29 ene. 2012

Fábula del león y el ratón (con video)

Esta fábula muestra que hasta los más poderosos necesitan de vez en cuando de la ayuda de un amigo pequeño. Para los perezosos que reniegan de la lectura, abajo hay un video con la narración (hecha por un auténtico cuentacuentos) de este sencillo pero genial cuento de Esopo.

Una tarde muy calurosa, un león dormitaba en una cueva fria y oscura. Estaba a punto de dormirse del todo cuando un ratón se puso a corretear sobre su hocico. Con un rugido iracundo, el león levantó su pata y aplastó al ratón contra el suelo.
–¿Cómo te atreves a despertarme? –gruñó–. Te voy a espachurrar.
–Oh, por favor, por favor, perdóname la vida –chilló el ratón atemorizado–. Prometo ayudarte algún día si me dejas marchar.
–¿Quieres tomarme el pelo? –dijo el león–. ¿Cómo podría un ratoncillo como tú ayudar a un león grande y fuerte como yo? –Se echó a reir con ganas. Se reía tanto que en un descuído deslizó su pata y el ratón escapó.


Unos días más tarde, el león salió de caza por la jungla. Estaba justamente pensando en su próxima comida cuando tropezó con una cuerda estirada en medio del sendero. Una red enorme se abatió sobre él y, pese a toda su fuerza, no consiguió liberarse. Cuanto más se removía y se revolvia, más se enredaba y más se tensaba la red en torno a él.
El león empezó a rugir tan fuerte que todos los animales lo oían, pues sus rugidos llegaban hasta los mismos confines de la jungla. Uno de esos animales era el ratoncillo, que se encontraba royendo un grano de maíz. Soltó inmediatamente el grano y corrió hasta el león.

–Oh, poderoso león –chilló–. Si me hicieras el favor de quedarte quieto un ratito podria ayudarte a escapar.

El león se sentia ya tan exhausto que permaneció tumbado mirando como el ratón roía las cuerdas de la red. Apenas podia creerlo cuando, al cabo de un rato, se dió cuenta de que estaba libre.

–Me salvaste la vida, ratoncillo –dijo–. Nunca volveré a burlarme de las promesas hechas por los amigos pequeños.







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