28 sept. 2013

Pímpate, de Beatriz Ferro


Un día Miguel tuvo que hacer algo muy importante. El dueño de la papelería le pidió, nada más ni nada menos, que llevara un rollo de papel a la casa de su cliente el dibujante.

–Mucha atención, a no estropearlo, tené cuidado –réquete recomendó el señor papelero.

Miguel contestó sisisisí y se fue con el rollo.

El día era tan lindo que las calles del barrio parecían caminitos de plaza. Miguel caminó al compás de pim pam, pim pam, dando suaves golpecitos con el rollo en el suelo. Hasta que, pímpate, el rollo se convirtió en un bastón bailarín.

Pímpate pam, pímpate pam, Miguel y su bastón llegaron a la esquina.

En la avenida había un lío de coches que protestaban con bocinas de trueno y clarinete. Entonces pímpate, el bastón se transformó en una batuta de director de orquesta y Miguel dirigió el gran concierto de bocinazos.

Cuando por fin cruzó la avenida, pímpate, la batuta se volvió remo.

Entonces el asfalto se volvió río y Miguel lo cruzó remando en canoa.

Desembarcó en la vereda de enfrente y caminó por el cordón pasito a paso con mu-chísi-mo-cui-da-do, como un equilibrista que avanza por la cuerda floja. Y pímpate, el remo se convirtió en la varilla del equilibrista más grande del mundo.

En eso pasó un colectivo y pímpate, la varilla se transformó en un fusil y el colectivo en una antigua diligencia. Miguel le apuntó con cara de Miguelete, el terrible bandido del Oeste.

En la cuadra siguiente la vereda se llenó de chicos que salían de la escuela. Pímpate, el fusil se volvió bastón de pastor y todos los chicos fueron corderitos blancos. Entonces Miguelito el bueno los arreó por el campo.

Cuando llegó a la casa del dibujante, el rollo ya no era nuevo y blanco sino medio cachi-cachivache.

–¿Qué es esto? –rugió el dibujante–. ¿Este es un rollo de papel hermoso y limpio? ¡Habrás venido jugando!

Miguel quiso explicarle que es muy difícil caminar con un rollo que a cada rato, pímpate pámpate, te da tantas ganas de jugar. Pero el dibujante no le dio tiempo porque lo agarró de un brazo, tomó el rollo de papel y fue derechito a la papelería, a quejarse, a protestar.

Con el rollo al hombro, caminó al compás de “¡Qué barbaridad! ¡Qué barbaridad!”. Entonces pímpate, el rollo volvió a convertirse en un fusil y el dibujante fue un soldado que marchaba un dos un dos.

El árbol de la vereda lo invitó a que le diera unos golpecitos en el tronco. Y claro, pímpate, el fusil se transformó en un hacha y el dibujante en el leñador más forzudo de todo el Canadá.

Más adelante saltaron un charquito. Pímpate. El hacha se volvió garrocha y el señor fue un campeón de salto muy aplaudido.

Faltaba poco para llegar a la papelería y Miguel caminaba al compás de “me van a retar, me van a retar, me van a retar”.

Cuando iban a cruzar la avenida, otra vez pómpate, el asfalto se convirtió en ancho mar, la garrocha en un catalejo y el dibujante en pirata Barbarroja.

–¡Atención mis hombres! –gritó mirando por el catalejo y señalando un camión– ¡Se acerca un ballenero a babor!

Entonces de repente se miraron con Miguel y tuvieron un ataque de risa.

Los dos pensaban lo mismo: “¿Viste qué difícil es caminar con un rollo de papel que, pímpate pámpete, te da tantas ganas de jugar?”.

Y llegaron a la papelería. Pero el dibujante, en vez de protestar, se compró otro papel.

El rollo se lo regaló a Miguel. ¿Para qué?

–Ya sé, esta noche se me vuelve telescopio y espío las lechuzas de la Luna.

Pímpate.



18 sept. 2013

¿En serio gira la tierra? (el péndulo de Foucault)

El péndulo de Foucault sirve para demostrar la rotación de la tierra. Pero, como se ve en la imagen de abajo, cumple otra función más interesante y primaveral, aunque menos científica: dibujar unas lindas flores.




