24 dic. 2013

Recomendaciones de Los Abuelos de Cuento para esta Navidad

Los Abuelos de Cuento de San Isidro no sólo regalan sus narraciones a todo niño o niña que quiera escucharlos, sino que también recomiendan libros para leer en la época de fiestas y en las vacaciones. Aquí van algunas de sus recomendaciones y, de regalo (al final), un fragmento de "Unidos contra Drácula".
Llegan las fiestas y tras ellas se anuncian las vacaciones, un tiempo ideal para distenderse y compartir momentos de juego y ocio junto a los chicos. Los buenos libros siempre serán una opción muy apropiada para formar parte de los regalos que entregamos en navidad. Felizmente, las propuestas de literatura infantil son cada vez más variadas e interesantes, sólo se trata de no dejarnos atrapar , según dice la especialista francesa de literatura infantil, Genevieve Patte, por "libros que no son nada"; es decir por aquellos materiales que están despojados de toda poética, que no dejan huella en el lector y circulan en el mercado gracias a la publicidad; pero en su esencia son productos de consumo descartables.
Para ayudarlos a elegir los mejores libros, les enviamos algunas sugerencias que,a nuestro criterio, podrían formar parte de un menú de deliciosas lecturas navideñas y de "yapa", para comenzar el año con una sonrisa una ¡novedad imperdible! del autor Luis María Pescetti.

¡¡¡Qué los disfruten!!!.
Un clásico navideño...
Cartas de Papá Noel
R.R. Tolkien
Sugerido a partir de 7 años

R.R. Tolkien, creador de obras de alta fantasía, como ”El hobbit”, o la trilogía ”El Señor de los anillos”; también se divertía jugando con los personajes navideños. Cada mes de diciembre sus hijos, recibían una carta firmada por Papá Noel. Este personaje , inventado por el autor, tenía un ayudante, el Oso del Polo Norte, y su secretario personal el elfo Ilbereth. Los dos escribían a los niños para contarles las aventuras y peripecias padecidas por Papá Noel en su afán por viajar y llegar a tiempo con los regalos .
Cartas de Papá Noel es un compendio de preciosos y divertidos textos epistolares, al igual que las ilustraciones también creadas por J.R.R Tolkien.
Desde 1920 a 1939 no hubo ninguna navidad en que los hijos de R.R.Tolkien, no recibieran estas cartas llenas de ternura y de una inagotable fuente de imágenes, desplegadas con el inconfundible estilo de este maestro del género fantástico.

Uno de humor... bien argentino
Papanuel
Graciela B.Cabal /lustraciones: Horacio Gatto
Colección Los Caminadores. Ed.Sudamericana
Sugerido a partir de 8 años


Una historia familiar, que transcurre en el barrio de San Cristóbal. Los vecinos envidian y critican el pesebre maravilloso que todas las navidades arman la familia Cardoso. Un pesebre original y divertido, porque allí conviven el niño Jesús, los reyes magos, un gauchito de la pampa , un par de indios Siux y hasta un San Martin a caballo y por supuesto papá Cardoso.... convertido en “Papanuel “. Un cuento de navidad que nos permitirá evocar junto a los niños, nuestros recuerdos , costumbres y creencias a través del humor y la complicidad entre la ficción y la realidad cotidiana.

Una Novedad 2013
Unidos contra Drácula
Luis María Pescetti. Ilustraciones Poly Bernatene.
Editorial Alfaguara
Sugerido a partir de 9 años

Luis María Pescetti ya nos tiene acostumbrados a través de sus relatos y canciones a su mirada hiperabsurda, crítica e inteligente sobre las relaciones entre los niños y el mundo de los adultos.
"Unidos contra Drácula", es su último libro y está concebido en la misma línea que aquel otro libro imperdible "Nadie te creería". Este material , ideal para compartir entre niños y adultos es casi una antología de cuentos breves, poesías, diálogos y relatos que privilegian el juego con el lenguaje y el humor. Un ramillete de palabras inteligentes con pinceladas de de la mejor poesía del autor. No se lo pierdan !!!

Un regalo para compartir ...
Te mando
Luis María Pescetti
( Unidos contra Drácula )
Te mando un gran abrazo, dos estornudos, cuatro toses (...)
Te mando un te quiero.
Un siempre estaré
cuatro aquí estoy
cinco palmadas en tu hombro
un avión a ras del piso, un barco envuelto
un amor, un amor, un amor
que no te falte, ni que se deje atar.
No sé si coinciden las dos listas.
¿Anotaste?
No importa.

15 dic. 2013

Cómo captar la atención de los más pequeños

Todo buen cuentero debe superar un nada fácil desafío: captar la atención de su público. Y cuando el público está íntegramente compuesto por "esos locos bajitos" de atención dispersa, el desafío es doble. Por suerte, en el canal de YouTube Estrella Ratón Pérez nos enseñan técnicas para captar y mantener la atención de los más pequeños, como puede verse en el siguiente video:

14 dic. 2013

El ingrediente secreto

Llegada la hora del postre, Natalia se vino de la cocina trayendo orgullosa una gran fuente de vidrio repleta de un mar de crema blanca, ondulante, semi-sólida, bordeada por una línea de caramelo color cobre, y precedida por un característico aroma de ramitas de vainilla. Mi boca se hizo agua, como siempre ocurría a la llegada del sublime postre, sin importar lo abundante que hubiera sido el plato principal. Se trataba del famoso postre de crema de la tía Mercedes –Mecha, para la familia– del que yo era un fanático consumado. Ese fanatismo me había hecho acreedor vitalicio a una de las esquinas de la fuente, esas porciones privilegiadas con doble borde acaramelado.

“Te quedó casi tan rico como a mí”, le dijo Mecha a mi hermana mitad en broma, mitad en serio. Y Nati lo tomó como un cumplido, como un reconocimiento al esfuerzo que había puesto en copiar al dedillo la receta legendaria de la tía. Pero ese “casi” era innegable. Había algo que le faltaba. Algo sutil, indescriptible, pero que a los realmente fanáticos del legendario postre de crema nos permitía detectar cuándo la preparación había estado en manos de Mecha y cuándo en manos de alguna imitadora.

Al igual que Nati, otras cocineras de la familia intentaban imitar la creación culinaria de la tía Mecha, pero a pesar de que su inventora les detallaba con lujo de detalles los ingredientes y el procedimiento, a ninguna le quedaba igual. “No puede ser, tiene que haber algo que no nos estás diciendo”, se quejaban las imitadoras ante la diferencia en las versiones de unas y de otra. Pero Mecha insistía en que no, que no había secretos.

Siendo ya adulto y estando el recuerdo de ese postre cuidadosamente guardado entre las dulces memorias de mi infancia, confieso que tuve el privilegio de descubrir la verdad. Como suele ocurrir con estos descubrimientos, ocurrió por casualidad. Yo tendría unos cinco, seis años. Lo suficientemente poco como para pasar desapercibido mientras jugaba tranquilo con mis autos y mis muñequitos. En eso estaba yo, abocado a mis juegos en el piso de la cocina, mientras Mecha preparaba su famoso postre, asistida por la infaltable ayuda de Nati, quien, con apenas un par de años más que yo, ya demostraba su interés por la cocina.

