2011-11-19

El árbol y el carpintero (cuento con enseñanza en primera persona)

El protagonista de este cuento (el narrador) recibe una importante enseñanza de vida de parte de un humilde carpintero.


Había contratado a un carpintero para que me ayudara a restaurar la abandonada casa de mis abuelos, ubicada en medio del campo. Mudarme allí era mi sueño; estaba agotado con el trabajo y necesitaba paz y un poco de contacto con la naturaleza.


En su primer día, al carpintero se le rompió la sierra eléctrica y no pudo realizar parte del trabajo. Como ya era de noche y su viejo camión se negó a arrancar, me ofrecí a llevarlo a su casa. Mientras íbamos hacia allí por un desolado camino, permaneció en silencio. Al llegar a su casa me agradeció y me invitó a conocer a su familia.

Cuando estábamos llegando a la puerta, él de repente se detuvo frente a un pequeño árbol y tocó las puntas de las ramas con ambas manos. Cuando entró en su casa ocurrió una sorprendente transformación: su cansado rostro estaba luminoso. Se acercó a sus pequeños hijos y con amplia sonrisa los saludó y abrazó y le dio un beso muy cálido a su esposa.


Al retirarme de su hogar me acompañó hasta el auto. Cuando pasamos cerca del árbol, mi curiosidad hizo que le preguntara acerca de lo que lo había visto hacer un rato antes.

–Este es mi árbol de problemas –contestó–. Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero tengo muy en claro que los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa ni a mis hijos, así que simplemente cada noche cuando llego a casa los cuelgo en el árbol, y a la mañana los recojo otra vez... pero lo bueno, lo divertido –dijo sonriendo–, es que cuando salgo a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior.


Desde aquella ocasión, decidí seguir el ejemplo del carpintero: todas las noches cuelgo mis problemas en un árbol que se encuentra fuera de mi casa, y a la mañana siguiente recojo los pocos que siguen allí.




 
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