30 jun. 2014

Ga, gue, gui, go, gu (cuento sobre la G y las vocales)

Esta historia me la contó (palabra más, palabra menos) mi maestra de primaria para enseñarme a usar correctamente la letra G en combinación con la E y la I. La transcribo tal como la recuerdo; ¡espero que les guste!

Para alumnas y alumnos de 7 años o más

Ga, gue, gui, go, guCuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo, la letra G tuvo una fuerte discusión con las letras E e I. Tan fuerte fue la discusión que, después, la pobre G nunca volvió a ser la misma.

Cada vez que estaba al lado de la E o de la I, su sonido cambiaba. Dejaba de ser suave como el pelaje de un gato, como una gota de miel o como un guante de gamuza, para volverse áspero, casi tanto como el sonido de la J en el papel de lija.

La U, siempre preocupada por mantener la amistad y la buena onda entre todas las letras del abecedario, habló con la G para ver cómo podía hacer para ayudar. Finalmente, entre las dos resolvieron que la U se colocaría siempre entre la G y la E, o entre la G y la I, y que se quedaría muda, con la condición de que la G mantuviera su sonido suave como la gamuza.

Así fue que, gracias a la intervención de U, las palabras que usan la G con la E o con la I recuperaron la suavidad de sus sonidos. La guitarra y el guepardo se mostraron agradecidos.

Pero en eso apareció el pingüino quejándose a voz en cuello.

-¿Cómo es eso de que la U se va a volver muda cuando esté entre la G y la I? ¿Y yo en qué me voy a transformar? ¿Un “pinguino”?

-No te preocupes -lo tranquilizó la U-. Yo ya pensé en eso.

Y claro que lo había hecho. Cuando la U debiera mantener su sonido entre la G y la E, o entre la G y la I, se pondría dos puntitos por encima, y ese simple truco le devolvería su sonido natural. Resulta que esos puntitos, llamados diéresis, se usan bastante en otros idiomas (como el francés, por ejemplo) para ponerlos encima de las vocales y cambiarles el sonido. Entonces la U decidió adoptarlos para volver su sonido a la normalidad en situaciones especiales.

El tiempo pasó, y las discusiones y enojos entre las letras quedaron en el olvido. Pero la costumbre de la U de quedarse muda entre la G y la E, y entre la G y la I, quedó para siempre, igual que la costumbre de ponerse la diéresis cuando debiera recobrar su sonido, ya sea para que el pingüino sea feliz o, simplemente, para evitar ambigüedades.

Por si no queda claro, tenemos también un video en el que se explica el comportamiento de estas letras traviesas:


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26 jun. 2014

Tratado sobre los viajes en colectivo

Para muchos argentinos, el colectivo -también llamado "bondi" por influencia del "bondinho" usado en Brasil- es el medio de transporte que nos lleva desde nuestras casas al trabajo, o a la escuela, al club, o a la casa de un amigo. A continuación, una serie de reflexiones filosóficas sobre la fascinante experiencia de viajar en colectivo.

Para lectoras y lectores de 12 años en adelante.

Dibujo de un colectivoViajar en colectivo es una experiencia fascinante. Obviamente, no cuando esto lleva a pensar en uno mismo como una sardina envasada al natural, sino cuando, ya desde antes de subir, se ve que hay espacio suficiente para sentarse y pensar en las cuadras que pasan como si fueran años de la propia vida: algunas fugaces, otras lentas y llenas de baches, y aun otras, en las que uno cree haber tomado el ramal equivocado.

Ya desde el comienzo, la travesía se anuncia como una experiencia metafísica. La máquina de boletos ordena: “indique su destino al chofer”. Es la perfecta oportunidad para meditar sobre la predestinación y el libre albedrío: “le puedo decir al chofer cuál deseo yo que sea mi destino, pero, ¿y si estoy predestinado a algo diferente?” Claro que no todos los choferes están dispuestos a escuchar estas disquisiciones, o a esperar a que uno encuentre la respuesta en un tratado de filosofía. En mi caso personal, suelo confesarle al chofer que mi destino es llegar hasta Independencia y Lima.