A mitad de la preparación, Mecha mandó a su voluntariosa asistente al almacén a comprar algo que supuestamente se había olvidado. Al ausentarse Nati, y sin saber que yo la observaba, Mecha se subió a una silla y, estirándose todo lo que pudo, tomó de encima de una alacena una lata con más manchas de óxido que inscripciones legibles. Después de bajar de la silla, abrió la lata y sacó de ella una botellita pequeña, como de perfume, tapada con un corcho. Destapándola sólo un poco, roció apenas unas gotas del transparente contenido sobre el postre. Luego tapó la botella y la volvió a poner en la lata, para esconder ésta de nuevo encima de la alacena.

No le di ninguna trascendencia al hecho, ya que era muy poco lo que me importaba en comparación con el andar suave y veloz de los nuevos Matchbox que me habían regalado. Sin embargo, después de muchas mañanas de ocio lúdico transcurridas en el piso de la cocina, observé un patrón en el accionar de la tía cuando preparaba el postre de crema: siempre buscaba la forma de quedarse sola en la cocina por un rato, para utilizar el misterioso ingrediente contenido en la botella oculta dentro de la lata. Incluso, cuando fui un poco más grande y mi presencia no pasaba tan desapercibida, también buscó la forma de alejarme de la cocina durante los momentos clave de la preparación.

Un buen día cedí a la tentación de averiguar qué era el contenido de la misteriosa botella. Una tarde en que la totalidad de la familia dormía la siesta, me subí a la misma silla que usaba Mecha, extraje la botella de la lata y la examiné al trasluz. Su líquido contenido era completamente incoloro. Quité el corcho y acerqué el pico a mi nariz. Ningún olor emanaba de la botella. Finalmente me animé a probar el líquido, para descubrir con sorpresa que era también completamente insípido. No podía ser otra cosa que agua. Decepcionado por lo intrascendente de mi descubrimiento, guardé la botella y dejé todo como estaba, para que Mecha no supiera que había profanado su secreto.

Con el tiempo olvidé el asunto del ingrediente misterioso, hasta que un domingo, a la hora en que las religiosas de la familia –grupo que incluía a Mecha como líder y a mi mamá y a mi hermana como fieles acompañantes– volvían de la misa, se develó el misterio. Cuando Mecha estuvo sola en la cocina, y sin reparar en que yo la observaba desde el comedor a la vez que miraba la tele, sacó de su bolsillo una botellita llena de agua tapada por un corcho; era, sin lugar a dudas, la misma botella del ingrediente secreto. Se subió a la silla y la guardó en la latita escondida sobre la alacena. En sucesivos domingos pude observar que la tía siempre sacaba la botella semivacía de su escondite antes de la misa y la volvía a guardar después, llena hasta el tope. Tiempo después logré atar cabos y finalmente entendí el misterio del postre de crema.

Nunca lo divulgué, ya que respetaba el derecho de Mecha a mantener el secreto sobre la receta de su invención. Sin embargo, a partir de la revelación del misterio, pude disfrutar del exquisito postre de otra manera. Comprendí que ese ingrediente secreto no afectaba en forma alguna el sabor que se percibía con el paladar; sin embargo, ese mínimo aporte convertía al disfrute del postre en una experiencia religiosa, al darle un sabor que no se detectaba en la boca, sino que se saboreaba con el alma.

La respuesta al misterio del ingrediente secreto, en esta canción:



9 dic. 2013

El rey envidioso

Había una vez un rey muy apegado a sus bienes, a su castillo y a sus joyas. Vivía todo el tiempo preocupado y con miedo de que se los quitaran. Mientras hacía todo lo posible por mantener sus pertenencias a buen resguardo, veía que los pobres de su reino eran felices, y se preguntaba cómo ellos, que apenas tenían algo para comer, podían disfrutar de la vida. Entonces decidió disfrazarse de mendigo y mezclarse con los pobres para develar el misterio.

Salió de su castillo por unos túneles secretos que sólo él conocía, llevando su disfraz de mendigo bajo el brazo. Una vez que estuvo fuera, se puso el disfraz y dejó su vestimenta real escondida en unos arbustos. Comenzó a recorrer el pueblo y a mezclarse tímidamente entre los aldeanos, hasta que se sintió seguro de que nadie lo reconocía. Entonces llegó hasta una casa que le pareció de las más pobres del pueblo. Tocó la puerta y ésta enseguida se abrió. “Pasa, buen hombre”, dijo amablemente el dueño de casa. “No es mucho lo que tengo pero con gusto lo compartiré contigo”.

El dueño de casa era Enoch, el zapatero del pueblo, que hacía lo imposible por mantener en condiciones los desgastados zapatos de la gente, y la mayoría de las veces no cobraba nada a cambio, ya que sus clientes no tenían con qué pagarle.

El rey, después de aceptar las dádivas de su anfitrión, volvió presuroso a su castillo, pasando por sus túneles secretos y volviendo a ponerse el traje de rey. Enojado por la alegría con que vivían los pueblerinos –y, en particular, el pobre Enoch– decidió prohibir el oficio de zapatero en todo el reino.

Dejó pasar unos días y emprendió una nueva recorrida por sus dominios, otra vez disfrazado de mendigo. Al golpear la puerta de Enoch, este lo recibió aún más feliz que la primera vez. Lo invitó a pasar y compartió con él un vino y unos quesos que recién había comprado.

“¿Cómo es que has podido comprar estos manjares?”, preguntó el atónito rey. “Es que cuando se me prohibió ejercer el oficio de zapatero –explicó Enoch– tuve que salir a buscar otro empleo. Observé que mucha gente del pueblo, especialmente la gente mayor, debía hacer agotadores viajes hasta el arroyo, acarreando sus cubos y barriles, para proveerse de agua. Me ofrecí a ayudar, y mi ayuda fue tan bien recibida que me convertí en aguatero. Y la gente me lo agradece y me recompensa más que cuando simplemente arreglaba sus zapatos”.

Furioso, el rey volvió apresurado a su castillo a emitir un dictamen prohibiendo el trabajo de aguatero, confiando en que, con esta acción, le quitaría a Enoch esa felicidad que tanto le envidiaba.
Pasados unos días, hizo otra incursión al pueblo, para descubrir que Enoch estaba aún más feliz que antes. En el interior de su casa había una alegre congregación de personas con quienes el ex-zapatero compartía exquisitos manjares. Mientras el rey disfrazado de mendigo observaba atónito la celebración por la ventana, una pueblerina llamó su atención. “Señor, déjeme pasar que necesito dejarle al sastre unas prendas para que me arregle”. “¿Cuál sastre?”, preguntó el rey. “¡Enoch! –contestó la señora, sorprendida de que no lo conociera–. ¿No se ha enterado? Desde que le prohibieron trabajar de aguatero, se ha dedicado a la sastrería, y lo hace tan bien que el pueblo entero le encarga trabajos”.

