25 may. 2016

María Auxiliadora y San Juan Bosco

Les contamos la historia de la total confianza de Don Bosco en los cuidados maternales de María Auxiliadora. Escrita por José Pedro Manglano Castellary.

Don Bosco y María AuxiliadoraSan Juan Bosco necesitaba construir una Iglesia en honor a María Auxiliadora, pero no tenía nada de dinero. Se lanzó, pero las deudas también se lanzaron sobre él. Para conseguir dinero en un momento en que no podía retrasar más los pagos, un día le dijo a la Virgen: "¡Madre mía! Yo he hecho tantas veces lo que tú me has pedido… ¿Consentirás en hacer hoy lo que yo te voy a pedir?".

Con la sensación de que la Virgen se había puesto en sus manos, don Bosco entró en el palacio de un enfermo que tenía bastante dinero pero que también era bastante tacaño. Este enfermo, que desde hacía tres años vivía crucificado por los dolores y no podía siquiera moverse de la cama, al ver a Don Bosco le dijo: "Si yo pudiera sentirme aliviado, haría algo por usted".

"Muchas gracias; su deseo llega en el momento oportuno; necesito precisamente ahora tres mil liras", contestó Don Bosco.

"Está bien; obténgame siquiera un alivio, y a fin de año se las daré".

"Es que yo las necesito ahora mismo". El enfermo cambió con mucho dolor de postura, y mirando fijamente a Don Bosco, le dijo: "¿Ahora? Tendría que salir, ir yo mismo al Banco Nacional, negociar unas cédulas ¡ya ve!, es imposible".

"No, señor, es muy posible", replicó Don Bosco mirando su reloj. "Son las dos de la tarde… Levántese, vístase y vamos allá dando gracias a María Auxiliadora".

"¡Este hombre está chiflado!", protestó el viejo entre las cobijas. "Hace tres años que no me muevo en la cama sin dar gritos de dolor, ¿y usted dice que me levante? ¡Imposible!".

"Imposible para usted, pero no para Dios… ¡Ánimo! Haga la prueba".

Al rumor de las voces acudieron varios parientes. La habitación se llenó. Todos pensaban de Don Bosco lo mismo que el enfermo: que estaba chiflado.


"Traigan la ropa del señor, que va a vestirse", dijo Don Bosco, "y hagan preparar el coche, porque va a salir. Entretanto, nosotros recemos". En eso llegó el médico. "¿Qué imprudencia está por cometer señor mío?", dijo el Dr.

Pero ya el enfermo no escuchaba más que a Don Bosco; se arrojó de la cama y empezó a vestirse solo, y solo, ante los ojos maravillados de sus parientes, salió de la habitación y bajó las escaleras y subió al coche. Detrás de él, Don Bosco.

"¡Cochero, al Banco Nacional!". La gente no se acordaba de él, ya que llevaba tres años sin salir a la calle. Vendió sus cédulas y entregó a Don Bosco sus tres mil liras.

Fuente: ACIprensa.

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