19 ene. 2017

¡Aro, aro, aro! Los secretos de un buen payador

Los buenos payadores nos asombran con su maestría y su rapidez para improvisar versos con rimas complejas, que además tienen un significado y sirven como instrumento musical/poético para los contrapuntos que mantienen con otros payadores.

Figura en relieve de Santos Vega, en Caminito, La Boca, Buenos Aires
Figura de Santos Vega, en La Boca
Este verso de la segunda parte del Martín Fierro expresa sabiamente la idiosincrasia del payador:

Yo no soy cantor letrao,
Mas si me pongo a cantar
No tengo cuándo acabar
Y me envejezco cantando:
Las coplas me van brotando
Como agua de manantial.

El payador de raza no entiende de métricas, rimas, versos o estructuras. Tal como lo dice Martín Fierro, “las coplas le van brotando como agua de manantial”, y como buen artista, toda la técnica que requiere su arte le sale con naturalidad, casi sin proponérselo.

Pero para quienes no nos criamos en el ambiente payadoril, improvisar una payada es prácticamente imposible. Es por eso que debemos investigar las técnicas, las estructuras y los formatos que usan los payadores para, por lo menos, saber cómo lo hacen.

El musicólogo Matías Isolabella, un estudioso de las estructuras de improvisación de la payada, nos explica que “a lo largo de la historia de la payada rioplatense se han ido alternando diversas modas acerca de las formas poéticas, pero la décima representa la estrofa más completa y complicada del repertorio payadoril, y es la más utilizada”.

Entrando en detalles, Isolabella explica que la décima espinela se compone de diez versos octosilábicos que siguen la estructura de rimas ABBAACCDDC. Veamos este ejemplo extraído de Santos Vega, El alma del payador:

Cuando la tarde se inclina
sollozando al occidente,
corre una sombra doliente
sobre la pampa argentina.
Y cuando el sol ilumina
con luz brillante y serena
del ancho campo la escena,
la melancólica sombra
huye besando su alfombra
con el afán de la pena.

Hemos pintado cada verso con un color según su rima, para que se entienda qué es eso de ABBAACCDDC. Obsérvese, además, que cada verso tiene ocho sílabas, por eso es octosilábico (ejemplo: Cuan-do-la-tar-de-se_in-cli-na).

Al leer esto, uno se pregunta: ¿por qué usan una estructura tan complicada? Y las respuestas más obvias son que la usan por que suena bien, por que es expresiva, por que es agradable; en resumen, por que queda lindo. Pero inevitablemente, aquí se mete nuestro musicólogo Isolabella, empeñado en quitarle la magia al asunto: “A la hora de construir el discurso, los conceptos suelen organizarse en parejas de versos, siendo los dos últimos (remate) los más importantes por condensar de manera sentenciosa el mensaje de la estrofa. En sus improvisaciones, los payadores suelen perseguir una estructura ideal en la que la décima es pensada como dos cuartetas (ABBA - CDDC) unidas por un puente (AC). En la primera cuarteta se proponen retomar los conceptos expresados por su oponente y argumentar la idea que expresarán en los siguientes versos de la décima y que serán enunciados de manera contundente en el remate. Además de ello, los improvisadores intentan cumplir con normas estilísticas muy exigentes, como por ejemplo las de usar cuatro sonidos diferentes a la hora de determinar las cuatro terminaciones de verso (por ejemplo evitando usar terminaciones en -ato y -eto en la misma décima) y evitar rimas fáciles (infinitivos, gerundios, adverbios), etc., y procuran utilizar una serie de recursos propios de la literatura escrita”.


Y la cosa no termina ahí: además de las cuestiones de estructura poética ya detalladas, el payador debe tener en cuenta asuntos de estructura musical (debe saber cantar y tocar la guitarra, mínimamente), de estructura temática y hasta de aspectos escénicos, pues es importante la vestimenta, la actitud y el establecimiento de reglas cuando se compite con otro payador (se llega al extremo de elegir representantes para acordar las condiciones del encuentro y la selección del jurado).

Ya está, con todo esto se me fueron las ganas de aprender a ser payador. Es evidente que el arte payadoril se aprende casi desde la cuna, criándose entre payadores y aprendiendo por observación y práctica. El sitio payadas.com (obviamente especializado en el arte de la payada) dice lo siguiente: “payador se nace, pero además del talento y el ingenio natural, para ser un buen payador se debe ser -por sobre todo- un enamorado de la cultura. Tenemos el más claro ejemplo en la historia de Santos Vega, quien fuera vencido por un payador que contaba con más ilustración que el”.

Para concluir, compartimos un video de una payada entre José Curbelo y David Tokar, en el marco de la celebración por el día del payador, en Adrogué, año 2012:



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