Cumplida esta formalidad, viene la mejor parte: elegir en qué rincón de ese mundo de veinte asientos se desea esperar el arribo al inefable destino. Hay quienes eligen asientos delanteros, dispuestos a afrontar lo que sea; otros, enfilan seguros hacia atrás, para poder observar (sin participar) lo que ocurre en otros distritos del vehículo.

Curiosamente, siempre que podemos, elegimos sentarnos solos. Sin embargo, lo más emocionante de la experiencia de viajar en colectivo consiste en elegir un acompañante, cuando sólo quedan asientos dobles ocupados a medias. En ese momento, damos una fugaz mirada a cada rostro expectante. Igual que cuando, en la infancia, hacíamos pan y queso para elegir quién jugaría al fútbol en nuestro equipo, vemos gestos que parecen decir “elegime a mí”, y otros que más bien expresan “ni se te ocurra”. También hay gestos aparentemente indiferentes. Pero lo cierto es que cada una de esas expresiones la fabricamos nosotros, según nuestra preferencia por una u otra persona. Nos preguntamos: “¿a quién honraré con el placer de mi compañía?”

Colectivo_60
El 60, el "bondi" por excelencia.
Como ocurre en la vida, cada quien tiene su escala de prioridades para elegir a quién acompañar durante ese breve viaje. No temo dar a conocer la mía: en primer lugar, mujeres de edad inferior a la mía, preferiblemente de buen aspecto; en último lugar, dormilones babeantes y madres con bebés en brazos. Entre esos dos extremos, casi no hago distinciones.

Muchas veces, uno se encuentra formando parte del conjunto de rostros que esperan sentados la decisión de quien busca un asiento. Cuando sube nuestro acompañante ideal, ponemos nuestro mejor semblante; cuando no, tratamos de parecernos a quien (según nuestros propios parámetros) estaría al pie de la lista; por ejemplo, un dormilón babeante.

Muy de vez en cuando, ocurre el milagro: sube nuestro acompañante ideal, se deja convencer por la cara amistosa que mostramos y ocupa el lugar que le estuvimos guardando. Nuestro corazón salta de alegría, y comienza una conversación mental entre uno y su imaginación.

“Hola.”

“Hola” -contesta la voz imaginaria de la otra persona.

“Estuve guardando este asiento especialmente para vos” -pensamos con voz seductora.

Una expresión accidental (quizás) de la otra persona puede cambiar el tono del diálogo.

“¿Por qué me esquivás la mirada? ¿Acaso hice algo malo?” -reprocha uno, siempre mentalmente.

Ocasionalmente se libera un asiento que, vaya uno a saber por qué, es preferido por nuestro acompañante. En un gesto de total desprecio, la persona en cuestión se levanta y cambia de asiento, dejándonos sin otra compañía que la de un recuerdo.


También puede ocurrir que, aún ante la tentación de pasar a ocupar el asiento más cómodo y con mejor vista, esta persona sigue a nuestro lado, soportando quizás el haberse sentado encima de la rueda. Entonces, ocurre lo inevitable: alguno de los dos, en algún momento, debe bajarse.

De nuevo, puede ocurrir un milagro. Tal vez el destino nos toque el hombro a los dos en la misma esquina y, quizás, caminando hacia la puerta de atrás, nuestras manos se crucen queriendo tocar el timbre para descender.

17 jun. 2014

Colaboremos con Missing Children

Queremos poner nuestro granito de arena para colaborar con Missing Children y posibilitar que más chicos se encuentren con sus familias. Todos podemos hacerlo con Bandera Blanca, la herramienta para las redes sociales que usa el mismo símbolo que en la playa se utiliza para indicar que hay un niño perdido. Con un click podés ayudar mucho.




16 jun. 2014

"Alex ayuda", la nueva colección de Grupo SM para los más chiquitos

Alex es un niño de tres años al que le gusta ayudar en casa. También le gustan los coches, los camiones, cocinar, y su perro.

