31 may. 2014

Concurso: XXX Premios Literarios Jaén 2014

Género:  Novela, poesía, juvenil
Premio:  16.000 € y edición
Abierto a:  sin restricciones
Entidad convocante:  CAJAGRANADA a través de las Editoriales Almuzara, Hiperión y Montena
Fecha de cierre: 20/06/2014

Es un concurso abierto a escritores de cualquier nacionalidad, siempre que presenten obras escritas en castellano, que sean originales e inéditas, y que no hayan sido premiadas en ningún otro concurso.

Se puede participar en tres categorías: novela, poesía y narrativa juvenil.

Para ver las bases completas del concurso, hacé clic aquí.

28 may. 2014

Los tres chanchitos

Este cuento infantil es un clásico entre los clásicos. Los tres chanchitos, o Los tres cerditos, o Los tres cochinitos, es una fábula con personajes animales personificados. Las primeras ediciones datan del siglo XVIII, pero se piensa que la historia es mucho más antigua. Este cuento se popularizó en el folclore universal gracias a la versión de dibujos animados hecha por Walt Disney en 1933.

Para niñas y niños de 5 años en adelante.

En el medio del bosque vivían tres cerditos. El más grande se encargaba de buscar la comida y cuidar a sus dos hermanos menores, quienes lo único que hacían era jugar entre los árboles y con los demás animalitos.

Un día llegó al bosque un lobo feroz, y en cuanto vio a los tres cerditos gorditos (porque estaban muy bien alimentados) comenzó a planificar cómo atraparlos para comérselos.

El cerdito mayor, que adivinó las intenciones del lobo, reunió a sus hermanos y los mandó a que cada uno construyera una casa para protegerse.

El cerdito más pequeño, que era el más vago de los tres, sólo pensaba en jugar y la sola idea de trabajar lo ponía de mal humor. Así que construyó una casa con pajas para hacerla rápido.

El cerdito del medio, al ver a su hermano jugando, apuró su trabajo e hizo su casa con unas maderas.

El cerdito mayor, en cambio, trabajó todo el día en una casa de piedras para que fuera más resistente.

Días más tarde, mientras los tres jugaban en el bosque, escucharon unos ruidos extraños y vieron unos arbustos moverse. Los cerditos menores no le dieron importancia y siguieron en lo suyo, pero el mayor, que era más precavido, se acercó a los arbustos y pudo ver la nariz del lobo asomándose por uno de ellos. Corrió tan rápido como sus pequeñas patas le permitían, y con la respiración entrecortada gritó:

los tres chanchitos-¡El lobo, el lobo!

Cada uno de los cerditos entró en su casa con mucho, pero mucho miedo.

El lobo fue hacia la casa de paja, y el chanchito que estaba dentro se escondió temblando
y rogando que no le pasara nada.

-Soplaré, soplaré y tu casa derribaré- gritó el lobo. Sopló, y las pajas se desparramaron por el bosque.

El cerdito, totalmente indefenso, corrió a la casa de su hermano. Y de nuevo escucharon:

-Soplaré, soplaré y tu casa derribaré- y el lobo sopló sopló y no pasó nada, pero tomó más aire y sopló tan fuerte que las maderas cayeron unas encima de otras. Los cerditos salieron de entre las maderas y se encontraron con la cara del lobo hambriento; reunieron coraje y corrieron a refugiarse con el hermano mayor.

El lobo se encaminó hacia allí. Pero como esta casa estaba construida con material más fuerte, el lobo soplaba y soplaba, y no pasaba nada. Al darse cuenta de que no podía derribarla, se enfureció, buscó un tronco y subió a la chimenea.

tres chanchitos contentosMientras tanto, los cerditos, guiados por el mayor, quien intuía la idea del lobo, llenaron una olla de agua hirviendo y la colocaron debajo de la chimenea de forma tal que, cuando el lobo bajó por ella, cayó dentro de la olla.

Los aullidos del lobo, al quemarse la cola, fueron escuchados en todo el bosque. Durante años los cerditos menores contaron las hazañas de su hermano mayor para echar al lobo, quien muy frustrado, nunca más volvió a molestar a los cerditos.


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24 may. 2014

La ranita mentirosa

A la ranita de este cuento le gustaba tanto mentir que hasta se mentía a sí misma. Y esa costumbre le costó cara. Por Elizabeth Flores.

Para niñas y niños de 6 años en adelante.

