2 mar. 2013

Ayudando a los chicos a apreciar el arte

Para muchos chicos, la propuesta de ir a un museo puede resultar un castigo, particularmente cuando se trata de un museo de arte. Incluso a los grandes muchas veces nos resulta poco atractiva la idea de recorrernos un museo de arte en su totalidad. La razón por la que puede resultar aburrido es por que el visitante muchas veces no sabe bien qué es lo que está viendo. Es decir, al ver un cuadro de un paisaje, por ejemplo, podemos decir “uy, qué lindo” y nada más, pero si se conoce un poquito más acerca del pintor y de lo que quiso transmitir, quizás ese cuadro pueda verse con algo más de interés.

Algo así es lo que intenta transmitir el libro “Cómo hablar de arte a los niños, de Françoise Barbe-Gall. En este libro se explican muchas cosas sobre arte que los grandes desconocemos, como para que se las podamos transmitir a los chicos cuando los llevamos a un museo. En sus páginas, la autora nos explica cómo responder a comentarios tales como "eso hasta yo lo podría haber pintado mejor" cuando se observa una pintura abstracta formada por pinceladas aparentemente aleatorias.

De todos modos, la idea no es que los chicos aprendan sobre arte como si lo necesitaran para aprobar una materia del colegio, si no que puedan captar el atractivo de cada cuadro o escultura para que realmente disfruten mirándolos, y salgan del museo contentos por la experiencia vivida. En el libro aparecen muchos cuadros famosos y, para cada uno, una breve descripción y explicación de sus cualidades.El inconveniente es que la mayoría de esos cuadros están en galerías renombradas en lugares lejanos, a las que muchos de nosotros difícilmente podamos llevar a nuestros hijos. Pero a los ejemplos que cita el libro, yo podría agregar una experiencia personal, vivida durante una visita a la localidad de San Antonio de Areco, hace un par de años.

Entre las pocas cosas que había para hacer (principalmente por que era un día de semana), se destacaba la posibilidad de visitar el museo dedicado al artista argentino Florencio Molina Campos. Nos sorprendió muy gratamente la visita al museo, por varias razones: primera, los cuadros tienen muchos atractivos (destacados más abajo); segunda, el museo está en una casa colonial típica de la zona, que vale la pena recorrer para observar su arquitectura y decoración; tercera, el museo se recorre en un rato, ya que no es muy grande (lo que garantiza que los chicos no se cansen de caminar y ver obras de arte), y cuarta, la visita al museo se corona con un pequeño show audiovisual en donde la narración de un cuento gauchesco –grabada nada menos que por Luis Landriscina– se ve acompañada por maquetas en tamaño natural de escenas con personajes que imitan a los de Molina Campos.

La huída apresurada de un gaucho y su china.
Pero volviendo al tema de los cuadros: al recorrer el museo con los chicos, observamos que las obras de Molina Campos, a pesar de que retratan a los personajes de la Pampa Argentina de forma caricaturesca, incluyen muchísimos detalles que describen la vida del gaucho de forma muy precisa y auténtica; seguramente más que lo que puede lograr cualquier descripción textual. Me acuerdo particularmente de un cuadro en donde se ve a una joven pareja huyendo a caballo. En la escena, la chica tiene una alpargata puesta y la otra no, señal de que debe haberse subido al caballo con mucho apuro. Y a juzgar por la culpa y el susto que se observa en su rostro, probablemente la pareja haya escapado del padre de ella, quien seguramente no aprobaba la relación.

En definitiva, lo divertido de observar los cuadros fue tratar de descubir esos detalles que contaban una historia y que transmitían algo más de los que podía captarse a simple vista. Por que, al fin y al cabo, eso es lo que son las obras de arte: vehículos para que el artista transmita ideas, sentimientos o sensaciones que trascienden lo que se capta simplemente a través de los sentidos.