29 abr. 2014

¿Cuáles son los problemas de la literatura infantil?

Ante la pregunta del título, formulada en Yahoo Answers, la profesora de enseñanza preescolar Olivia Isabel C contestó lo siguiente:

"El peor problema es que los libros muchas veces no tienen los cuentos apropiados para la edad de los niños, con personajes que les interesen o acciones que ellos desean que ocurran. Muchos están escritos en forma muy compleja con palabras poco usadas en el lenguaje cotidiano y los niños no las entienden (por eso es necesario modificarlas por otros). Ocurre que la selección debe ser cuidadosa. No incluir violencia extrema, y colocar mucho humor y escenas absurdas que son las que mas atraen a los niños. Fomentar su imaginación y fantasía. Y dejar que el libro le sirva para pensar y les deje algo para aprender. Son inapropiados por que muchos escritores de niños no se sientan escucharlos y no saben lo que les interesa, por eso desde un escritorio el libro no es lo que los niños deban escuchar o leer. Buscar nuevos escritores y verificar que hay en el mercado y saber elegir".

Muy buen consejo Olivia, gracias!

También hubo otras respuestas. Una tal Dafu (cuya cuenta en Yahoo Answers aparentemente dejó de existir) agregó:

"No hay problema con la literatura infantil, basta tener información sobre buenos escritores. Por ejemplo, acá en Argentina: Ricardo Mariño, Graciela Montes, Silvia Shujer, etc. Y lo ideal es que los chicos tengan estimulación desde los padres y la escuela".

Bien, esperemos en algún momento aparecer en esa lista de autores. Finalmente, una contestadora asidua de Yahoo Answers apodada Tribecca sumó su opinión y algunos datos relevantes:

"Rocío Vélez de Piedrahíta, en su Guía de literatura infantil, señala varios mitos y problemas que han surgido en torno a la literatura infantil... pues hay quienes piensan que puede ser perjudicial, pues los mete de lleno en la irrealidad y no tiene ninguna utilidad para ellos... hay una tendencia bastante generalizada que consiste en darle al niño literatura 'que le enseñe algo', que lo instruya. 
Probablemente, la gran mayoría de los problemas que se han presentado en torno a la definición y práctica de la literatura infantil se deben principalmente a la poca valoración y respeto (a veces inconsciente) que se le da al niño, quien debe ser considerado un ser pensante, valioso, digno de respeto y atención, por lo cual la literatura que atraiga la atención infantil tampoco debe ser objeto de prejuicios. Sabemos, que en nuestro país sea por motivos diversos, principalmente de orden económico-social, la mayoría de nuestra población no lee. Así, la escuela se convierte en el lugar posible, aunque no el ideal, dado su carácter obligatorio, donde puede inculcarse al niño o al joven el hábito de leer".

Desde nuestro humilde rol como autores de este blog, procuraremos aportar todo aquel material que valore y respete a los niños, y a la vez los incentive a leer y les sirva para aprender.


24 abr. 2014

La profecía autocumplida, cuento de Gabriel García Márquez

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde: "No sé pero he amanecido con el presentimiento que algo muy grave va a sucederle a este pueblo".

El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice: "Te apuesto un peso a que no la haces". Todos se ríen. El se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Y él contesta: "es cierto pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo". Todos se ríen de él y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mama, o una nieta o en fin, cualquier pariente, feliz con su peso dice y comenta:

-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
-¿Y por qué es un tonto?
-Porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.

Y su madre le dice:

-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.

Una pariente oye esto y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero: "Deme un kilo de carne" y en el momento que la está cortando, le dice: "Mejor córteme dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado".

El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar un kilo de carne, le dice: "mejor lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar y se están preparando y comprando cosas". Entonces la vieja responde: "Tengo varios hijos, mejor deme cuatro kilos..." Se lleva los cuatro kilos y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata a otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor.

Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto a las dos de la tarde alguien dice:

-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?
-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!

Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.