En un oscuro y frío pantano del reino de la selva vivía una vanidosa ranita. Era extremadamente mentirosa, tanto... tanto que se mentía a ella misma. Muy cerca de su hábitat había un cristalino y fresco manantial, y cuando el sol besaba el agua, ella llegaba para verse como en un espejo. En una calurosa tarde cuando el indomable sol asomaba sus ojos, salió como de costumbre a darse un bañito; posó en una roca frente a la desnudez del manantial y se dijo: ¡Qué bella princesa soy! ¡Nadie puede ser más bella que yo! Soy la reina de este lugar.

Presa de sus pensamientos vanos salió dando saltitos y mas saltitos para ser admirada por todos. Creyéndose mirador de toda la fauna se quedó coqueteando en medio de las sombreadas pasarelas; de una encina se escurrió una serpiente y con audacia le dijo: ¿Tú eres la rana que ensordece mis oídos con tan escandaloso canto?

Con vanidad contestó: Mi canto es mágico y fantástico, propio de una princesa, la única en este reino. Al escuchar las palabras de la rana, la serpiente se enfureció y empezó a perseguirla. La ranita corrió tanto que olvidó el camino al pantano y se perdió en la oscuridad de la selva.

Todas las noches a la luz de la luna soñaba con regresar a su casita y lloraba amargamente junto a los grillitos que le acompañaban.

Una libélula que danzaba entre las flores observó su tristeza y le preguntó: ¿Si te enseño el camino a tu morada no mentirás más?

Muy feliz contestó: Si amiguita, ayúdame, ayúdame por favor y prometo no mentir nunca mas.

La libélula iluminó el tenebroso sendero, mientras repetía las consecuencias de la mentira. Siendo ésta un veneno que mata a la ilusión.

Al regresar a casa continuó muy feliz sus quehaceres, recordando la promesa por cumplir.

Fuente: Mundopoesia.com


22 may. 2014

La resurrección de Clementina

En este cuento se mezcla la ficción con un hecho real de la historia argentina, que fue el desmantelamiento de la computadora Clementina, la primera que se instaló en Argentina con fines científicos.

Para lectores y lectoras de 13 años en adelante

Computadora Clementina
Computadora Clementina.
La lluvia anegaba el playón de estacionamiento del pabellón I de Ciudad Universitaria. Aunque eran apenas las nueve de la mañana, la oscuridad del cielo hacía pensar que estaba anocheciendo. De pie junto a la ventana del laboratorio de meteorología, Eugenia miraba la lluvia, preguntándose si el agua los dejaría salir de allí ese día.

–El Niño está más enojado que nunca –dijo a Rolando, quien se encontraba muy concentrado revisando datos en una resma interminable de hojas de impresora y trazando gráficos en una planilla milimetrada.

–Muy enojado –contestó Rolando, medio distraído–. Más de lo que pensábamos.

Eugenia se sentó frente al escritorio en el que Rolando desplegaba la resma.

–¿Y? ¿Descubriste algo? –le preguntó.

–Algo descubrí, pero no me gusta nada. Creo que se está subestimando el impacto hidrológico de las tormentas que se vienen.

Los dos meteorólogos se quedaron mirando los datos y los gráficos durante un par de minutos, al cabo de los cuales Eugenia rompió el silencio.

–¿Eso quiere decir... inundaciones?

–Sí. Muchas, y muy grandes.

–¿Qué tan grandes?

–Es difícil de decir a simple vista. Necesitaríamos procesar toda esta información –Rolando extendía las hojas de la resma como para hacer más evidente el gran volumen de datos que contenía– y generar simulaciones. Y no creo que tengamos suficiente tiempo para esto... a menos que...

Un violento trueno interrumpió la frase y el pensamiento de Rolando, sacudiendo los muros del pabellón, seguido por el bramido de las turbinas de un Boeing 737 que a duras penas lograba acertarle a la pista del Aeroparque.

18 may. 2014

Antología de terror de ¡Puros Cuentos!

Hemos recopilado los cuentos de miedo (o que ayudan a vencer el miedo) publicados desde los principios de este blog, para aquellos a los que les gusta leer historias y asustarse un poco. ¡Que los disfruten!




Cuentos que ayudan a vencer el miedo



Vicisitudes de chiquilín, parte II: Los miedos de Beto



Sombra Negra (¡un cuento de terrorrrr!)



El león de la panza



¡No queremos más Halloween!

15 may. 2014

Cuento matemático: la historia de Isósceles, el triángulo

En este cuento se explican las características que distinguen a cada clase de triángulo, de una forma amena y entretenida. Por Nilsa M. Rodríguez. Fuente: http://cremc.ponce.inter.edu/carpetamagica/isoceles2.htm

Para niñas y niños de 7 años en adelante.

Érase una vez un niño llamado Isósceles. Se mudó a un pueblo llamado Pocomás. Estaba emocionado pues asistiría a una nueva escuela al comenzar el quinto grado.

En su primer día de clases, su maestra, llamada Geometría, presentó a todos sus compañeros de clase, por sus nombres, entre ellos se encontraba un niño llamado Cuadrado, otro Rectángulo, también Trapecio, Rombo y Paralelogramo. Isósceles miró a todos lados, y se percató de que sus compañeros eran muy diferentes a él.

La maestra asignó que escribieran sobre su familia y que construyeran su árbol familiar. Isósceles fue a su casa y le narró a su mamá lo sucedido. “Hijo mío, te contaré la historia de nuestra familia y construirás tu árbol familiar. Mi padre (tu abuelo), se llamaba Rectángulo, era un hombre de carácter fuerte y muy recto en sus ideas. Mis hermanos, muy diferentes y opuestos en sus pensamientos. Tenían por nombres Obtusángulo y Acutángulo, este último era un niño hermoso por  sus facciones perfectas. Tu padre, Escaleno, proviene de una familia muy pequeña. Su padre se llamaba Equilátero, fue un gran hombre, con valores incalculables y muy justo con el prójimo”.

De esta manera Isósceles construyó su árbol familiar y lo presentó a su maestra, la Sra. Geometría. Ella quedó muy complacida con su trabajo. La maestra les explicó que no todas las familias son iguales, ni su número de componentes tampoco.

“Mamá” , preguntó Isósceles, “¿Por qué yo no me parezco a mis compañeros de clase? Ellos son más corpulentos y más fuertes que yo”.

“Isósceles”, contestó la mamá, “no todos pertenecemos a la misma  familia, ni llevamos el mismo apellido. Posiblemente ellos pertenecen a la familia de los Cuadriláteros”.

“Sí, mamá, también me he dado cuenta de que nosotros nos parecemos pero no somos iguales, mi abuelo y mi papá son diferentes a mí”.

“Hijo”, contestó su madre, “nosotros pertenecemos a una misma familia llamada Triángulos, y aunque nos parecemos en nuestra apariencia, no somos todos iguales. Nadie en el mundo es exactamente igual a otra persona”.

Isósceles pensó en la forma más rápida de construir su árbol familiar y lo diseñó en un diagrama muy claro.

Sus compañeros de clase comprendieron por qué Isósceles era diferente a ellos. Isósceles tuvo muchos amigos y comprendió que debemos amar al prójimo sin establecer diferencias.

14 may. 2014

Reseña del libro “La pregunta de sus ojos”, de Eduardo Sacheri

La pregunta de sus ojos es la primer novela del escritor argentino Eduardo Sacheri, más conocido por sus cuentos sobre fútbol y otros temas, recopilados en varios libros. Esta novela dio origen a la película El secreto de sus ojos, del director Juan José Campanella. A continuación, una breve reseña del argumento.

Para lectoras y lectores de 17 años en adelante.

Benjamín Chaparro es un ex-secretario de un juzgado de Buenos Aires, quien se encuentra retirado y, para ocupar su tiempo, decide convertirse en escritor y escribir un libro sobre un hecho ocurrido cuarenta años atrás. Le pide a Irene, quien fuera la jueza del juzgado y, por ende, su jefa, la máquina de escribir del juzgado, ya que él la apreciaba mucho y no quiere ponerse a aprender computación. El hecho sobre el que va a escribir es el caso mas resonante con el que se encontró en su vida profesional: el asesinato de Liliana Emma Colotto.



En 1968, Benjamín Chaparro empieza a investigar el crimen de una joven mujer, Liliana Colotto, brutalmente violada, y ayudar a su esposo, ahora viudo, Ricardo Morales. Chaparro le promete hacer todo lo posible para llevarlo ante la justicia. Es ayudado por su asistente y amigo, Pablo Sandoval. El compañero de Chaparro en el tribunal, Romano, acusa a dos trabajadores inmigrantes para deshacerse del asunto, lo cual enoja a Chaparro tras ver que ambos fueron torturados para que se declararan culpables y se enfrenta a Romano en un ataque de furia y le hace echar del lugar donde trabaja.