Alex ayudaAsí se presenta "Álex ayuda", la nueva colección del Grupo Editorial SM dirigida a niños a partir de tres años. En estos libros iremos descubriendo cómo pueden colaborar los pequeños en las tareas domésticas.

Álex, el protagonista de esta historia, es capaz de recoger las cosas de su cuarto, ayudar en la cocina, preparar la cena o cuidar a su perro, integrando estas acciones en la rutina familiar.

La familia de Álex

Papá y mamá de Alex

Álex vive con su mamá y su papá. Su madre es escritora, y su padre, profesor. Ellos cuidan de Álex y de su hermana. Álex se siente muy orgulloso cuando puede ayudarles con las tareas.


Hermanita de Alex

Lucía es la hermanita de Álex. A Álex le gusta enseñarle sus nuevos juguetes y darle abrazos, pero no le gusta el olor de sus pañales, y se pone triste cuando ella llora.




Toby es el perrito de Álex. Es pequeño, marrón, tiene grandes orejas y mueve la cola cuando está contento. Álex ayuda a cuidar a Toby: le da de comer y juega con él. Es su mejor amigo.




Los libros de Álex








El Ratón Perez y la caída de los dientes

¿Se cayó el primer dientito? ¡Qué alegría! Pero también, ¡qué susto! ¿Y ahora qué va a pasar? ¿Se me van a caer todos? La caída de los dientes causa en los chicos mucha ilusión pero, a la vez, muchas preocupaciones. Por suerte está el Ratón Perez que, con sus regalos, viene a calmar las ansiedades. A continuación, la historia de este ratoncito.

Para niñas y niños desde 5 años

El Ratón PerezHoy les voy a contar una historia, la historia del Ratón Perez. O sea, mi historia, la historia de un ratón trabajador.

Toda mi familia y yo vivíamos en una pequeña cueva. Sí, papá Ratón Perez y mamá Ratita Anita. Nuestra cuevita era, como toda casa de ratones, un agujerito (ni muy grande ni muy chiquito) para que no nos pudiese atrapar ningún gato.

Dentro había pelusas para que nos sirvieran de abrigo en invierno, pedacitos de periódico para que papá supiera siempre qué estaba pasando en el mundo, quesitos duros, blancos, con agujeros y sin agujeros (son nuestros preferidos).


Un día tuve una idea: ¡mudarnos!, pero a una casa distinta de las demás. Una casa muy grande, cómoda, limpia y muy blanca. Pensé y pensé y decidí que lo mejor sería ir a vivir a un castillo. Fui corriendo y se lo conté a mi familia; todos saltaron y movieron sus colitas con alegría.

¡Tendríamos un castillo sólo para nosotros, sin gatos y con muchos quesitos!

Y entonces surgió el gran problema, ¿con qué lo construiríamos?

Mamá pensó: con pelusas, pero... duraría muy poco.

Papá dijo: ¡con papel! No, se volaría rápidamente.

En ese momento se me ocurrió una idea genial: proponerles a todos los niños del mundo que, cuando se les cayeran los dientes, me los entregasen a mí, para poder construir con ellos el mejor y más blanco castillo que nunca se hubiera visto ni imaginado.

Eso sí, con una condición: como soy muy vergonzoso, los dientes que se les vayan cayendo deberán dejarlos debajo de la almohada, para que, cuando estén durmiendo, yo pueda pasar a buscarlos muy despacito y sin hacer ni un solo ruidito. Pero, ¡atención!

Como somos ratones agradecidos y nos gusta dar sorpresas, van a ver que me voy a llevar el diente pero les voy a dejar algo a cambio. ¿Qué? ¡Ah!, no, no se dice, si lo hiciera, dejaría de ser una sorpresa.

¿Saben qué? Me gustaría que mi castillo fuera el más grande, que sus dientecillos (dientes que son ladrillos) estén siempre limpios, fuertes y muy cuidados. Por eso, acordate de mí y cuidalos mucho, cepillándolos como corresponde, no comiendo demasiados caramelos y visitando seguido al dentista.

Y recordá que "ya en la época de mis abuelitos, el Ratón Perez juntaba dientecitos. Por eso, como dijo mi tío Martín, éste es un castillo que no tiene fin".


 La historia del Ratón Perez con imágenes



 Diplomas para darles a los chicos cuando se les caen los dientitos


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13 jun. 2014

10 consejos para mejorar la ortografía

Errores de ortografía
Un ejemplo de mala ortografía.
Para muchos, la buena ortografía es algo carente de toda importancia. Hay incluso quienes se enorgullecen por usar la "k" en vez de la "q", de prescindir de la "h", de cambiar "s" por "c" y viceversa, entre tantas otras barbaridades.

Pero lo cierto es que una buena ortografía no sólo es útil en el colegio para conseguir una buena calificación de la maestra. También sirve para ordenar mejor nuestros pensamientos y para dar una buena imagen de nosotros mismos al momento de redactar cualquier escrito. El ejemplo más típico: cuando necesitemos escribir una carta para acompañar un curriculum vitae en una búsqueda de trabajo.

Aunque muchos lo hacen a propósito, también los hay quienes cometen muchos errores de ortografía sin proponérselo. Para aquellos que tengan deseos de cambiar esos malos hábitos de escritura vayan los siguientes consejos:

1. Poner atención a todo lo que se escribe. Muchos errores ortográficos se deben a que se escribe sin prestar la suficiente atención.

2. Escribir con tiempo y con calma. Cuando se escribe muy rápido, es común que se pasen por alto muchas reglas ortográficas. Una coma o un acento omitido pueden cambiar el sentido de una oración.

3. Revisar lo que se escribe, leyéndolo al menos dos veces. Una buena práctica es leer y releer el texto que se está escribiendo antes de entregarlo, imprimirlo o enviarlo. Aunque un texto parezca bien escrito a primera vista, cuando se lo mira con detenimiento se le pueden detectar errores de sintaxis y semántica.

4. Conocer las reglas ortográficas, y buscar ejemplos en libros, diarios o revistas en donde se apliquen dichas reglas. Llegará el día en que nos encontremos orgullosos de encontrar errores en textos impresos importantes y sentir pena por quien los escribió.

5. Usar herramientas automáticas. Uno se puede tener mucha confianza y creer que es inmune a los errores ortográficos. Pero errar es humano (¿o era herrar es umano?) y hasta el escritor más avezado es propenso a cometer algún error de vez en cuando. Por tal razón, no está de más pasar nuestros textos por un corrector ortográfico de la compu luego de que nuestro ojo entrenado haya eliminado los errores más groseros.


6. Buscar otros puntos de vista. Mostrar nuestros escritos a un amigo es una buena forma de detectar posibles mejoras de ortografía, semántica e incluso estilo. Y, según qué tan buen amigo sea, nos dirá si le gustó o no lo que escribimos.

7. Chatear sin errores de ortografía. Quien acostumbra a chatear por celular o por computadora, seguramente encontrará muchos errores cometidos por personas que usan estos medios, viéndose tentado a repetirlos. A veces es bueno ir contra la corriente; aunque todos cometan errores al chatear, seamos distintos e impongamos la "moda" de escribir como corresponde.


8. Practicar con frecuencia. Muchas personas escriben mal porque se han acostumbrado a hacerlo de forma inconsciente durante muchos años. Esto puede revertirse buscando acostumbrarse a lo contrario. La forma es mantenerse consciente de lo que se escribe y procurar hacerlo de forma correcta. Mientras más se practica, mejor se escribe.

9. Incorporar la buena ortografía en la rutina cotidiana. Ponerse como objetivo escribir todos los días algún texto de forma correcta. Esto hará que la mente trabaje de mejor manera y asimile las reglas ortográficas.

