18 mar. 2017

La plaza encantada, un cuento con personificaciones

Compartimos este bonito y breve cuento que ejemplifica el uso de personificaciones en las obras literarias para el público infantil, y de paso sirve para contárselos a los chicos a la hora de ir a dormir.

Para chicas y chicos desde preescolar en adelante.

Con el primer canto del gallo, Calesita comenzó a girar perezosamente, haciendo sonar una música suavecita. “Despiértense, dormilones”, les fue diciendo al son de la música a Tobogán, a las hermanas Hamaca, a Subeybaja y a Castillo, a medida que iba girando y pasando junto a cada uno de ellos.

“A levantarse, Tobogán. Arriba, Hamacas. Despertate, Subeybaja. Hora de levantarse, Castillo”.

Calesita estaba en el medio del área de juegos, y como era la que se levantaba más temprano, se tomaba el trabajo de despertar a los demás para que la llegada de los chicos más madrugadores no los tomara por sorpresa.

Las hermanitas Hamaca fueron las primeras en hacerle caso. Aprovechando el vientito de la mañana, empezaron a bambolearse de aquí para allá. “Buenos días Calesita”, dijeron a coro. “Buenos días Hamacas”, contestó cortésmente Calesita, girando más despacito para brindarles una gran sonrisa.

Tobogán se movió un poquito para cada lado (todo lo que le permitían sus patas metidas en la tierra) para sacudirse las gotas de rocío. “Buen día Calesita” dijo contento. “Buenos días, señor Tobogán”.

Le llegó el turno a Castillo, quien al oír el llamado de la calesita, abrió sus ventanas para que el aire fresco recorriera su interior. “Cómo le va Don Castillo”, saludó Calesita al pasar junto él. “Mejor que nunca, Doña Calesita”, regresó el saludo con su voz grave y fuerte.

Al pasar junto a Subeybaja, Calesita lo saludó como había hecho con los demás juegos, pero él no contestó. En lugar de saludo, sólo dejó escuchar unos ruidosos ronquidos.

Después de dar toda la vuelta, Calesita le pegó un grito: “¡A despertarse, Subeybaja, que ya van a llegar los chicos!”. Pero Subeybaja seguía roncando.

Nenas en subeybajaEn la esquina de la plaza aparecieron tres chicos. Corrían y saltaban alegremente, e indudablemente iban hacia los juegos. Calesita aceleró su giro. “¡Subeybaja! ¡Despertate, ahí vienen los chicos!”. Nada. Subeybaja roncaba aún más fuerte.

Llegaron nomás los chicos, y dos de ellos fueron derechito a subirse al subeybaja, uno en cada punta, mientras el otro se metía en el castillo. El pobre Subeybaja se despertó de golpe y se llevó flor de susto, cuando vió que su tablón era movido hacia arriba y hacia abajo con mucha energía.

Los demás juegos no pudieron contener una risa al ver el susto de Subeybaja, pero enseguida hicieron silencio para no asustar a los chicos. Ni falta que hizo, pues éstos estaban con tantas ganas de jugar que ni se dieron cuenta.


Al rato llegaron a la plaza muchos más chicos, y no dieron descanso a los juegos hasta que el sol completó su recorrida y se escondió por el poniente.

Apenas la plaza quedó en silencio, se escuchó la gruesa voz de Castillo: “Ey, Subeybaja, qué susto te dieron hoy los chicos, no?”. Subeybaja agitó su tablón, refunfuñando. “A ver si la próxima vez me despiertan más temprano”, protestó.

Farol de plaza animado“Por favor dejen de hacer ruido, que ya es hora de dormir”, se escuchó gritar a lo lejos. La voz era de Farol, quien ya había encendido su potente lámpara y se disponía a vigilar la plaza durante la noche.

“Como usted diga, Don Farol”, contestó Calesita. “Hasta mañana”, dijeron los demás juegos a coro.

“Dulces sueños”, les gritó Farol, respirando hondo para llenarse del olorcito a rocío nocturno que tanto le gustaba.

La plaza encantada quedó en silencio, iluminada desde lejos por la luz de la luna y desde cerca por la imperturbable luz de Don Farol.

La personificación
Es una figura literaria, en la que se le dan actitudes, lenguaje, conductas y otros rasgos y humanos a los animales, plantas u objetos.

Es común encontrar personificaciones en obras literarias pertenecientes al género fantástico, y abundan en los  cuentos infantiles, puesto que los niños tienden a asignar personalidad a todo lo que los rodea.

Lograr una personificación es muy fácil. Sólo se debe imaginar cómo se comportaría un objeto inanimado, un animal o una planta si de pronto se transformara en una persona. Hay que pensar en qué diría, cómo se relacionaría con su entorno, qué le gustaría hacer, qué pensaría. Sería hombre o mujer? Es una buena forma de ejercitar la creatividad.

Ejemplos:

El sol sintió frío y se cubrió con un manto de nubes.

La rosa sonrió alegre al descubrirse cubierta de gotas de rocío.

El grillo no dejaba de tocar su sonoro violín.

“Tuve una vida corta pero intensa” le dijo una burbuja de jabón a otra, un instante antes de explotar.


También te puede interesar: