24 may. 2014

La ranita mentirosa

A la ranita de este cuento le gustaba tanto mentir que hasta se mentía a sí misma. Y esa costumbre le costó cara. Por Elizabeth Flores.

Para niñas y niños de 6 años en adelante.

En un oscuro y frío pantano del reino de la selva vivía una vanidosa ranita. Era extremadamente mentirosa, tanto... tanto que se mentía a ella misma. Muy cerca de su hábitat había un cristalino y fresco manantial, y cuando el sol besaba el agua, ella llegaba para verse como en un espejo. En una calurosa tarde cuando el indomable sol asomaba sus ojos, salió como de costumbre a darse un bañito; posó en una roca frente a la desnudez del manantial y se dijo: ¡Qué bella princesa soy! ¡Nadie puede ser más bella que yo! Soy la reina de este lugar.

Presa de sus pensamientos vanos salió dando saltitos y mas saltitos para ser admirada por todos. Creyéndose mirador de toda la fauna se quedó coqueteando en medio de las sombreadas pasarelas; de una encina se escurrió una serpiente y con audacia le dijo: ¿Tú eres la rana que ensordece mis oídos con tan escandaloso canto?

Con vanidad contestó: Mi canto es mágico y fantástico, propio de una princesa, la única en este reino. Al escuchar las palabras de la rana, la serpiente se enfureció y empezó a perseguirla. La ranita corrió tanto que olvidó el camino al pantano y se perdió en la oscuridad de la selva.

Todas las noches a la luz de la luna soñaba con regresar a su casita y lloraba amargamente junto a los grillitos que le acompañaban.

Una libélula que danzaba entre las flores observó su tristeza y le preguntó: ¿Si te enseño el camino a tu morada no mentirás más?

Muy feliz contestó: Si amiguita, ayúdame, ayúdame por favor y prometo no mentir nunca mas.

La libélula iluminó el tenebroso sendero, mientras repetía las consecuencias de la mentira. Siendo ésta un veneno que mata a la ilusión.

Al regresar a casa continuó muy feliz sus quehaceres, recordando la promesa por cumplir.

Fuente: Mundopoesia.com