De vuelta al presente Benjamín decide llamar a Irene y pedirle que le facilite el expediente de la causa. Lo hace y él va al Archivo General de la Nación para buscar la causa y recordar algunos detalles.

Volviendo al pasado, Chaparro encuentra una pista al mirar unas viejas fotos de la joven asesinada, que le fueron dadas por Morales: en muchas de las fotos encuentra a un hombre, que miraba a la víctima de forma sospechosa y apasionada luego lo identifican como Isidoro Gómez. Morales le pide a su suegro en San Miguel de Tucumán que averigüe todo lo posible sobre él, este entrevista a la madre de él, que también vive allí ya que Liliana y Gómez crecieron juntos en Tucumán, y determina que vive y trabaja en Buenos Aires.
Cuando lo van a buscar al lugar donde había averiguado el suegro de Morales se encuentran con que el sospechoso dejo el trabajo y la pensión donde estaba justo un día después del asesinato, mientras Chaparro junto con Sandoval intentan hacer lo posible para que la causa no se encajone, y lo logran.

13 may. 2014

Concurso literario: "Premios Anuales de Literatura 2014" (Uruguay)

Género:  Poesía, novela, infantil, teatro y ensayo
Premio:  $35.000 más $ 15.000 de edición de la obra
Abierto a:  uruguayos
Entidad convocante: Ministerio de Educación y Cultura, a través de la Dirección Nacional de Cultura de Uruguay
Fecha de cierre: 06/06/2014

El concurso contempla las siguientes categorías y subcategorías:


1. Obras en verso y poemas en prosa

2. Narrativa
3. Literatura para niños
4. Teatro
5. Ensayos
6. Obras sobre Ciencias Sociales y Jurídicas
7. Obras sobre Investigación y Difusión Científica

Para ver las bases completas del concurso, hacé clic aquí.

10 may. 2014

La disputa de los colores (cuento infantil con diálogos)

De autor anónimo, este cuento resalta los valores de igualdad, respeto y diversidad.

Para niñas y niños de 6 años en adelante.

Un día los colores del mundo empezaron a discutir entre ellos, ya que cada uno pretendía ser el mejor, el más importante, el más bello, el más útil y favorito de todos.

El verde afirmó: “Yo soy el más esencial, es innegable. Represento la vida y la esperanza. He sido escogido como la hierba, los árboles y las hojas. Sin mí, los animales morirían. Mirad el campo y veréis que soy el que más presente está”.

El azul tomó la palabra: “Tú solo piensas en la tierra, pero olvidas el cielo y el océano. El agua es la base de la vida. Y el cielo nos da espacio, paz y serenidad. Sin mí, ninguno de vosotros seríais nada”.

El amarillo se rió ante esas palabras: “¡Que gracia me hacéis los dos!. Yo aporto la risa, la alegría y el calor al mundo. La prueba es que el sol es amarillo al igual que la luna y las estrellas. Y si miráis al girasol, él os mostrará que yo soy la vida, sin mí, no habría ningún placer en esta vida”.


La naranja elevó su voz entre el tumulto: “Soy el color de la salud y de la fuerza. Tal vez me ven menos a menudo que a vosotros, pero soy útil para las necesidades de la vida humana. Transporto las vitaminas más importantes. Pensad en las zanahorias, en las calabazas, en los mangos y papayas. No estoy presente todo el tiempo, pero cuando coloreo el cielo en los amaneceres o atardeceres mi belleza es tal que ya no se fija solo en vosotros, se fija en mí”.

El rojo, que se había mantenido al margen hasta ese momento, tomó la palabra alto y fuerte: “Soy el jefe de todos los colores, porque soy la sangre, la energía de la vida. Soy el color del peligro y de la valentía. Siempre estoy dispuesto a pelearme por una causa. Sin mí, la tierra estaría vacía como la luna. Soy el color de la pasión y del amor, de la rosa roja, de la poinsetia y de las amapolas”.

El púrpura se levantó y habló dignamente: “Yo soy el color de la realeza y del poder. Los reyes, los jefes y los obispos me escogieron porque soy el signo de la autoridad y de la sabiduría. La gente no me interroga, me escuchan y obedecen”.