Echando chispas, el rey volvió al castillo, con tanta prisa que olvidó cambiarse el disfraz de mendigo por el ropaje real. Los guardias, al verlo, lo confundieron con un pobre pueblerino, y sin escuchar sus protestas, lo echaron inmediatamente fuera del castillo. Tan mala era la suerte del rey, que cuando fue a buscar su vestimenta en los arbustos donde la había escondido, ésta había desaparecido.

Desconsolado, el rey comenzó a deambular por el pueblo sin rumbo fijo. Al pasar por la casa de Enoch, vio por la ventana cómo el ahora sastre confeccionaba unas prendas usando unas finísimas telas que reconocía bien: eran las que antes habían formado parte de su propia vestimenta.

Se sentó a lamentarse junto a la ventana de Enoch. Lo había perdido todo: su trono, su castillo, sus joyas… incluso sus ropas. Comprendió que el mismo miedo de perder sus pertenencias lo había llevado a que, efectivamente, las perdiera.



Enoch vio al pobre rey sentado junto a su ventana e inmediatamente lo invitó a pasar. Le ofreció, sin pedirle nada a cambio, confeccionarle unas prendas “que lo harían ver como un rey”, según sus propias palabras. Y no mintió: con sus nuevas prendas, el rey se veía mejor que nunca.

El monarca volvió al castillo luciendo gallardo su nueva ropa, y esta vez, los guardias sí lo reconocieron. Es más, le preguntaron qué le había ocurrido que se veía tan bien. “Es que he ido al pueblo en busca de un sastre que renovara mi vestimenta, y he encontrado al mejor del reino. Quiero que toda la corte contrate sus servicios para renovar su guardarropa, y que se lo recompense con total generosidad”.

Desde ese día, el rey no tuvo más miedo de perder sus pertenencias, por que comprendió que sus joyas, su castillo y todos sus bienes no valían nada en comparación con una riqueza mucho mayor, que nadie podría quitarle: la felicidad de dar.

30 nov. 2013

Los cuentos clásicos dijeron presente en el desfile de navidad Alparamis 2013

Como viene ocurriendo todos los años desde 2001 cuando se acerca la navidad, Alparamis --una empresa que comenzó como un vivero y hoy es una especie de aldea mágica que comercializa toda clase de cosas-- llevó a cabo el pasado 23 de noviembre su tradicional desfile navideño, en el que el mismo Papá Noel llegó en una carroza escoltado no sólo por sus alegres duendes, sino también por los personajes de los más populares cuentos clásicos infantiles. Allí estuvimos los cuenteretes (aprovechando que el desfile se hizo en la estación de Tigre, prov. de Buenos Aires, que nos queda cerca) e intentamos registrar en video el gran despliegue de carrozas, disfraces, coreografía, música y alegría que significó el desfile:


El evento concluyó con una impresionante muestra de fuegos artificiales que comenzaron apenas caída la noche y pudieron observarse desde la tranquilidad de la ribera del canal del Tigre.

26 oct. 2013

E-books y e-autógrafos

Desde que empecé a leer libros electrónicos (o mejor, e-books, para ahorrar letras) me percaté de la única cosa que un libro en papel puede hacer y un e-book no: ostentar el autógrafo de su autor. El hecho de estar autografiado hace que el ejemplar del libro se convierta en único y obtenga un valor que no tienen los demás ejemplares, aunque sean idénticos.

Yo había pensado que para autografiar un e-book, el autor podía firmar con un marcador la pantallita del aparato lector de e-books (mejor denominado e-reader), pero eso tiene un problema: la firma del autor después aparece en libros de otros escritores; además, el hecho de que la firma esté siempre presente sobre la pantalla puede dificultar la lectura de los e-books.

Pero para mi alegría, hace poco me enteré de una noticia según la cual los e-books también podrían auografiarse. Resulta que la compañía Apple –la inventora de los iPhones, iPads y todas esas cosas– presento en la oficina de patentes de Estados Unidos un proyecto para poder realizar autógrafos originales en los e-books. La patente describe un e-book cualquiera con capacidad para escribir un autógrafo en él, y varias posibilidades para traspasarlo a otro dispositivo. Esto podría ser mediante Bluetooth en, por ejemplo, una firma de libros, donde el autor esté cerca del comprador, o mediante el uso de datos o una red wi-fi si no se encuentran cerca. Esta firma, en el caso de que el autor no se encuentre cerca del cliente, se quedaría guardada en la nube, con las credenciales que asegurarían la originalidad de la firma y luego se descargaría en el dispositivo del usuario.

Al analizar un poco mejor la noticia, mi alegría desapareció. Por que el sistema (según lo descripto) permitiría que el autor firme un ejemplar sin saber a quién se lo dará. El autor y el lector bien podrían no verse las caras jamás. Además, cualquiera podría obtener una copia del ejemplar firmado. Y el tema de la firma no es sólo tener el libro firmado; es la dedicatoria, y la sonrisa del autor cuando te devuelve el libro firmado, y el poder decirle “gracias”, no sólo por haberte regalado su autógrafo, sino por haber escrito una obra maravillosa.

Así que, señores tecnólogos, esfuércense un poco más. Piensen en cómo transmitir esos sentimientos entre autor y lector por una conexión “bluetooth” o “wi-fi” o lo que sea, y después hablamos.

17 oct. 2013

La madrastra de Blancanieves en el psicólogo

En varias ocasiones hemos imaginado cómo sería la vida de los personajes de los cuentos clásicos si vivieran en nuestro tiempo. Disney lo ha hecho en su película Encantada, y en ¡Puros cuentos! imaginamos cómo hubieran sido las aventuras de Caperucita si esta niña hubiese querido charlar con su abuela por chat en lugar de ir a visitarla. Tal como lo contamos en esa ocasión, en la sala de chat se habría topado con un lobo-abusador que la habría engañado haciéndole creer que su abuela la esperaba en una sala privada de chat.

En esta ocasión, se nos dio por imaginar cómo podría ser la vida de la madrastra de Blancanieves en el mundo actual.

Claramente la madrastra de Blancanieves es una mujer insegura, posiblemente con problemas de autoestima, por lo que constantemente debe chequear con el espejo si su belleza sigue intacta. ¿Qué haría una mujer así en nuestros tiempos? Sin lugar a dudas, concurriría frecuentemente a ver a un psicólogo a quien contarle sus problemas.

A continuación, el relato de la que bien podría ser una sesión de la madrastra con su sufrido psicólogo:

La madrastra de Blancanieves está en su sesión semanal de terapia psicológica. Se la ve notablemente alterada.

Psicólogo: Dígame, Su Majestad, ¿qué le anda pasando?
Madrastra: Me pasó algo terrible, doctor. Estaba hablando con mi espejo mágico, y le pregunté, como siempre, quién era la dama más bonita de reino. Y el espejo, que…
Psicólogo: Perdóneme que la interrumpa, Su Majestad, pero… ¿usted habla con el espejo?