10. Adquiere el hábito de la lectura. Para ser un buen escritor, se debe ser un mejor lector. En general, los libros impresos han sido revisados y por ende poseen una buena ortografía. El estar siempre en contacto con textos de calidad crea poco a poco un diccionario mental que actúa como un corrector ortográfico instintivo.

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10 jun. 2014

Pequeña antología de cuentos de fútbol

Messi con la pelota del MundialPara estar a tono con los días que vivimos, publicaremos una breve antología de cuentos sobre el tema que domina las pantallas, las radios, los diarios y las publicidades: el fútbol. Algunos inéditos y otros de grandes como Roberto Fontanarrosa y Eduardo Sacheri, pero todos con algo en común: la pasión por patear la n° 5.

La Mano De Dios desde un Bar en Fiorito
La tarde llegó lenta al bar de aquella esquina. De a poquito se fueron poblando todas las mesas. No era un día común, la selección argentina jugaba contra los ingleses...
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Por Ella
Los muchachos se pelean por tenerla aunque sea un instante para demostrarle que nadie la va a tratar mejor. Pero ella va sin más deseos que el de ser acariciada, sin mas deseos que el de ser respetada por lo que es.
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El Ayudante de Papá Noel
No recuerdo exactamente cómo fue que decidí aceptar la tarea, pero si les puedo asegurar que el primer día como ayudante de Papá Noel no fue precisamente como esperaba.
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Cuentos e historias (Fontanarrosa)
Un paso más atrás. Dos más atrás. Tres. Ahí está bien. Ya está la barrera formada. Una baldosa más acá. Un momento. Ante todo, sacar las cosas del arco.
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Esperándolo a Tito (Sacheri)
Yo lo miré a José, que estaba subido al techo del camión de Gonzalito. Pobre, tenía la desilusión pintada en el rostro, mientras en puntas de pie trataba de ver más allá del portón y de la ruta. Pero nada: solamente el camino de tierra, y al fondo, el ruido de los camiones.
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Las reglas del picado
Se va cuando el balón sube a la vereda y vale hacer rebotar la pelota contra el cordón, una cuestión que aunque algún desprevenido podría tildar de sin importancia, requería de una técnica especial que permitía realizar unas paredes memorables...
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La Pulga y El Fideo
La vida es eso que pasa mientras miramos la pantalla del celular. Ese aparatito endemoniado roba nuestra atención, impidiéndonos mirar a otras personas a los ojos y haciéndonos pasar por alto las cosas más importantes. Eso es justo lo que le pasó a Jose, el protagonista de esta historia.
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9 jun. 2014

Los sueños de Doña Medialuna

Un cuento inspirado en las creaciones de la artista plástica Camila Valdez, que representan comidas con personalidad.

Para niñas y niños de 5 años en adelante

Doña MedialunaMmmmmm, qué delicia! -dijo Doña Medialuna, al ver esa mullida almohada, esas sábanas suaves y ese colchón esponjoso. Claro, estaba totalmente agotada después de tanto ser amasada, horneada y almibarada. Y sin más ni más, se metió en la cama y se puso a dormir.

Donna LilaSoñó con sus amigas y amigos de la pastelería. Con Donna Lila, esa regordeta a la que le gusta descansar reposando sus piernas sobre una oblea, y con don Helado, ese caballero siempre de punta en blanco, con su infaltable galera inclinada a un costado, que le pide permiso para poder acercarse a ver a la estrella... a Bombonita, ¿a quién sino? Todos quieren ver a Bombonita, esa bombona helada gigante, sentada con las piernas cruzadas, tan distraída que ni se dio cuenta de que algún goloso le mordió una esquinita.

Don HeladoY siguió soñando Doña Medialuna, hasta que se despertó para darse cuenta de que se había quedado sola en la batea de la panadería, pues ya había pasado la hora del desayuno y casi todas las facturas habían partido. El pastelero, dándose cuenta de la desolación de la pobre medialuna, cariñosamente la decoró con una cobertura rosada que la hizo visible a la distancia. Y no tardó en aparecer quien quiso llevársela presuroso a la mesa de un finísimo brunch.

