13 sept. 2012

Fábula del oso y la primavera

Una sencilla fábula que habla de no perder las esperanzas, de no desanimarse cuando parece que las cosas no se dan. Por más que el clima siga frío y la nieve siga cayendo, la primavera tiene que llegar.


El oso Abelardo recién se despertaba de su largo sueño de hibernación. Se disponía a salir de su cueva para encontrarse con todas las cosas que trae la primavera: el perfume y los colores de las flores, el canto de los pájaros, las copas de los árboles repletas de hojas… pero al asomar la cabeza, se encontró con una gran sorpresa. En lugar de colores, vio todo blanco y gris, por la nieve que cubría todo el suelo y las nubes que cubrían todo el cielo. En los árboles no había ni una hoja. El viento frío le helaba la nariz. Algo no andaba bien.


Salió de su cueva y comenzó a caminar en busca de respuestas. Enseguida se cruzó con una familia de zorros y les preguntó qué estaba pasando, y dónde estaba la primavera.

–Parece que este año viene más tarde –contestó Papá Zorro–. No se sabe con seguridad cuándo estará llegando.

Como no tenía ganas de volverse a dormir, no tuvo otra opción más que sentarse en la entrada de su cueva simplemente a esperar.

Vio cómo caía la nieve, cómo el viento movía los árboles, cómo los animales corrían rápido para guarecerse del clima inhóspito.

De pronto vio en el suelo algo que se movía bajo la nieve. Apartó los copos blancos con su garra para descubrir una pequeña planta con un capullo recién nacido. Movió la nieve alrededor de la planta y descubrió que no era la única. Entusiasmado, siguió removiendo para encontrar más y más retoños a punto de florecer. El viento comenzó a amainar y la nieve dejó de caer.

Luego caminó hasta el árbol más cercano, cuya copa estaba cubierta de nieve, y lo sacudió. La nieve cayó y en el árbol aparecieron miles de hojas recién nacidas. Un hueco en las nubes dejó pasar un rayo de sol.

Entonces llamó a los demás animales para mostrarles lo que había descubierto, y entre todos comenzaron a sacudir la nieve para destapar a todas las flores y las plantas. Los pájaros comenzaron a cantar.

La primavera había llegado; sólo necesitaba un pequeño empujoncito para dejarse ver.


11 sept. 2012

Día del maestro

Maestro:

Enséñanos a creer en los ideales y que aquellas cosas que no se ven son también realidades.

Dinos que el amor no se ve pero se puede sentir, que la música tiene explicación, pero las melodías salen del corazón.

Enséñanos a tener esperanzas, pues todos los días sale el sol.

Enséñanos el respeto por las cosas simples y por la naturaleza.

Enséñanos a meditar, a cerrar los ojos y a imaginar a nuestro ángel guardián protegiéndonos y guiándonos.

Enséñanos todos los días a trabajar en un pequeño proyecto, siempre diferente.


Estimula nuestra creatividad con nuestros juguetes y con otros juguetes que podamos crear nosotros mismos.

Enséñanos a sonreír, que la vida es aprender a ser felices y que debemos darle un poco de alegría a todas las cosas. Que todo lo que llegue a nuestras manos o a nuestra vida, siempre debemos dejarlo mejor de lo que estaba cuando lo encontramos.

Enséñanos el valor del respeto, de la fe, de la confianza. Enséñanos a ser inteligentes y a no desdeñar los sentimientos. Enséñanos a amar y a saber que tenemos el derecho de vivir y ser lo que queramos ser.


Contenido relacionado:

7 sept. 2012

Familia rica, familia pobre

Un día, el padre de una familia adinerada llevó a su hijo a un viaje por el campo, con el firme propósito de que viera cuán pobre era la gente que vive en el campo.

Pasaron todo el día y la noche en la granja de una familia campesina muy humilde.

Al concluir el viaje, ya de regreso en su casa, el padre le pregunta a su hijo:

Padre: ¿Qué te pareció el viaje?

Hijo: Muy bonito, papá.

Padre: ¿Viste lo pobre que puede ser la gente?

Hijo: Sí.