Madrastra: Sí, siempre lo hago. Siempre lo hice. Generalmente le hago preguntas y él me contesta.
Psicólogo: Está bien, continúe, por favor, y discúlpeme la interrupción.
Madrastra: No hay cuidado. Como le iba diciendo, le pregunté al espejo quién era la dama más bonita del reino. Y el espejo, hasta hace poco, siempre me decía que era yo. Pero ayer… (sollozos) por primera vez me dijo otra cosa. Me dijo que la más bonita del reino era…
Psicólogo: ¿quién?
Madrastra: ¡Blancanieves! Esa perra arrastrada. ¿Cómo se le ocurre? Casi tiro el espejo por la ventana.
Psicólogo: ¿qué sintió usted cuando el espejo le dijo que Blancanieves era la más bonita?
Madrastra: sentí un odio feroz. Sentí la necesidad de matar a esa chiruza de piel blanca como la nieve, labios rojos como la sangre y pelo negro como el ébano, para volver a ser yo la más bonita.
Psicólogo: Discúlpeme el atrevimiento, Su Majestad, pero ¿no le parece que esa furia puede ser fruto de su propia inseguridad? ¿Por qué tiene usted la necesidad de que el espejo le reafirme, día tras día, que usted es la más bonita del reino? Quizás Blancanieves no tiene nada que ver con esto. Tal vez lo que usted cree que dice el espejo es simplemente su miedo reprimido que aflora de una manera que usted no puede controlar, es decir, a través de una imagen en un espejo que, según lo que usted dice, cobra vida. Si me lo permite, Su Majestad, creo que usted está reprimiendo el temor de que el paso del tiempo le arrebate su belleza. Pero por más que lo reprima, ese miedo necesita surgir de alguna manera, y lo hace a través del odio, que usted canaliza hacia una persona inocente como Blancanieves. Debe aceptar su realidad. Debe centrarse en su belleza interior, la cual no se deteriora con el paso del tiempo. No importa que otra mujer sea más bonita físicamente, usted debe sonreír y cultivar la bondad, por que la belleza interior se manifiesta en sonrisas y en gestos afectuosos.
Madrastra: (llorando a mares) ¡Tiene toda la razón, doctor!
Psicólogo: ¿Y qué piensa hacer al respecto?
Madrastra: (recuperándose) No sé. Por lo pronto, voy a mandar a matar a esa atorranta, y usted déjese de decir idioteces, o lo mando matar también.

1 oct. 2013

El descubrimiento de América

La travesía duró treinta y tres días. Impulsados por los vientos favorables del este, los tres barcos -la Santa María, la Niña y la Pinta- arribaron el 12 de octubre de 1492 a la isla de Guanahani -llamada por Cristóbal Colón San Salvador en la actualidad isla de Watling, en las Bahamas- después de que el marinero Juan Rodríguez Bermejo, conocido como Rodrigo de Triana, diese el preceptivo grito de "¡Tierra!", ganándose los mil maravedíes que el rey Fernando había prometido al primero que viese las costas de Asia.

El almirante descendió a tierra con el notario real, el capellán y los oficiales; luego se arrodilló, dio gracias a Dios y con gran pompa tomó posesión de la isla en nombre de los Reyes Católicos, mientras grupos dispersos de indígenas, desnudos y aparentemente inofensivos, contemplaban con curiosidad a los recién llegados.

Colón escribiría: "Son tan ingenuos y tan generosos con lo que tienen que nadie lo creería de no haberlo visto. Si alguien quiere algo de lo que poseen, nunca dicen que no; al contrario, invitan a compartirlo y demuestran tanto cariño como si toda su alma fuera en ello..." Estas gentes fueron posteriormente identificadas como los indios tainos, una etnia desaparecida después. Ante ellos, el asombro de los navegantes fue considerable, pues hablaban un idioma completamente desconocido y pertenecían a una raza que no se parecía a ninguna de las descritas en los libros de los exploradores y antiguos cronistas, desde Herodoto hasta Marco Polo. Pero a nadie se le ocurrió pensar, por supuesto, que aquellas tierras no pertenecían a Asia.


En Argentina, se decidió que el 12 de octubre dejara de ser el Día de la Raza para llamarse el Día del Respeto a la Diversidad Cultural. Al respecto, el periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano escribió:



En 1492, los nativos descubrieron que eran indios,
descubrieron que vivían en América,
descubrieron que estaban desnudos,
descubrieron que existía el pecado,
descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y
a un dios de otro cielo,
y que ese dios había inventado la culpa y el vestido
y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y
a la tierra y a la lluvia que la moja.

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28 sept. 2013

Pímpate, de Beatriz Ferro


Un día Miguel tuvo que hacer algo muy importante. El dueño de la papelería le pidió, nada más ni nada menos, que llevara un rollo de papel a la casa de su cliente el dibujante.

–Mucha atención, a no estropearlo, tené cuidado –réquete recomendó el señor papelero.

Miguel contestó sisisisí y se fue con el rollo.

El día era tan lindo que las calles del barrio parecían caminitos de plaza. Miguel caminó al compás de pim pam, pim pam, dando suaves golpecitos con el rollo en el suelo. Hasta que, pímpate, el rollo se convirtió en un bastón bailarín.

Pímpate pam, pímpate pam, Miguel y su bastón llegaron a la esquina.

En la avenida había un lío de coches que protestaban con bocinas de trueno y clarinete. Entonces pímpate, el bastón se transformó en una batuta de director de orquesta y Miguel dirigió el gran concierto de bocinazos.

Cuando por fin cruzó la avenida, pímpate, la batuta se volvió remo.

Entonces el asfalto se volvió río y Miguel lo cruzó remando en canoa.

Desembarcó en la vereda de enfrente y caminó por el cordón pasito a paso con mu-chísi-mo-cui-da-do, como un equilibrista que avanza por la cuerda floja. Y pímpate, el remo se convirtió en la varilla del equilibrista más grande del mundo.

En eso pasó un colectivo y pímpate, la varilla se transformó en un fusil y el colectivo en una antigua diligencia. Miguel le apuntó con cara de Miguelete, el terrible bandido del Oeste.

En la cuadra siguiente la vereda se llenó de chicos que salían de la escuela. Pímpate, el fusil se volvió bastón de pastor y todos los chicos fueron corderitos blancos. Entonces Miguelito el bueno los arreó por el campo.

Cuando llegó a la casa del dibujante, el rollo ya no era nuevo y blanco sino medio cachi-cachivache.

–¿Qué es esto? –rugió el dibujante–. ¿Este es un rollo de papel hermoso y limpio? ¡Habrás venido jugando!

Miguel quiso explicarle que es muy difícil caminar con un rollo que a cada rato, pímpate pámpate, te da tantas ganas de jugar. Pero el dibujante no le dio tiempo porque lo agarró de un brazo, tomó el rollo de papel y fue derechito a la papelería, a quejarse, a protestar.

