7 feb. 2012

La papa de San Valentín

lizondo, el hijo del granjero Don Zoilo, estaba muy entusiasmado. Motivos no le faltaban... es que tenía planeado sorprender a su novia, Florinda, con un ramo de flores y una caja de bombones en forma de corazón que había visto en la confitería del pueblo. Seguro que Florinda no sabría el porqué de esos regalos. ¡Ajá! Entonces él haría gala de todos sus conocimientos y le explicaría a su novia que era el Día de San Valentín o Día de los Enamorados, fecha en la que, en otras partes del mundo, se le rinden honores al amor y a la amistad.

El muchacho se encontraba preparando sus mejores atuendos para lucirlos ante su novia, cuando escuchó la voz de su tata: “¡Elizondo! ¿Qué pasó que no ha terminao sus labores en la huerta? ¿No se ha fijao en la cantidad de papas que han quedao sin cosechar? ¡Eso no puede esperar, m’hijo! Ya le he dicho muchas veces que si las papas no se cosechan enseguida, las agarra el gorgojo”.

Al pobre Elizondo se le fue el alma al suelo. Si se ponía a cosechar papas en ese momento, apenas le alcanzaría el tiempo para arreglarse y llegar a las cinco a lo de Florinda, tal como hacía todos los martes. Le sería imposible pasar por el pueblo y comprarle los regalos a su novia.

Pero el tata tenía razón. La cosecha de papas no podía esperar. Resignado, enfiló hacia la huerta para cumplir sus deberes, pensando en lo difícil que le sería explicar a Florinda todo el asunto de San Valentín sin darle siquiera un pequeño regalo que acompañara la explicación.

De pronto, mientras cosechaba, ocurrió el milagro: la papa que acababa de sacar de la tierra tenía una perfecta forma de corazón. “¡Eso es!”, pensó Elizondo. “¡Es el regalo perfecto para la Florinda! La voy a lavar bien y se la voy a regalar envuelta en una hoja de choclo con un moño rojo”.

Y así lo hizo. Cuando le dio el regalo a Florinda, ésta no pudo contener su emoción. “¡Elizondo! ¡Qué hermoso regalo! No pensé que estuvieras enterado de que hoy es San Valentín”. El muchacho quedó entre decepcionado y feliz. Decepcionado, por que no pudo sacar a relucir sus conocimientos ante su novia; feliz, por que aunque no había tenido tiempo para comprar el ramo y los bombones, Florinda se quedó más que contenta con ese curioso regalo.

Los enamorados pusieron su papa en forma de corazón a germinar, y cuando dio brotes, la plantaron en un lugar privilegiado del jardín. Con el tiempo, se transformó en una gran planta, que dio cientos de papas, todas en forma de corazón.



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