18 may. 2012

Veo veo

Veo veo.
¿Qué ves?
Una cosa.
¿Qué cosa?
Maravillosa.
¿De qué color?
Color, color...

...y recién ahí empieza el juego. ¡Cuánto protocolo!

¿Para qué tanto trámite?

Lo mismo pasa con el Pan y Queso. ¿Es necesario dar tantos pasos para ver cuál de los dos capitanes de equipo va primero en la elección de los jugadores? Si sería lo mismo tirar una moneda.

Si nosotros, los grandes, jugáramos a esos juegos, pasaríamos por alto todos esos pasos innecesarios. Para jugar al Veo veo, un jugador simplemente diría “verde” y los otros empezarían inmediatamente a buscar objetos verdes al alcance de la vista. ¿Por qué? Para ahorrar tiempo valioso.

Los chicos no entienden el concepto de ahorrar valioso tiempo. Prefieren gastarlo en nimiedades tales como decir “punto y coma, zapatilla de goma, el que no se escondió se embroma” cuando juegan a las escondidas.

O tal vez sí lo entienden, y entienden que cumplir con esas rimas y esos rituales aparentemente intrascendentes sirve para hacer que el juego dure un poquito más. Para pasar un ratito más jugando con los amigos. Es como decía María Elena en su canción "Osías el osito":

Quiero tiempo,
pero tiempo no apurado.
Tiempo de jugar,
que es el mejor.