Con el rollo al hombro, caminó al compás de “¡Qué barbaridad! ¡Qué barbaridad!”. Entonces pímpate, el rollo volvió a convertirse en un fusil y el dibujante fue un soldado que marchaba un dos un dos.

El árbol de la vereda lo invitó a que le diera unos golpecitos en el tronco. Y claro, pímpate, el fusil se transformó en un hacha y el dibujante en el leñador más forzudo de todo el Canadá.

Más adelante saltaron un charquito. Pímpate. El hacha se volvió garrocha y el señor fue un campeón de salto muy aplaudido.

Faltaba poco para llegar a la papelería y Miguel caminaba al compás de “me van a retar, me van a retar, me van a retar”.

Cuando iban a cruzar la avenida, otra vez pómpate, el asfalto se convirtió en ancho mar, la garrocha en un catalejo y el dibujante en pirata Barbarroja.

–¡Atención mis hombres! –gritó mirando por el catalejo y señalando un camión– ¡Se acerca un ballenero a babor!

Entonces de repente se miraron con Miguel y tuvieron un ataque de risa.

Los dos pensaban lo mismo: “¿Viste qué difícil es caminar con un rollo de papel que, pímpate pámpete, te da tantas ganas de jugar?”.

Y llegaron a la papelería. Pero el dibujante, en vez de protestar, se compró otro papel.

El rollo se lo regaló a Miguel. ¿Para qué?

–Ya sé, esta noche se me vuelve telescopio y espío las lechuzas de la Luna.

Pímpate.



18 sept. 2013

¿En serio gira la tierra? (el péndulo de Foucault)

El péndulo de Foucault sirve para demostrar la rotación de la tierra. Pero, como se ve en la imagen de abajo, cumple otra función más interesante y primaveral, aunque menos científica: dibujar unas lindas flores.




7 sept. 2013

Premio Sigmar - Mosca de Literatura Infantil y Juvenil (Uruguay)

Un concurso para autores uruguayos residentes en la República Oriental del Uruguay. Las bases explican que el premio, de 40.000 pesos uruguayos, se entregará en concepto de anticipo de derechos de autor por la publicación de la obra por parte de Editorial Sigmar de Argentina.

El trabajo premiado formará parte de la Colección Telaraña de Editorial Sigmar, que llevará ilustraciones a color. La elección del ilustrador, así como el diseño y las características técnicas del libro, quedarán a criterio de la editorial. La distribución y comercialización del libro también estará a cargo de la editorial, la cual se ocupará de hacerlo llegar a todo el mercado hispanoparlante. En la distribución también participará la empresa uruguaya Mosca Hnos, de acuerdo a los términos convenidos entre Mosca y Sigmar.

Los autores podrán presentar novelas o antologías de cuentos dentro de cualquiera de los siguientes niveles:

  • Nivel lector (de 7 a 9 años): de 25.000 a 30.000 caracteres.
  • Nivel Muy lector (de 9 a 11 años): de 30.000 a 40.000 caracteres.
  • Nivel Mega lector (de 11 a 13 años): de 40.000 a 50.000 caracteres.

Hay tiempo para presentar los trabajos hasta el 15 de noviembre.

Las bases completas del concurso, aquí.

5 sept. 2013

El rapto de Perséfone, un cuento mitológico de primavera

Las diosas Démeter y Perséfone representaban para los pueblos de la antigüedad los poderes de la naturaleza, su transformación y la emergencia cíclica. En la antigua Grecia, el primer día de la primavera era el día en que Perséfone, prisionera bajo tierra durante seis meses, volvía al regazo de Démeter, su madre.

Perséfone
Perséfone
Cuenta Homero que en el sureste de Europa hubo un tiempo en el que reinaba la eterna primavera. La hierba siempre era verde y espesa y las flores nunca marchitaban. No existía el invierno, ni la tierra yerma, ni el hambre.

La artífice de tanta maravilla era Démeter, la cuarta esposa de Zeus. De este matrimonio nació Core, luego llamada Perséfone. Se trataba de una hermosa joven adorada por su madre que solía acercarse a un campo repleto de flores a jugar. Un día, pasó por allí el terrible Hades con su temible carro tirado por caballos. Se encandiló con Perséfone y la raptó para llevarla al subsuelo, su territorio. Démeter, al no encontrar a su hija y con una antorcha en cada mano, emprendió una peregrinación de nueve días y nueve noches. Al décimo día el Sol, que todo lo ve, se atrevió a confesarle quién se había llevado a su hija. Irritada por la ofensa, Démeter decidió abandonar sus funciones y el Olimpo. Vivió y viajó por la tierra. Esta se quedó desolada y sin ningún fruto ya que, privada de su mano fecunda, se seca y las plantas no crecen. Ante este desastre Zeus se vio obligado a intervenir pero no pudo devolverle la hija a su madre. Es que Perséfone ya había probado el fruto de los infiernos (la granada) y por eso le era imposible abandonar las profundidades y regresar al mundo de los vivos. Sin embargo, se pudo llegar a un acuerdo: una parte del año Perséfone lo pasaría con su esposo y, la otra parte, con su madre.


Lo que este mito indica es que cuando Perséfone regresa con su madre, Démeter muestra su alegría haciendo reverdecer la tierra, con flores y frutos. Por el contrario, cuando la joven desciende al subterráneo, el descontento de su madre se demuestra en la tristeza del otoño y el invierno. Así se renueva anualmente el ciclo de las estaciones y así explicaban los griegos la sucesión de ellas: el otoño y el invierno son tristes y oscuros como el corazón de Démeter al estar separada de su hija. La alegría y la serenidad retornan cuando vuelve con ella, es decir, cuando comienza la primavera.

24 ago. 2013

Un día como hoy nacía Jorge Luis Borges

El 24 de agosto de 1899 nacía en Buenos Aires uno de los más brillantes escritores de la historia de la lengua hispana: Jorge Luis Borges.

Poeta, traductor, crítico y narrador, introductor del ultraísmo en la Argentina, animador de publicaciones de vanguardia como Proa, Prisma y Martín Fierro, fue colaborador de El Hogar, La Nación, Sur, Crítica, etc. Merecedor de importantes premios y distinciones, fue autor de una obra tan original como vasta y variada, de gran renombre internacional.

A continuación, un famoso cuento de Borges sobre personajes que sueñan y son soñados: Las ruinas circulares.


17 ago. 2013

El día del niño y los juguetes

El festejo del Día del Niño tiene un trasfondo comercial importante, ya que son los fabricantes de juguetes quienes con mayor fuerza lo anuncian con muchas semanas de anticipación. Pero a la par de ese estímulo comercial, en esta fecha se resaltan los valores de la niñez y la importancia de cuidar a los niños.

