4 feb. 2014

Todos somos héroes

Esta es la historia de un nene de siete años que se llamaba Pablo. A él le gustaban todos los súper héroes. Por eso sus papás, sus abuelos y sus tíos le regalaban siempre disfraces para su cumpleaños, el día del niño o navidad.

Así fue como llegó a tener los disfraces del Hombre Araña, de Batman y de Robin, de Superman, de Iron Man, el Capitán América, Thor, Flash, Aquaman, Linterna Verde, Hulk, Mister Increible… ¡Puf! ¡Eran muchos! Y él se pasaba casi todo el día disfrazado, excepto cuando iba al colegio.

Pablo volvía del cole todos los días caminando con su hermano Nacho, que era más grande que él y ya estaba en la secundaria. Un día, regresando a casa, Pablo y Nacho vieron a Bobby, el perrito de su vecina, enganchado de su correa en la reja de otra casa. Bobby solía escaparse para ir a pasear por el barrio y, a veces, le pasaban estas cosas.

Los chicos llamaron golpeando las manos y gritando, pero nadie salió, así que tuvieron que actuar por su cuenta. Primero Nacho intentó liberar a Bobby, pero su mano era muy grande, entonces Pablo, sin pensarlo dos veces, metió su manita por entre las rejas y lo destrabó.

Lo revisaron para ver si podía caminar y lo llevaron hasta su casa, donde sus dueños les agradecieron muchísimo.

Cuando llegaron a su casa, los chicos le contaron la historia a su mamá, que estaba muy asombrada y orgullosa y, abrazándolos, les dijo: “¡mis héroes!”.

Al día siguiente, Pablo les contó a todos sus compañeros lo que había hecho y ellos lo felicitaron durante toda la mañana.


A partir de ese momento, Pablo fue dejando de usar los trajes de súper héroe cada vez más, por que entendió que, aunque seas pequeño, podés hacer grandes cosas, sin disfraces, siendo vos mismo.

Y cuando creció llegó a ser el héroe de mucha gente, curando mascotas que llegaban a diario a su consultorio.

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