29 mar. 2013

Costumbres de Semana Santa

¿Por qué estará tan feliz?
Llegan las vísperas de pascua y empezamos a hacernos las mismas preguntas de todos los años: ¿Por qué hay que comer pescado? ¿Y pollo no se puede comer? ¿La prohibición de comer carnes rojas es solamente para el viernes santo o hay que cumplirla también el jueves, el sábado y el domingo? ¿Hay que esperar hasta el domingo para comer los huevos de chocolate? ¿Por qué siempre en esta época aumenta el precio del bacalao?

Francamente, no creo que nadie se vaya al infierno por comer una hamburguesa el viernes santo. En lugar de preocuparnos tanto por esas obligaciones gastronómicas que supuestamente nos impone la religión, estaría bueno aprovechar estos días de ocio pascual para investigar un poco qué ocurrió hace más o menos 1980 años, en los últimos días de la vida terrenal de Jesús.

Los contemporáneos de Jesús le erraron un poco al suponer cuál era su misión. Los habitantes de Jerusalén pensaban que venía a librarlos de la opresión del imperio romano. A su vez, los romanos y las autoridades judías pensaban que venía a desafiar el poder establecido. Él insistía en que no venía a hacer nada de eso. Incluso los apóstoles fallaron en entender ciento por ciento cuál era su misión, aún cuando le pusieron la mejor voluntad para difundir su palabra y sus enseñanzas por todo el mundo.


Jesús enseñando a sus discípulos.

En mi opinión, Jesús no vino a recoger alabanzas ni a fundar una iglesia, como muchos creen hoy. Se dice también que vino a “salvarnos”. Eso sí puede ser, pero pienso que vino a salvarnos de la ignorancia, o sea, vino a enseñarnos y a ayudarnos a crecer y a evolucionar espiritualmente. Entonces, estaría bueno que aprovechemos para estudiar un poco aquello que nos enseñó, y no por que la religión nos obligue a hacerlo, o por que el profesor de catequesis nos vaya a tomar lección la semana que viene. Estudiemos sus enseñanzas sin prejuicios, con la mente abierta, sin miedo de que por no aprenderlas nos vayamos al infierno. Estudiemos sus enseñanzas y sigamos sus ejemplos para que seamos un poco más sabios espiritualmente. Al fin y al cabo, la vida es como una gran escuela, y hay que aprovecharla para aprender de los mejores maestros.

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