El Día del Niño fue creado en la Argentina por la Cámara Argentina de la Industria del Juguete. Se festejó por primera vez en 1960. La razón principal de esa creación tuvo carácter comercial y fue el intento de salvaguardar la industria juguetera, que luego del derrocamiento del peronismo había sufrido una merma en las ventas. El gobierno peronista fue el principal comprador de juguetes durante 1947 y 1955, por lo que su caída significó un cimbronazo en el equilibrio financiero y comercial de las fábricas, todavía nuevas, del país.


Frente a la crisis industrial del sector, los fabricantes reunidos en la CAIJ decidieron crear una fecha que alentara la compra de juguetes y de este modo defendiera a la industria y la fortaleciera, gracias a la existencia de dos momentos comerciales fuertes: Navidad y Reyes, por un lado, y el Día del niño, por el otro. Las cámaras industriales trabajan para crear condiciones de existencia y mejoramiento de sus respectivos sectores, garantizando el progreso y el desarrollo de los mismos. No hay industria sin consumo, de manera que como estrategia sectorial fue un éxito y su celebración se sostuvo en el tiempo, llegando hasta el presente. La CAIJ siempre acompañó, mucho más en los primeros años, la fecha con festivales para chicos, donaciones de juguetes a hospitales y hogares, entre otras acciones que buscaban darle al evento un contenido solidario o social.


Con el avance del capitalismo de mercado y los cambios en las prácticas de consumo, el Día del Niño fue reforzando su sentido comercial. El obsequio está identificado de tal modo con el bienestar de la infancia que la posibilidad de que un niño no reciba un juguete se ve como una deficiencia intolerable, por eso se organizan campañas en todo el país de recolección de juguetes para los niños y niñas que no recibirán uno (en algunos casos acompañadas con jornadas de juego y otras actividades infantiles).

La intensificación del consumo masivo y la tendencia al exceso en el consumo han desdibujado bastante los discursos reflexivos sobre la infancia en esta fecha, aunque reaparecen en la prensa y en los espacios públicos como blogs, redes sociales, etc.


Tomado del manifiesto del Día del Niño, emitido por el Museo del Juguete de San Isidro

15 ago. 2013

Concurso de cuentos “Manuel Mujica Láinez”

Hay tiempo hasta el 30 de agosto para presentar cuentos para este concurso organizado por la Municipalidad de San Isidro. Puede participar cualquiera, excepto los funcionarios municipales de San Isidro. El tema es libre, aunque lógicamente los cuentos tienen que estar en idioma castellano y no tienen que tener una extensión mayor a 10 páginas impresas a doble espacio.

El ganador del primer premio se llevará $ 3.000 (pesos argentinos) más una medalla y un diploma, y el ganador del segundo premio, $ 1.500 más medalla y diploma. Habrá además ocho menciones especiales, y quienes se hagan acreedores a ellas recibirán sus correspondientes medallas y diplomas.

Por supuesto que planeamos participar, y ya sea que ganemos o no, nuestro cuento participante aparecerá en este blog.

La información completa sobre el concurso, aquí.




27 jul. 2013

Don Fresquete, de María Elena Walsh

Un cuento de Doña María Elena, ideal para los fríos días invernales.

Había una vez un señor todo de nieve. Se llamaba Don Fresquete.
¿Este señor blanco había caído de la luna? –No.
¿Se había escapado de una heladería? –No, no, no.
Simplemente, lo habían fabricado los chicos, durante toda la tarde, poniendo bolita de nieve sobre bolita de nieve.
A las pocas horas, el montón de nieve se había convertido en Don Fresquete.
Y los chicos lo festejaron, bailando a su alrededor. Como hacían mucho escándalo, una abuela se asomó a la puerta para ver qué pasaba.
Y los chicos estaban cantando una canción que decía así:

“Se ha marchado Don Fresquete a volar en barrilete.”

Como todo el mundo sabe, los señores de nieve suelen quedarse quietitos en su lugar.
Como no tienen piernas, no saben caminar ni correr. Pero parece que Don Fresquete resultó ser un señor de nieve muy distinto.
Muy sinvergüenza, sí señor.
A la mañana siguiente, cuando los chicos se levantaron, corrieron a la ventana para decirle buenos días, pero... ¡Don Fresquete había desaparecido!
En el suelo, escrito con un dedo sobre la nieve, había un mensaje que decía:

“Se ha marchado Don Fresquete a volar en barrilete.”

Los chicos miraron hacia arriba y alcanzaron a ver, allá muy lejos, a Don Fresquete que volaba tan campante, prendido de la cola de un barrilete.
De repente parecía un ángel y de repente parecía una nube gorda.

¡Buen viaje, Don Fresquete!



La narración del cuento, por su autora:




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20 jul. 2013

Cuello duro, de Elsa Bornemann

Aaay! ¡No puedo mover el cuello! –gritó de repente la jirafa Caledonia.

Y era cierto: no podía moverlo ni para un costado ni para el otro; ni hacia adelante ni hacia atrás... Su larguísimo cuello parecía almidonado.

Caledonia se puso a llorar. Sus lágrimas cayeron sobre una flor. Sobre la flor estaba sentada una abejita.

–¡Llueve! –exclamó la abejita. Y miró hacia arriba. Entonces vio a la jirafa.
–¿Qué te pasa? ¿Por qué estás llorando?
–¡Buaaa! ¡No puedo mover el cuello!
–Quedate tranquila. Iré a buscar a la doctora doña vaca.

Y la abejita salió volando hacia el consultorio de la vaca. Justo en ese momento, la vaca estaba durmiendo sobre la camilla. Al llegar a su consultorio,la abejita se le paró en la oreja y –Bsss... Bsss... Bsss...– le contó lo que le pasaba a la jirafa.

–¡Por fin una que se enferma! –dijo la vaca, desperezándose–. Enseguida voy a curarla. Entonces se puso su delantal y su gorrito blancos y fue a la casa de la jirafa, caminando como sonámbula sobre sus tacos altos.
–Hay que darle masajes –aseguró más tarde, cuando vio a la jirafa–. Pero yo sola no puedo. Necesito ayuda. Su cuello es muy largo. Entonces bostezó:
–¡Muuuuuuaaa!– y llamó al burrito. Justo en ese momento, el burrito estaba lavándose los dientes. Sin tragar el agua del buche debido al apuro, se subió en dos patas arriba de la vaca.

¡Pero todavía sobraba mucho cuello para masajear!

–Nosotros dos solos no podemos –dijo la vaca.

Entonces, el burrito hizo gárgaras y así llamó al cordero. Justo en ese momento, el cordero estaba mascando un chicle de pastito. Casi ahogado por salir corriendo, se subió en dos patas arriba del burrito.

¡Pero todavía sobraba mucho cuello para masajear!

–Nosotros tres solos no podemos –dijo la vaca. Entonces, el cordero tosió y así llamó al perro. Justo en ese momento, el perro estaba saboreando su cuarta copa de sidra. Bebiéndola rapidito, se subió en dos patas arriba del cordero.

¡Pero todavía sobraba mucho cuello para masajear!