7 sept. 2013

Premio Sigmar - Mosca de Literatura Infantil y Juvenil (Uruguay)

Un concurso para autores uruguayos residentes en la República Oriental del Uruguay. Las bases explican que el premio, de 40.000 pesos uruguayos, se entregará en concepto de anticipo de derechos de autor por la publicación de la obra por parte de Editorial Sigmar de Argentina.

El trabajo premiado formará parte de la Colección Telaraña de Editorial Sigmar, que llevará ilustraciones a color. La elección del ilustrador, así como el diseño y las características técnicas del libro, quedarán a criterio de la editorial. La distribución y comercialización del libro también estará a cargo de la editorial, la cual se ocupará de hacerlo llegar a todo el mercado hispanoparlante. En la distribución también participará la empresa uruguaya Mosca Hnos, de acuerdo a los términos convenidos entre Mosca y Sigmar.

Los autores podrán presentar novelas o antologías de cuentos dentro de cualquiera de los siguientes niveles:

  • Nivel lector (de 7 a 9 años): de 25.000 a 30.000 caracteres.
  • Nivel Muy lector (de 9 a 11 años): de 30.000 a 40.000 caracteres.
  • Nivel Mega lector (de 11 a 13 años): de 40.000 a 50.000 caracteres.

Hay tiempo para presentar los trabajos hasta el 15 de noviembre.

Las bases completas del concurso, aquí.

5 sept. 2013

El rapto de Perséfone, un cuento mitológico de primavera

Las diosas Démeter y Perséfone representaban para los pueblos de la antigüedad los poderes de la naturaleza, su transformación y la emergencia cíclica. En la antigua Grecia, el primer día de la primavera era el día en que Perséfone, prisionera bajo tierra durante seis meses, volvía al regazo de Démeter, su madre.

Perséfone
Perséfone
Cuenta Homero que en el sureste de Europa hubo un tiempo en el que reinaba la eterna primavera. La hierba siempre era verde y espesa y las flores nunca marchitaban. No existía el invierno, ni la tierra yerma, ni el hambre.

La artífice de tanta maravilla era Démeter, la cuarta esposa de Zeus. De este matrimonio nació Core, luego llamada Perséfone. Se trataba de una hermosa joven adorada por su madre que solía acercarse a un campo repleto de flores a jugar. Un día, pasó por allí el terrible Hades con su temible carro tirado por caballos. Se encandiló con Perséfone y la raptó para llevarla al subsuelo, su territorio. Démeter, al no encontrar a su hija y con una antorcha en cada mano, emprendió una peregrinación de nueve días y nueve noches. Al décimo día el Sol, que todo lo ve, se atrevió a confesarle quién se había llevado a su hija. Irritada por la ofensa, Démeter decidió abandonar sus funciones y el Olimpo. Vivió y viajó por la tierra. Esta se quedó desolada y sin ningún fruto ya que, privada de su mano fecunda, se seca y las plantas no crecen. Ante este desastre Zeus se vio obligado a intervenir pero no pudo devolverle la hija a su madre. Es que Perséfone ya había probado el fruto de los infiernos (la granada) y por eso le era imposible abandonar las profundidades y regresar al mundo de los vivos. Sin embargo, se pudo llegar a un acuerdo: una parte del año Perséfone lo pasaría con su esposo y, la otra parte, con su madre.


Lo que este mito indica es que cuando Perséfone regresa con su madre, Démeter muestra su alegría haciendo reverdecer la tierra, con flores y frutos. Por el contrario, cuando la joven desciende al subterráneo, el descontento de su madre se demuestra en la tristeza del otoño y el invierno. Así se renueva anualmente el ciclo de las estaciones y así explicaban los griegos la sucesión de ellas: el otoño y el invierno son tristes y oscuros como el corazón de Démeter al estar separada de su hija. La alegría y la serenidad retornan cuando vuelve con ella, es decir, cuando comienza la primavera.