20 abr. 2017

El origen de dos malas palabras (que por pudor no ponemos en este título)

El vocabulario soez (es decir, el conjunto de las palabrotas que conforman el “lado oscuro” de cualquier idioma) es un curioso objeto de estudio de lingüistas que, a pesar de su elevada cultura, se pasan el día hablando groserías.

Hay miles de palabrotas y cada una tiene su origen particular. Las hay recientes y las hay clásicas; estas últimas remontan su origen al latín o el griego de los años anteriores a Cristo.

PalabrotasCada palabrota tiene un significado, un origen y una historia. No vamos a promover el uso de ninguna, pero queremos destacar dos casos interesantes, pertenecientes al lunfardo argentino, que pasaron de designar a personas valientes y gallardas, a convertirse en burdos insultos. Estas palabras son: pelotudo y boludo (por favor, sepan disculpar el lenguaje).

Hace un par de siglos, estas dos palabras designaban a integrantes destacados de los ejércitos de gauchos que lucharon contra los españoles en las guerras por la independencia.

Las armas que usaban estos gauchos eran muy rudimentarias, a diferencia del moderno armamento que traían los españoles. Los gauchos usaban pelotas (piedras grandes con un surco por el que ataban un tiento), boleadoras y facones; estos últimos se ataban a cañas para improvisar lanzas. Algunos pocos contaban con antiguas armas de fuego.

14 abr. 2017

Los microrrelatos de Ana María Shua

Escribir microrrelatos, microcuentos o microficción puede parecer fácil por que hay que escribir poco. Pero se requiere un poder de síntesis excepcional. Como el de la escritora Ana María Shua, una verdadera experta en relatos muy pero muy breves.

Para chicas y chicos en edad escolar.

Ana María ShuaCuenta con más de cuarenta libros publicados, varios de los cuales son compilaciones de muchos microrrelatos. La sueñera, Temporada de fantasmas y Fenómenos de circo son algunos de los libros de Ana María en donde pueden encontrarse sus obras breves de ficción.

Los microrrelatos tienen el inconveniente (para el escritor) de que la introducción, el nudo y el desenlace deben estar condensados en un único párrafo, y a veces en una única frase. Lograr eso no es tarea fácil. Lo que se hace muchas veces es aliarse con el lector para que éste colabore en dar forma la historia. Al haber escasez de palabras, adjetivos, descripciones, adornos literarios y demás elementos que ayudan al lector a delinear en su cabeza el escenario y los hechos narrados, el lector debe hacer un esfuerzo extra para imaginar y entender lo que cuenta el microrrelato.

Es indudable que se requiere una gran habilidad para lograr esa colaboración de parte del lector. Y cuando éste es un niño o adolescente, la dificultad es mayor, sabiendo lo reticentes que suelen ser los jóvenes para colaborar en la lectura de una historia.

Pero Ana María lo logra. A continuación reproducimos algunos microrrelatos que lo demuestran:

Se quiso quedar (La sueñera)
Todos los patitos se fueron a bañar y el más chiquitito se quiso quedar. El sabía porqué: el compuesto químico que había arrojado horas antes en el agua del estanque dio el resultado previsto. Mamá Pata no volvió a pegarle: a un hijo repentinamente único se lo trata –como es natural, con ciertos miramientos.