22 may. 2015

El cuento de las metáforas

Según Wikipedia, una metáfora es la sustitución de una expresión por otra cuyo sentido es figurado, y se usa en la literatura para describir algo mediante una analogía, con una finalidad estética. Lamentablemente, cuando a Google (o a cualquier otro buscador) le pedimos que nos traiga cuentos con metáforas, los resultados son cientos de historias que no contienen ni una sola metáfora. Pareciera que muchos confunden el concepto de metáfora con el de una enseñanza moral (quizás se les mezcla con el concepto de moraleja). Para aclarar el significado, escribimos el cuento a continuación, con verdaderas metáforas que aparecen resaltadas en amarillo. A su vez, resaltamos un símil en celeste, para que se note la diferencia con la metáfora. Haremos todo lo posible para que este cuento aparezca en los primeros lugares de las búsquedas, de forma tal que sea encontrado antes que las páginas que llevan por caminos equivocados. Estimados lectores de Puros cuentos, ¡corran la voz!

Para lectoras y lectores de 9 años o más

El ruido del despertador fue un taladro para los oídos de Benicio, sonando puntualmente a las 7:00 AM. El muchacho lo apagó, saltó de la cama y se vistió tan pronto como pudo. Su mente era un volcán de ideas y de ganas de hacer cosas.

Nubes de algodón al amanecer
Nubes de algodón al amanecer.
La combi se detuvo en la puerta de su casa, haciendo sonar su bocina a la misma hora de todos los días; precisamente a las 7:25. Subió al transporte y se alegró al ver que su butaca preferida (la de la primera fila, al lado de la ventanilla, del lado derecho) estaba libre. Se sentó y enseguida pegó su nariz al vidrio para mirar las maravillas que le esperaban en el viaje hasta el colegio.

Cuando la combi enfilaba hacia el Norte, Benicio creyó ver por su ventana que las nubes eran algodones de azúcar teñidos de anaranjado por el disco de fuego que asomaba por el horizonte.



Al ingresar en la avenida, una aglomeración de autos detuvo la marcha de la combi. Los conductores, bestias enfurecidas, se gritaban unos a otros. "Dale, movete, ¿querés?", rugía uno. "¿Y dónde querés que me meta?", bramaba el otro.


Urgido por su deber de dejar a los chicos a tiempo en el colegio, el chofer condujo la combi hacia la maraña laberíntica que eran las calles aledañas a la avenida. El transporte avanzaba como un bólido entre las calles serpenteantes, hasta llegar a la puerta del colegio. Benicio y el resto de los alumnos entraron corriendo en la escuela, en el preciso instante en que el bedel hacía repiquetear insistentemente la campana.