Finalmente el índigo tomo la palabra con mucha más calma que los demás pero con la misma determinación: “Pensad en mí, soy el color del silencio. Quizás no me hayáis visto, pero sin mí, seríais insignificantes. Represento el pensamiento y la reflexión, la sombra del crepúsculo y las profundidades del agua. Me necesitáis para el equilibrio, el contraste y la paz interior”.

Y así, los colores, continuaron jactándose convencidos cada uno de ellos de su propia superioridad. Su disputa se hizo cada vez más fuerte.

Pero de repente, un relámpago apareció en el cielo y el trueno gruñó.

La lluvia comenzó a caer fuerte e, inquietos, los colores se acercaron unos a otros para sentirse más seguros.

Y en medio del clamor la lluvia tomó la palabra: “¡Idiotas! ¡No dejáis de discutir y cada uno intenta mandar sobre los demás! ¿No sabéis que cada uno de vosotros existís por una razón especial, única y diferente? Juntad vuestras manos y venid conmigo”.


Los colores obedecieron. Y la lluvia prosiguió: “De ahora en adelante, cuando llueva, cada uno de vosotros atravesará el cielo para formar un gran arco de colores y demostrar que podéis vivir juntos en armonía. El arco iris es un signo de esperanza para la vida y cada vez que la lluvia lave el mundo, un arco iris aparecerá en el cielo, para recordar al mundo que debemos amarnos los unos a los otros”.





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8 may. 2014

"El orejón", un cuento sobre bullying

Este cuento fomenta la autoestima y la tolerancia. Dirigido a los niños que sufren bullying.
Escrito por Álvaro Jurado Nieto, Colombia.

Era su segundo día de clases en el "Jardín Arco Iris". Henry se sentó en el primer pupitre del salón, del lado de la ventana, como le recomendó su mamá.

"Buenos días niños" dijo alegremente la profesora Mily. "Hoy vamos a estudiar algunos animales. Comenzaremos con el asno, ese animal tan útil a la humanidad, fuerte, de largas orejas y..."

"Como Henry " la interrumpió una voz, salida de la parte de atrás del salón. Muchos niños comenzaron a reír ruidosamente y miraban a Henry.


"¿Quién dijo eso?" preguntó la profesora, aunque sabía bien quién lo había dicho.

"Fue Quique", dijo una niña señalando a su lado a un pequeñín pecoso de 5 años.

"Niños, niños", dijo Mily con voz enérgica y poniendo cara de enojo. "No deben burlarse de los demás. Eso no está bien y no lo voy a permitir en mi salón".

Todos guardaron silencio, pero algunas risitas se oyeron todavía en varias partes.

Un rato después una pelota de papel golpeó la cabeza de Henry. Al voltear no vio quién se la había lanzado y nuevamente algunos se reían de él. Decidió no hacer caso a las burlas y continuó mirando las láminas de animales que mostraba Mily. Estaba muy triste pero no lloró.

En el recreo Henry abrió su lonchera y comenzó a comerse el delicioso bocadillo de guayaba con yogur que su mamá le había metido. Dos niños que estaban cerca le gritaron: "orejón, oye orejón, no comas tanto que va a salirte cola como un asno" y echaron a reír. Otros niños a su alrededor lo miraron y tocando sus propias orejas, sonreían y murmuraban. Henry entendió por primera vez, que de verdad había nacido con sus orejas un poco mas grandes que las de los demás. "Como su abuelo Manuel" le había oído decir a su papá una vez, pero no entendió a que se refería. "Ahora sí lo sé", se dijo.

De pronto se escucharon gritos desde el salón de música, del cual salía mucho humo.

Henry se acercó y vió a varios niños encerrados sin poder salir, pues algún niño travieso había colocado un palo de escoba en los cerrojos. A través de los vidrios se veían los rostros de los pequeños llorando, gritando y muy asustados. Dentro algo se estaba quemando y las llamas crecían rápidamente. Los profesores estaban reunidos en la parte de atrás del colegio y no se habían dado cuenta del peligro y ninguno de los niños se atrevía a hacer nada.

Henry sin dudarlo un segundo, dejó su lunchera y corrió hacia la puerta del salón, y a pesar del humo y del calor que salía de ella, agarró la escoba que la trababa y la haló con fuerza.


Los niños salieron de prisa y todos se pusieron a salvo.

Henry quedó como un héroe. Los profesores que venían corriendo al sentir los ruidos, lo abrazaron y elogiaron su valor. Los niños que se habían burlado de él por sus orejas, estaban apenados.

