29 dic. 2011

Microcuento: una micro-adaptación de “La tortuga y la liebre”

o bueno de los microcuentos es que los podemos contar completitos antes de que el sueño nos domine y nuestras palabras comiencen a derrapar hasta transformarse en un irregular ronquido.

En mi búsqueda de microcuentos para contarle por las noches a los pequeños cuenteretes (que en esta época están de vacaciones y se van a dormir bien pasada la medianoche, los muy atorrantes), me topé con esta genial micro-versión de “La tortuga y la liebre”:

Fernando Niembro no lo podía creer: “Mariano, estamos siendo testigos de un hecho histórico, la garra, la experiencia, la inteligentísima estrategia y la disciplina táctica de la tortuga, han conseguido lo que a priori parecía impensable”.

–Sí Fernando, las distracciones en este deporte se pagan caro, hay que ver como se recupera la liebre después de esta caída, el domingo tiene un difícil compromiso contra la gacela…

El conejo apagó la radio y saltando de alegría se dirigió al hipódromo. La tortuga pagaba 25 a 1, tenía que compartir la mitad con su prima, pero igual era una fortuna.

Es-pec-ta-cu-lar. (Quienes no sepan quiénes son Fernando Niembro y Mariano Closs, usen los links correspondientes para averiguarlo).

Más microcuentos de similar calidad en este sitio: http://www.loscuentos.net/cuentos/link/279/279703/

19 dic. 2011

Otro cuento de Navidad

a Abuela Lalá vivía en un barrio muy bonito, en el que todas las casas se vestían con sus mejores galas en la época de navidad. Todas menos la suya; es que la Abuela no tenía ni mucha plata ni muchas energías como para andar dedicándose a las decoraciones navideñas. Pero a ella no le importaba mucho. Se conformaba con colocar unas guirnaldas en un pino enano en el frente de la casa y un grande aunque vetusto pesebre junto a la puerta de entrada.

Una nochebuena, mientras miraba por la tele los festejos navieños en distintas partes del mundo y sacaba del horno un gran pan dulce (siempre en navidad horneaba un pan dulce para compartirlo con quien pasara por su casa), Lalá oyó un ruido que se destacaba por sobre la música y los petardos de las casas vecinas. Parecía el llanto de un bebé.

La Abuela comenzó a buscar el origen de ese sonido, que la guió hasta el frente de su casa, y se sorprendió al encontrarlo dentro del pesebre. Pero no era el llanto de un bebé, sino el maullido de gatitos recién nacidos. Una gata se había refugiado en el pesebre para dar a luz a dos diminutos cachorros felinos. Con un maullido cansado, la gata le dio a entender a Lalá que tenía hambre. La Abuela fue enseguida a la cocina, para traer varios trozos de pan dulce sumergidos en un plato con leche, los cuales fueron engullidos por la gata mientras los cachorros dormían amontonados en un rincón del pesebre. En ese instante, una estrella fugaz de luz inusualmente intensa iluminó la casa de Lalá, convirtiéndola por unos momentos en la más brillante y notoria del barrio.

Poco después, varios autos comenzaron a llegar y a estacionar en la entrada de la casa. Eran los hijos y nietos de Lalá, quienes llegaban con sus manos llenas de adornos, regalos y comida. La casa de Lalá se llenó de risas y alboroto.

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¡Feliz navidad para todos, de parte de los Cuenteretes!