–Nosotros cuatro solos no podemos –dijo la vaca.

Entonces, al perro le dio hipo y así llamó a la gata. Justo en ese momento, la gata estaba oliendo un perfume de pimienta. Con la nariz llena de cosquillas, se subió en dos patas arriba del perro.

¡Pero todavía sobraba mucho cuello para masajear!

–Nosotros cinco solos no podemos –dijo la vaca.

Entonces, la gata estornudó y así llamó a don Conejo. Justo en ese momento, don conejo estaba jugando a los dados con su coneja y sus conejitos.

Por eso se apareció con la familia entera: su esposa y los veinticuatro hijitos en fila. Y todos ellos se treparon ligerito, saltando de la vaca al burrito, del burrito al cordero, del cordero al perro y del perro a la gata. Después, don Conejo se acomodó en dos patas arriba de la gata. Y sobre don conejo se acomodó su señora, y más arriba también –uno encima del otro– los veinticuatro conejitos.


–¡Ahora sí que podemos empezar con los masajes! –gritó la vaca–. ¿Están listos muchachos?
–¡Sí, doctora! –contestaron los treinta animalitos al mismo tiempo.
–¡A la una... a las dos... y a las tres!

Y todos juntos comenzaron a masajear el cuello de la jirafa Caledonia al compás de una zamba, porque la vaca dijo que la música también era un buen remedio para curar dolores. Y así fue como –al rato– la jirafa pudo mover su larguísimo cuello otra vez.

–¡Gracias, amigos! –les dijo contenta–. Ya pueden bajarse todos.

Pero no, señor. Ninguno se movió de su lugar. Les gustaba mucho ser equilibristas. Y entonces –tal como estaban, uno encima del otro– la vaca los fue llevando a cada uno a su casa. Claro que los primeros que tuvieron que bajarse fueron los conejitos, para que los demás no perdieran el equilibrio... Después se bajó la gata; más adelante el perro; luego el cordero y por último el burro. Y la doctora vaca volvió a su consultorio, caminando muy oronda sobre sus tacos altos. Pero ni bien llegó, se quitó los zapatos, el delantal y el gorrito blancos y se echó a dormir sobre la camilla. ¡Estaba cansadísima!



Este cuento forma parte del libro Lisa de los Paraguas

Lisa de los paraguas. De Elsa Borneman. Un conjunto de quince cuentos que hablan de diversos personajes como Lisa, una pequeña niña que ama la lluvia; la jirafa Caledonia; el ratón/pintor García; Alegro, el perro ovejero; Manón, el gato blanco, y muchos más.

¡Gracias Elsa por este cuento que destaca los valores de la amistad!






9 jul. 2013

Metegol: los muñequitos de plomo cobran vida

Metegol es una película de animación que no proviene de Disney, ni de Pixar, ni de ningún estudio de Hollywood, y cuenta una historia con la que se identificarán muchos chicos argentinos -y por qué no uruguayos, aunque ellos mejor lo llamarían futbolito- que disfrutan pegándole a una pelotita con unos muñequitos de plomo adheridos a un palo giratorio.

La historia es más o menos así:

Amadeo vive en un pueblo pequeño y anónimo. Trabaja en un bar, juega al metegol mejor que nadie y está enamorado de Laura, aunque ella no lo sabe.
Su rutina sencilla se desmorona cuando Grosso, un joven del pueblo convertido en el mejor futbolista del mundo, vuelve dispuesto a vengarse de la única derrota que sufrió en su vida. Con el metegol, el bar y hasta su alma destruidas, Amadeo descubre algo mágico: los jugadores de su querido metegol hablan ¡y mucho! Juntos se embarcarán en un viaje lleno de aventuras para salvar a Laura y al pueblo y en el camino convertirse en un verdadero equipo. Pero, ¿hay en el fútbol lugar para los milagros?

El director de la película, Juan José Campanella, describe de la siguiente forma a los personajes:


Nuestros protagonistas descubren tras varios años de rutina que deberán poner el cuerpo y enfrentarse a un nuevo mundo con reglas muy distintas a las conocidas. Amadeo, un chico retraído pero virtuoso, dejará la vida segura de los controles de su juego favorito, y se pondrá al frente de un equipo de locos dispuestos a recuperar su pueblo, pero sobre todo, la dignidad. El Capi, un dogmático del fútbol y de la vida forjado a plomo y de 20 centímetros de estatura, recorrerá un camino inverso. Su sabiduría es infalible dentro del perímetro en el que supo enfrentar a sus eternos rivales durante décadas. Pero fuera de la cancha las cosas son diferentes y los códigos del fútbol no siempre funcionan. Así, El Capi y sus secuaces acostumbrados a poner el pecho a las situaciones más complicadas, invertirán los roles con Amadeo y pasarán a estar ellos en los controles.

El amor y la locura, de Mario Benedetti

Compartimos este breve cuento del genial Mario Benedetti, en donde los sentimientos y las emociones se ven personificados.

Para lectoras y lectores de 8 años en adelante.

El amor y la locura de Mario BenedettiCuenta la leyenda que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura, como siempre tan loca, les propuso:

–¿Jugamos al escondite?

La Intriga se levantó con los ojos fruncidos, y la Curiosidad sin poder contenerse preguntó:

–¿Al escondite? ¿Y cómo es eso?

Es un juego –explicó la Locura– en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden y, cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre, ocupará mi lugar para continuar el juego.

El Entusiasmo se halló secundado por la Euroia. La Alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar. La Verdad prefirió no esconderse; ¿para qué? Si al final siempre le hallaban. La Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en el fondo, lo que le molestaba era que la idea no había sido suya), y La Cobardía prefirió no arriesgarse.

–Uno, dos, tres…. comenzó a contar la Locura.

La primera en esconderse fue la Pereza, que como siempre, se dejó caer tras la primera piedra del camino. La Fe subió al cielo y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.

La Generosidad, casi no alcanzaba a esconderse; cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: ¿qué si un lago cirstalino? ¡es ideal para la Belleza! ¿qué si la rendija de un árbol? ¡perfecto para la Timidez! ¿qué si el vuelo de una mariposa? ¡lo mejor para la Voluptuosidad! ¿qué si una ráfaga de viento? ¡magnífico para la Libertad! Así que terminó por ocultarse en un rayito de sol. El Egoismo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo... eso sí, sólo para él.

La Mentira se escondió en el fondo de los océanos (mentira, en realidad se escondió detrás del arco iris); y La Pasión y el Deseo en el centro de los volcanes, el Olvido.. ¡se me olvidó donde se escondió! Pero no es lo importante.

Cuando la Locura contaba 999999, el Amor aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divisó un rosal y, enternecido, decidió esconderse entre sus flores.

–¡Un millón! –contó la Locura y comenzó a buscar.


La primera en aparecer fue la Pereza, sólo a tres pasos de la piedra. Después escuchó a la Fe discutiendo con Dios en el cielo sobre zoología, y a la Pasión y al Deseo los sintió en el vibrar de los volcanes.