Padre: ¿Y qué aprendiste?

Hijo: Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cinco. Nosotros tenemos una piscina larga hasta a la mitad del jardín, ellos tienen un arroyo que no tiene fin. Nosotros tenemos lámparas importadas en el patio, ellos tienen las estrellas. Nuestro patio llega hasta la muralla de la casa, el de ellos tiene todo un horizonte. Ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia, tú y mi mamá tienen que trabajar todo el día y casi nunca los veo.


Al terminar el relato, el padre se quedó mudo, y su hijo agregó:

¡¡¡Gracias papá, por enseñarme lo ricos que podemos llegar a ser!!!

1 sept. 2012

Un cuento zen: Los tres hermanos

Un viejo guerrero Samurai, que en su juventud logró sobrevivir a los embates de diversas guerras entre señoríos, presintió que sus días en este plano de vida se terminarían pronto, y decidió dar lo poco que tenía a sus tres únicos hijos, los cuales también eran samurais, pero de un nivel de pelea muy básico.

Como él presentía que su destino con el Tan Tien (“mar de la energía”, según las filosofías orientales) se acercaba decidió que no sería posible enseñar Kenjutsu por completo a sus tres hijos, por lo que se puso muy triste, pues sin duda, después de su partida, ellos serían presa fácil de otros guerreros de mayor nivel.

Mientras se preparaba espiritualmente en meditación para su partida, le llegó una visión y una forma de dar el último legado a sus jóvenes hijos.

Mientras hacia un recuento de las posesiones en armas que tenía y al observar las flechas que había forjado años antes como regalo para sus hijos (las flechas tienen una simbología muy particular para los japoneses, pues denotan el vehículo con que se trasladan los deseos y las metas, y su objetivo es no regresar del lugar donde salieron), así comparó los deseos que dejaría como último legado para sus tres hijos.

Días más tarde convocó a los tres para dar sus bendiciones y para heredarles lo que les correspondiese a cada uno. En ese momento dijo: “Sé que ustedes seguirán mis pasos como guerreros y que aún son muy jóvenes e inmaduros en las artes del sable. No obstante que sus técnicas son complementarias y que sólo les enseñé a atacar y no a defender, tengo una herencia más para darles. Sepan que en estas flechas está el secreto para que ustedes puedan ser invencibles, a pesar de que sólo saben técnicas de ataque.”

Los tres muchachos se quedaron sorprendidos, mirándose entre si, pues no sabían como tres flechas habrían de hacerlos invencibles. El anciano se sonrió y les entregó una flecha a cada uno de ellos. Los chicos las miraron y quedaron mas confusos pues las flechas no parecían tener alguna cualidad superior y uno de ellos dijo:

“Padre gracias por tu regalo y por entregarnos estas flechas, pero dime ¿Cómo es que esta simple flecha me va hacer invencible?

El anciano le dijo:

“Si decides romper esta flecha con tus propias manos seguramente lo lograrás sin ningún tipo de problema, pero si juntas las tres te será imposible romperlas. Júntalas de una sola vez e intenta romperlas tan solo con tus manos.”

El chico comprobó que su padre tenía razón, pues a pesar de que eran simples flechas, estaban hechas de maderas duras, y al juntar las tres no se podían romper.

El anciano sonrío de nuevo al ver que ninguno de los tres pudo romper el grupo de flechas y continúo diciendoles:

“Así como el estilo de estas tres flechas es el de solamente atacar su objetivo, el de ustedes es igual, pero pongan atención, pues esta es la herencia más importante que les dejaré. Las flechas son indestructibles si se juntan, pero si se deja una sola, cualquiera podrá romperla. Estas flechas representan a sus cualidades y a sus personalidades de combate. De igual manera, para que ustedes sean invencibles, siempre deberán pelear juntos y atacando de una manera definitiva y sin titubear, pues el día que decidan pelear solos será el último: rota una de las flechas las otras son más fáciles de romper. Esta es la manera de que los tres sean invencibles a pesar de que sólo saben ataques y no defensas.”

Desde entonces ninguno de los tres hermanos se atrevió a pelear solo y desde ese momento juntos fueron invencibles.