En casa, Henry contó todo lo sucedido a su familia, por lo que todos estaban orgullosos de él. Al día siguiente, ningún niño se burló de Henry. Habían entendido que los defectos físicos eran sólo aparentes, pero en cambio el valor de Henry al salvar a sus compañeros era más valioso y digno de admirar.

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Cinco influencers de éxito se unen en este libro para contar cinco historias de superación del acoso, algunas de ellas autobiográficas. El bullying se puede prevenir. Se pueden erradicar. Porque nadie debería sufrir acoso por ser quien es.
"La violencia y el abuso infantil no son fenómenos que atañan solamente a la familia o a la escuela. Son problemas que nos incumben a todos". A partir de esta premisa, Tere Vale ha escrito un texto de divulgación que permite al lector entender claramente qué es el bullying y cómo prevenirlo. Con agudeza y amena erudición, la autora reflexiona sobre temas como la violencia y su génesis, las opciones para disminuir la agresividad, el surgimiento del cyberbullying, así como las posibles formas de intervención ante el acoso escolar.

3 may. 2014

Fiesta de disfraces, un cuento de Woody Allen

A Woody Allen se lo conoce principalmente por sus películas, pero también es un prolífico escritor de cuentos, en los que vuelca el mismo humor ácido con el que se destacan sus guiones. En esta ocasión dejamos un poco de lado los cuentos para contar a los chicos cuando se van a dormir, para compartir un cómico relato de este comediante neoyorkino que podremos leer una vez que los niños estén durmiendo.

Les voy a contar una historia que les parecerá increíble. Una vez cacé un alce. Me fui de cacería a los bosques de Nueva York y cacé un alce.

Así que lo aseguré sobre el parachoques de mi automóvil y emprendí el regreso a casa por la carretera oeste. Pero lo que yo no sabía era que la bala no le había penetrado en la cabeza; sólo le había rozado el cráneo y lo había dejado inconsciente.

Justo cuando estaba cruzando el túnel el alce se despertó. Así que estaba conduciendo con un alce vivo en el parachoques, y el alce hizo señal de girar. Y en el estado de New York hay una ley que prohíbe llevar un alce vivo en el parachoques los martes, jueves y sábados. Me entró un miedo tremendo…

De pronto recordé que unos amigos celebraban una fiesta de disfraces. Iré allí, me dije. Llevaré el alce y me desprenderé de él en la fiesta. Ya no sería responsabilidad mía. Así que me dirigí a la casa de la fiesta y llamé a la puerta. El alce estaba tranquilo a mi lado. Cuando el anfitrión abrió lo saludé: “Hola, ya conoces a los Solomon”. Entramos. El alce se incorporó a la fiesta. Le fue muy bien. Ligó y todo. Otro tipo se pasó hora y media tratando de venderle un seguro.

Dieron las doce de la noche y empezaron a repartir los premios a los mejores disfraces. El primer premio fue para los Berkowitz, un matrimonio disfrazado de alce. El alce quedó segundo. ¡Eso le sentó fatal! El alce y los Berkowitz cruzaron sus astas en la sala de estar y quedaron todos inconscientes. Yo me dije: Ésta es la mía. Me llevé al alce, lo até sobre el parachoques y salí rápidamente hacia el bosque. Pero… me había llevado a los Berkowitz. Así que estaba conduciendo con una pareja de judíos en el parachoques. Y en el estado de Nueva York hay una ley que los martes, los jueves y muy especialmente los sábados…

A la mañana siguiente, los Berkowitz despertaron en medio del bosque disfrazados de alce. Al señor Berkowitz lo cazaron, lo disecaron y lo colocaron como trofeo en el Jockey club de Nueva York. Pero les salió el tiro por la culata, porque es un club en donde no se admiten judíos.

Regreso solo a casa. Son las dos de la madrugada y la oscuridad es total. En la mitad del vestíbulo de mi edificio me encuentro con un hombre de Neanderthal. Con el arco superciliar y los nudillos velludos. Creo que aprendió a andar erguido aquella misma mañana. Había acudido a mi domicilio en busca del secreto del fuego. Un morador de los árboles a las dos de la mañana en mi vestíbulo.

Me quité el reloj y lo hice pendular ante sus ojos: los objetos brillantes los apaciguan. Se lo comió. Se me acercó y comenzó un zapateado sobre mi tráquea. Rápidamente, recurrí a un viejo truco de los indios navajos que consiste en suplicar y chillar.