En un descuido encontró a la Envidia, y claro, pudo deducir dónde estaba el Triunfo. Al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo; él solito salió desesperado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas.

De tanto caminar sintió sed y al acercarse al algo descubrió a la Belleza. Y con la Duda resultó más fácil todavía pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún en que lado esconderse.

Así fue encontrando a todos: el Talento entre la hierba fresca, la Angustia en una oscura cueva, la Mentira detrás del arco iris... (¡Mentira, ella estaba en el fondo del océano!), y hasta el Olvido, al que ya se le había olvidado que estaba jugando al escondite.

Pero sólo el Amor no aparecía por ningún sitio.

La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas y, cuando estaba a punto de darse por vencida, divisó un rosal y sus rosas... Y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas habían herido en los ojos al Amor y la Locura no sabía que hacer para disculparse; lloró, rogó, pidió perdón, y hasta prometió ser su lazarillo.

Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la tierra, el amor es ciego y la locura siempre, siempre lo acompaña.

Para seguir leyendo...




4 jul. 2013

Historia de la Rayuela

La rayuela es un juego de iniciación infantil, que representa el conocimiento de uno mismo, de donde provienen el juego del laberinto, la petanca y el juego de la oca.

El inventor de la rayuela quiso reflejar en el juego la vida misma, con el nacimiento, el crecimiento, los problemas y dificultades, la muerte y la meta final, el cielo. Por eso, en algunos países pintan un primer cuadrado que precede al número 1 donde escriben el nombre de Tierra y un último cuadrado después del 7 y el 8 al que llaman el Cielo, donde se puede descansar y apoyar los dos pies. Existen muchas versiones de la rayuela. Hay diferentes formas de pintarla en el suelo pero la más común es esta:

Se pinta un cuadrado con el número 1 dentro, luego otro cuadrado con el 2, otro con el 3, intentando que sean más o menos iguales. En el cuarto piso de la rayuela se pintan dos casillas, una con el número 4 y a su lado otra con el 5. La casilla superior la ocupa el 6 y las dos últimas son también casillas dobles con los números 7 y 8.

El juego comienza tirando una piedra pequeña en el cuadrado número 1, intentando que la piedra caiga dentro del cuadrado sin tocar las rayas externas. Se comienza a recorrer la rayuela a pata coja sin pisar las rayas, guardando el equilibrio hasta que se llega al cuarto piso donde hay dos casillas y podemos apoyar los dos pies. Seguimos el número 6 a pata coja y nuevamente en el 7 y el 8 apoyamos los dos pies. Ahora hay que volver al número 1. Debemos saltar y darnos la vuelta sin pisar las rayas y deshacer el mismo camino hasta el número 1 donde nos agacharemos a por la piedra sin apoyar el otro pie.

Si no hemos pisado raya continuamos el juego ahora tirando la piedra en la casilla número 2 y repitiendo lo mismo. Si la piedra no cayera en la casilla número 2 o tocara raya pasaría el turno al siguiente jugador. El objetivo es tirar la piedra en las demás casillas sucesivamente. Quien acabe antes la ronda del 8 gana.

Este juego es muy sencillo, ayuda a que los niños desarrollen la coordinación viso-motora. Se cree que este juego se desarrolló en la Europa renacentista y que la temática está basada en el libro La divina comedia de Dante Alighieri, obra en la cual el personaje, cuando sale del Purgatorio y quiere alcanzar el Paraíso, tiene que atravesar una serie de nueve mundos hasta lograrlo. El jugador actúa a modo de ficha. Debe saltar de casilla en casilla, a la pata coja, empujando la piedra que se suponía representaba su alma. Partía de la Tierra para conseguir el Cielo (Urano), vigilando no caerse en el pozo o en el Infierno (Plutón) durante su recorrido. En ningún caso la piedra debía pararse sobre una línea, ya que, de la Tierra al Cielo, no hay fronteras ni zonas de demarcación, ni separaciones, ni descanso.


La Rayuela según Cortázar (fragmento del capítulo 36 del libro homónimo)

"La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato .   Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas  y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo, lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia se olvida que para llegar al Cielo se necesitan como ingredientes una piedrita y la punta de un zapato."


27 jun. 2013

Cómo fomentar la lectura en los niños

Leer no tiene que ser una tarea-castigo; por el contrario, los momentos de lectura deben ser para los chicos un recreo, un premio. El problema es que los chicos en general hacen sus primeras experiencias de lectura como tarea escolar, debiendo dedicar a los libros un tiempo que de otro modo destinarían a jugar a lo que más les gusta. Por eso es importante incentivarlos a la lectura más allá de la obligación de leer que surge de la escuela.

A continuación se resumen algunas ideas publicadas por el programa de extensión de la universidad de Illinois, dedicado a formar, mediante la educación, una sociedad saludable más allá de las paredes de la institución.

El cuaderno del abecedario: use la parte posterior de hojas usadas. Escriba una letra mayúscula y una letra minúscula en cada página. Pídales a sus niños que vean revistas y periódicos y conecten cada letra con una foto. Recorte la foto y péguela en la página de la letra y reúna todas las páginas para hacer un libro con ellas.

Búsqueda del alfabeto: haga una lista de las letras del alfabeto. Deje que los niños busquen e identifiquen dentro de la casa objetos que empiezan con cada una de las letras del alfabeto.

Caricaturas: recorte una historia con caricaturas figura por figura. Deje que los niños las pongan juntas en orden y cuenten la historia que han creado.

Juego de concentración: juegue usando cupones. Los niños deberán conectar dos productos similares, aunque las marcas sean diferentes.

Cree historias: invente historias con sus niños. Tomando turnos con sus niños para añadir partes a la historia hará esta actividad más divertida.

Anticipe el final de la historia: vea un libro con recortes e historias y pídale a los niños predecir el final de la historia basados en las fotos. Después de la predicción, lea la historia completa a su niño.

Búsqueda en el periódico: haga una lista de cosas a buscar y encontrar en el periódico (ejemplo: historietas cómicas, resultados de deportes, historia sobre determinado evento, el reporte del tiempo, una publicidad de un auto, etc.).

Recetas: elija recetas simples y ayude a los niños a preparar y hornear la receta. Los niños deben leer las instrucciones y medir los ingredientes. Esto fomenta el uso de matemáticas y lectura.

Repetición: deje que su niño le cuente la historia después que usted termine de leerla.

Caminata: lleve a sus niños a una caminata alrededor del vecindario o al parque. Señale rótulos, números de casas, nombres de las calles y nombres de negocios. En el parque deje que sus niños nombren cada uno de los juegos (ejemplo: hamaca/columpio, etc.).

Directorio telefónico: haga una lista de nombres o negocios en su ciudad. Deje que los niños los busquen en el directorio telefónico.

Lo más importante es el tiempo que usted comparte con su niño. La lectura es una actividad muy importante para fomentarla.

Link recomendado con más ideas para fomentar la lectura:
La familia como promotora de la lectura