Para sorpresa de Doña Medialuna, cuando fue expuesta en la mesa, a su alrededor estaban todos los personajes de su sueño, recreando una escena que recordaba a la fiesta del té en Alicia en el País de las Maravillas.

BombonitaLa mesa del té

7 jun. 2014

Nos invade la fiebre del mundial

Mundial Brasil 2014Fútbol, fútbol, fútbol en todas partes. Empieza esa época que se repite cada cuatro años y en la que, durante un mes, se para el mundo y toda la gente se pone a mirar por la tele (o directamente, para los que están en Brasil en estos días) los partidos con los mejores jugadores que cada país tiene para poner en la cancha. A los que no nos interesa mucho el fútbol, durante un mes nos empieza a gustar, nos aprendemos los nombres de los jugadores (los de nuestra selección y los de las otras también), miramos los partidos, nos apasionamos, festejamos y lloramos.

En este blog no logramos escapar de la fiebre del mundial (¡y encima nos gusta!). Si te fijás en nuestro banner, notarás que se colaron algunos objetos que normalmente no están ahí. ¿Te animás a descubrir cuáles son? Es fácil, son cinco objetos que durante el próximo mes vas a estar viendo mucho en los diarios, en la tele, en Internet, en fin, en todos lados.

Aunque este blog se ve en todas partes, hay un sentimiento que es más fuerte que nosotros y no podemos ocultar, así que, aquí va: ¡vamos Argentina!

Y para el resto de los equipos, ¡la mejor de las suertes!

Vamos Argentina Mundial 2014

6 jun. 2014

Cuentos cortos infantiles: la selección

Después de haber publicado cientos de cuentos en este blog, la gran mayoría inéditos y originales, estamos en condiciones de hacer un ránking de los que más gustaron, en base a las votaciones de nuestros lectores. A continuación, el top-ten de ¡Puros cuentos!



1° - La amistad es para siempre
La historia de tres amigos que un día juraron que su amistad duraría para siempre.


2° - Cuello duro, de Elsa Borneman
A la jirafa Caledonia le dolía el cuello. Por suerte sus amigos vinieron a ayudarla.


3° - Los tiempos verbales en los cuentos
Para entender mejor a los tiempos verbales conviene ver cómo se usan en un cuento.


4° - Feliz año viejo
Era un fin de año como cualquier otro, hasta que Pablito se encontró con un intrigante señor mayor.


5° - Don Fresquete
Había una vez un señor todo de nieve que se llamaba Don Fresquete, tal como nos cuenta María Elena.


6° - El pequeño rey zaparrastroso
La entrañable historia de Eduardo Galeano sobre un muchacho al que le gustaba tocar la guitarra.


7° - El tesoro escondido
Uno de esos misterios cotidianos que se revela en la forma de un tesoro, también cotidiano.


8° - La princesa caballerosa y el caballero princesoso
¿Por qué siempre son los príncipes los que pelean gallardos contra los dragones?


9° - El orejón, un cuento sobre bullying
Un cuento en pro de la autoestima y la tolerancia. Dirigido a los niños que sufren de bullying.


10° - La curiosidad de Griselda
Una chica con una curiosidad demasiado fuerte, a quien sus amigos le jugaron una broma.

¡Muchas gracias a todas y todos por sus votos! Nos llena de orgullo que los cuentos de nuestra autoría hayan quedado ubicados entre las obras de genias como María Elena Walsh y Elsa Borneman.

3 jun. 2014

Melancolías matemáticas

Un relato sobre las dudas a la hora de elegir una orientación vocacional, contado por alguien que se debatió entre el interés por las artes escritas y la dureza de las ciencias exactas.

Para chicas y chicos de 10 años en adelante

Resolviendo una ecuaciónEs bien sabido que los científicos, los buenos científicos, guardan toda su pasión para sus experimentos, sus descubrimientos o sus teorías. Por tal razón se los cree fríos e insensibles, incapaces de experimentar los sentimientos que son normales para cualquier otro ser humano. No es mi caso; o bien no soy un buen científico, o soy una excepción a la creencia antedicha.

