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2014-06-03

Melancolías matemáticas

Un relato sobre las dudas a la hora de elegir una orientación vocacional, contado por alguien que se debatió entre el interés por las artes escritas y la dureza de las ciencias exactas.

Para chicas y chicos de 10 años en adelante

Resolviendo una ecuación
Es bien sabido que los científicos, los buenos científicos, guardan toda su pasión para sus experimentos, sus descubrimientos o sus teorías. Por tal razón se los cree fríos e insensibles, incapaces de experimentar los sentimientos que son normales para cualquier otro ser humano. No es mi caso; o bien no soy un buen científico, o soy una excepción a la creencia antedicha.

Mis estudios y mi carrera siempre giraron en torno a las inequívocas verdades de las ciencias exactas. Sin embargo, al ser mi corazón totalmente permeable a la sensiblería mundana, se mezclaban en mi cabeza los estrictos conceptos de la ciencia con los confusos e inexplicables razonamientos del corazón.


2012-06-10

Soñador veloz

Un cuento sobre un niño que soñaba con ser corredor de autos de carrera.

Juanchi mirando las carreras en la tele
Juanchi y las carreras
A Juanchi le gustaban mucho las carreras de autos. Mucho, mucho muchísimo, tanto que ya tenía un disfraz de corredor con casco y todo.

El asunto había comenzado con el papá de Juanchi, que veía la Fórmula 1 todos los domingos y, desde que Juanchi era bebito, lo acompañó en su fanatismo, volviéndose fanático él también.

Desayunaban en frente de la tele, sentados en el sillón, llenándolo de migas y azúcar de las facturas y haciendo enojar a la mamá de Juanchi. A pesar de todo, ellos disfrutaban de su tradición. Y, cuando la carrera terminaba, Juanchi se iba a jugar a su cuarto con las pistas y los autos, no sin antes hacerle unos mimos a su mamá para que se le cambie el ceño fruncido. “Sólo mimos, porque de limpiar, ¡nada!”, protestaba la mamá para sí misma, mientras recibía los besos de Juanchi.

En la familia ya pensaban que el tema de las carreras, con disfraz incluido, era un poquito exagerado; pero también decían que seguramente era una etapa pasajera.

“Los chicos son así”, comentaba el abuelo. “Hoy les gusta una cosa y mañana otra”.

La cosa es que a Juanchi no le cambiaban los gustos y así siguió jugando hasta que un día pensó: “¡Eso es, cuando sea grande voy a ser corredor de autos! ¡Sííí!”, gritó de alegría para sí mismo, como gritamos todos en nuestras cabezas al hacer un gran descubrimiento.


2010-04-01

Vocación de payaso

Un cuento sobre los sueños, la vocación y la importancia de hacer aquello que nos hace felices.

Para chicas y chicos en edad escolar

Cuando a Martín le preguntaban qué querría ser cuando fuera grande, él contestaba entusiasmado: “cuando sea grande, voy a ser payaso”. Ante esta respuesta, las personas invariablemente soltaban una carcajada y le volvían a preguntar: “no, de verdad, ¿qué vas a ser cuando seas grande?”. Al pobre Martín nadie le tomaba en serio su vocación de payaso. Especialmente su papá, que quería que fuese futbolista, y por ese motivo lo anotó en una escuela de fútbol.


A Martín no le quedó más remedio que asistir a las clases de fútbol tal como quería su papá. Pero por más esfuerzo que le ponía, no lograba patear bien la pelota, ni recibir bien un pase, ni mucho menos atajar un tiro al arco o hacer un gol. Evidentemente, el fútbol no era lo suyo.


 
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