-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.
-Pero a las dos de la tarde es cuando hace más calor.
-Sí, pero no tanto calor como ahora.

Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz: "Hay un pajarito en la plaza". Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito.

-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.
-Sí, pero nunca a esta hora.

Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.

-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.


Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde todo el pueblo lo ve. Hasta que todos dicen: "Si este se atreve, pues nosotros también nos vamos". Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.

Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice: "Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa", y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.

Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, le dice a su hijo que está a su lado: "¿Vistes mi hijo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?"

18 abr. 2014

Manual para ser niño, de Gabriel García Márquez

"Aspiro a que estas reflexiones sean un manual para que los niños se atrevan a defenderse de los adultos en el aprendizaje de las artes y las letras".

Con la frase anterior, Gabriel García Márquez inicia su "Manual para ser niño", en el que intenta rescatar a la creatividad primigenia que todos los niños traen de nacimiento del encasillamiento y encierro a los que se ve sometida durante años de educación escolar tradicional.

Del mencionado manual rescatamos unos párrafos en los que el querido escritor colombiano da su opinión sobre cómo debería incentivarse la lectura y la escritura durante los años de aprendizaje básico. Si bien habla en particular de Colombia, sin duda el concepto es aplicable a todos los países de habla hispana. A continuación reproducimos dichos párrafos.

¿Con qué se comen las letras?

Los colombianos, desde siempre, nos hemos visto como un país de letrados. Tal vez a eso se deba que los programas del bachillerato hagan más énfasis en la literatura que en las otras artes. Pero aparte de la memorización cronológica de autores y de obras, a los alumnos no les cultivan el hábito de la lectura, sino que los obligan a leer y a hacer sinopsis escritas de los libros programados. Por todas partes me encuentro con profesionales escaldados por los libros que les obligaron a leer en el colegio con el mismo placer con que se tomaban el aceite de ricino. Para las sinopsis, por desgracia, no tuvieron problemas, porque en los periódicos encontraron anuncios como éste: "Cambio sinopsis de El Quijote por sinopsis de La Odisea". Así es: en Colombia hay un mercado tan próspero y un tráfico tan intenso de resúmenes fotostáticos, que los escritores armamos mejor negocio no escribiendo los libros originales sino escribiendo de una vez las sinopsis para bachilleres. Es este método de enseñanza -y no tanto la televisión y los malos libros-, lo que está acabando con el hábito de la lectura. Estoy de acuerdo en que un buen curso de literatura sólo puede ser una gema para lectores. Pero es imposible que los niños lean una novela, escriban la sinopsis y preparen una exposición reflexiva para el martes siguiente. Sería ideal que un niño dedicara parte de su fin de semana a leer un libro hasta donde pueda y hasta donde le guste -que es la única condición para leer un libro-, pero es criminal, para él mismo y para el libro, que lo lea a la fuerza en sus horas de juego y con la angustia de las otras tareas.

Haría falta -como falta todavía para todas las artes- una franja especial en el bachillerato con clases de literatura que sólo pretendan ser guías inteligentes de lectura y reflexión para formar buenos lectores. Porque formar escritores es otro cantar. Nadie enseña a escribir, salvo los buenos libros, leídos con la aptitud y la vocación alertas. La experiencia de trabajo es lo poco que un escritor consagrado puede transmitir a los aprendices si éstos tienen todavía un mínimo de humildad para creer que alguien puede saber más que ellos. Para eso no haría falta una universidad, sino talleres prácticos y participativos, donde escritores artesanos discutan con los alumnos la carpintería del oficio: cómo se les ocurrieron sus argumentos, cómo imaginaron sus personajes, cómo resolvieron sus problemas técnicos de estructura, de estilo, de tono, que es lo único concreto que a veces puede sacarse en limpio del gran misterio de la creación. El mismo sistema de talleres está ya probado para algunos géneros del periodismo, el cine y la televisión, y en particular para reportajes y guiones. Y sin exámenes ni diplomas ni nada. Que la vida decida quién sirve y quién no sirve, como de todos modos ocurre.