama.
Y, como ya es costumbre, va un consejo de cosecha propia: incluir una buena dosis de humor en los cuentos, ya que una sonrisa al momento de ir a dormir asegura sueños gratificantes. Por ejemplo, cuando hablan los personajes, ponerles voces graciosas. No se recomienda el humor escatológico ya que, si bien es el más efectivo entre los niños, hace que se tienten de risa y después no puedan dormirse por la excitación (lo digo por experiencia).



Los cuentos según la edad: de 3 a 4 años

partir de los 3 años, los chicos ya no se conforman con cualquier cuento. Empiezan a ser exigentes. Quieren entender las historias, y que les expliquemos mejor si no fuimos claros. Sin embargo, a estas edades la atención de los niños no dura demasiado, así que las historias deben ser breves, simples y de acción lineal.

Los chicos de 3 y 4 años son adorables, pero egocéntricos. Todo gira en torno a ellos. Y tal egocentrismo se refleja en sus preferencias por los cuentos: les agradan las historias en las que ellos mismos son los protagonistas, y que se desarrollan en un entorno conocido; es decir, que los personajes "secundarios" son los hermanos, el papá, la mamá, el perro, etc.

Todo esto lo dice gente que sabe del tema, en una nota publicada en SoloHijos.com, pero doy fe que es cierto, puesto que las preferencias de mi hijo de 3 años se ajustan perfectamente a las mencionadas características.

Un dato interesante: hay que aprovechar los cuentos con rimas, por que los chicos de 3 y 4 años imitan todo, entonces al repetir rimas y nombres formados a partir de juegos de palabras (un par de ejemplos: el gato Garabato, la gallina Fina), el chico mejorará su pronunciación.


Los cuentos según la edad: de 1 a 2 años

mpecé a contarles cuentos a mis hijos cuando tenían más o menos dos años, como parte del “ritual” previo a ir a dormir. Al principio, las historias eran muy elementales: venía un perrito, se encontraba con un gatito, se iban a jugar a la plaza, volvían a su casa, tomaban la leche y se iban a dormir. Lo importante no era la historia en sí, sino simplemente dejarle al chiquilín una imagen grata en la mente que lo acompañara al momento de quedarse dormido.
Con el tiempo, y a medida que los chicos fueron creciendo, los cuentos debieron adaptarse, adquiriendo tramas más complejas, moralejas, conflictos (que siempre se resuelven), enseñanzas, personajes, etc.
Así es como fui aprendiendo intuitivamente que cada edad necesita una clase de cuento en particular. Pero hace poco encontré en el sitio Solo Hijos una serie de notas –escritas por gente que sabe del tema– explicando cómo deben ser los cuentos para cada rango de edad.
Lo que dice con respecto a los chicos de uno a dos años es que hay que presentarles historias simples, protagonizadas por chicos de su misma edad o por mascotas, y en las que la acción consista en ir al parque, tirarse del tobogán, jugar con amigos, etc. (mi intuición no estaba tan mal).
Pero en la nota hay unos cuantos datos referidos a las imágenes, que yo realmente no conocía. Primero, se observa que hay que ofrecerle al niño preferentemente historias ilustradas, ya que los chicos disfrutan tanto viendo las imágenes como escuchando la historia, y que las ilustraciones NO deben ser:

  • del estilo de los dibujos animados de la tele, ya que están dirigidos a un público de recepción pasiva.
  • caricaturas burlescas, por que carecen de afecto y los chicos no entienden las ironías.
  • demasiado complejas o elaboradas.
  • dibujos de moda, por que repiten las mismas características en personas u objetos, y resaltan siempre los mismos valores.
Interesante, ¿no? La nota completa aquí.


Cómo ser un buen cuentero

 veces lo mejor de un cuento no es la historia en sí, sino la forma en que se cuenta. No por nada hay narradores de cuentos profesionales, que estudian para eso.
Pero para contarles cuentos a los chicos antes de ir a dormir no es necesario ser un profesional. Basta con conocer algunos trucos que logren que nuestras narraciones sean más amenas y divertidas.

En el blog En Clave de Niños, encontré una guía bastante útil sobre cómo contar cuentos a los chicos. Con unas pocas técnicas se puede dar más vida al relato y mantener a los niños interesados y atentos hasta llegar al “colorín colorado, este cuento se ha terminado”.
En resumen, estas son las cosas que hay que tener en cuenta para tener éxito como padre-cuentero o madre-cuentera (o para el caso, tío-cuentero, abuelo-cuentero, etc.):
  • Adaptar el lenguaje, reemplazando palabras complicadas por otras más simples, o agregando una explicación para las palabras que el chico no conoce (esto a su vez viene bien para ampliar su vocabulario).
  • Usar pausas y cambios de entonación. La pausa indica que lo que viene después tiene un significado o valor especial, y el cambio de entonación señala la aparición de un elemento sorpresa que afecta el desarrollo de la historia.
  • Hacer descripciones poco detalladas, para que el chico las complete con su imaginación, o si está muy interesado, pida más detalles (por ejemplo, alcanza con decir que la bruja es muy fea; si el chico quiere saber más, se le dirá que tenía una joroba, una nariz puntiaguda, la cara llena de verrugas, etc.).
  • Mantener la acción lineal. Esto significa no detener el desarrollo de la historia para relatar algún hecho secundario o describir con mucho detalle algún aspecto o personaje irrelevante para la historia.
Y agrego un tip más de mi propia cosecha: tratar de no dormirse mientras se cuenta el cuento.

La nota completa en:

Cómo contar un cuento (parte I)

Cómo contar un cuento (parte II)