Mis estudios y mi carrera siempre giraron en torno a las inequívocas verdades de las ciencias exactas. Sin embargo, al ser mi corazón totalmente permeable a la sensiblería mundana, se mezclaban en mi cabeza los estrictos conceptos de la ciencia con los confusos e inexplicables razonamientos del corazón.

En el colegio secundario, en medio de alguno de los muchos desengaños amorosos vividos durante la adolescencia, tuve que exponer ante la clase los corolarios del teorema de Thales. Al querer explicar el concepto de rectas paralelas, afloraron mis sentimientos, distorsionando todo lo que había estudiado al respecto:

“Las rectas paralelas son la representación matemática del amor imposible: dos almas gemelas condenadas a no encontrarse jamás, siempre separadas por la misma distancia, sin principio ni fin, mirándose una a la otra por toda la eternidad, sin posibilidades de llegar a tocarse. Su mayor esperanza descansa en algo que les dijeron, pero que no pueden comprobar: que llegarán a tocarse en el infinito, ese lugar al que nunca se llega. También abrigan la esperanza de toparse algún día con alguna geometría no euclidiana, alguna realidad alterna, algún espacio curvo que les permita burlar a su cruel destino de soledad”.

De más está decir que la profesora de matemática, sin entender ni una palabra, calificó mi exabrupto sentimental con un rotundo cero. Es una pena que no haya pasado por allí en ese momento la profesora de literatura.


Al finalizar mi adolescencia, pensé que esa ambivalencia sentimental/científica desaparecería, dejándome sólo la parte científica. Pero no fue así.

En la universidad, mientras estudiaba Análisis matemático I, la teoría de los límites de funciones me llevó a reflexionar sobre la existencia del infierno y de los tormentos eternos. Mientras la profesora explicaba, yo tomaba apuntes, pero los teñía con mis delirios filosóficos:

“Los límites son instrLímite de una funciónumentos creados por el demonio para atormentar a las impías funciones acotadas. El límite es un valor utópico al que una función acotada no puede llegar, por más esfuerzos que haga. Irónicamente, el alcanzar ese valor es prácticamente la razón de la existencia de la función, a tal punto que, si se mira a la distancia, el nacimiento y crecimiento de la función pierden toda su relevancia, y sólo puede observarse su inútil esfuerzo por alcanzar el límite que le fue impuesto”. “Pero la crueldad de los límites va más allá. La teoría de los mismos dice que la función podrá ‘llegar tan cerca del límite como lo desee, pero sin llegar a tocarlo nunca’. Dicho de otro modo, si la función pudiera asomarse fuera del plano y espiar hacia su futuro, gracias a la imprecisión de las representaciones numéricas creería que, si se esfuerza un poco más, podrá llegar finalmente a tocar el tan ansiado límite. Pero luego de hacer el esfuerzo, se encontrará con la desdicha de que sólo se ha acercado un poco, y el límite le seguirá siendo esquivo”.

Cuando llegó el momento de estudiar para los exámenes, mis apuntes no servían para nada. Tuve que cursar Análisis Matemático I dos veces, y en el examen final a duras penas obtuve un cinco (gracias a que conmoví a la profesora con una analogía entre la integración de funciones y la plenitud del alma).

En Álgebra también tuve problemas. Cuando el profesor explicó cómo se calcula el módulo de un número –operación matemática que iguala a los valores negativos con los positivos– yo asocié ese concepto con el mecanismo de confesión y arrepentimiento propio de la iglesia católica, el cual deja a justos y pecadores en iguales condiciones ante los ojos de Dios.

En la actualidad, mis estudios universitarios ya han concluido. Pero todavía no pude terminar mi tesis de licenciatura, a falta de un profesor que quisiera apadrinar mi trabajo, presentado con el título de “La teoría del caos aplicada a la predicción de éxito en los intentos por conocer chicas”.

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