31 jul. 2011

Madrastras y brujas, el mal necesario de los cuentos de hadas

n los cuentos clásicos hay muchas más madrastras malas y brujas que madres bondadosas. Se puede argumentar que las madrastras y brujas son un mal necesario para justificar el argumento del cuento, ya que el conflicto se produce al ser los protagonistas niños o niñas indefensos que no tienen una auténtica madre que los proteja.

La escritora Soledad Puértolas publicó en ELPAIS.com la nota “Malas de cuento”, en la que analiza el rol de las mujeres malignas en los cuentos clásicos.

Puértolas analiza los casos de Blancanieves y Cenicienta: dos historias de madrastras. La de Blancanieves, además de madrastra, es bruja. El famoso espejito en el que se mira para asegurarse de que su belleza no tiene rival en su reino la pone en relación directa con las fuerzas del mal. La madrastra de la Cenicienta, sin embargo, es simplemente una mujer mala. Humilla constantemente a su hijastra y le encarga los más fatigosos trabajos de la casa, mientras no escatima dineros para vestir lujosamente a sus hijas con la idea de encontrarles marido.

En todo caso, una, bruja, otra, simplemente malvada, son prototipos de la madrastra que odia a su hijastra. Si la niña o la joven tienen al enemigo dentro de su círculo familiar, ¿cómo no se va a presentir toda una sucesión de peligros? Pero de esto tratan los cuentos, de obstáculos y dificultades. Si Blancanieves y Cenicienta hubieran tenido madres en lugar de madrastras, sus historias no habrían tenido lugar. La madre es buena por naturaleza, generosa, protectora. Blancanieves y Cenicienta son dos jovencitas desvalidas a las que hay que salvar.

Caperucita Roja, en cambio, no tenía madrastra... ¿o sí? La supuesta madre encarga a la niña que lleve la merienda a su abuelita, pero le advierte de los peligros del bosque y le pide que no se entretenga. No volvemos a saber nada de la madre.

Entonces nos preguntamos: ¿a quién se le ocurre mandar a la niña sola a casa de la abuelita teniendo que pasar tan cerca del bosque, un lugar peligroso por definición? Esta madre, ¿no será en realidad una madrastra?, ¿por qué, si no, envía a la niña a un lugar y a una hora tan inconvenientes? Lleva la merienda, luego es por la tarde, que linda con la noche. Bosque y noche, dos peligros clarísimos. Lo del lobo ha sido algo imprevisto. O quizá no: quizá la madrastra conoce la existencia del lobo, que tiene su guarida en el bosque. Quizá confiaba en que la niña, que es curiosa, se internaría por el bosque, se perdería y se toparía al fin con el lobo, que la mataría.

Como las madrastras malas quieren deshacerse de sus hijastras, hay muchas razones para suponer que la madre de Caperucita bien podría haber sido madrastra y no madre. Muerta Caperucita, la madrastra se queda con el padre de la niña para ella sola. La jugada le ha salido perfecta. Más aún, si, como sospechamos, la abuelita, a la que también se ha comido el lobo, es la madre del padre de Caperucita y, como es lógico, no se lleva nada bien con la nueva mujer de su hijo. Si todo esto es así, está claro que la madrastra ha matado dos pájaros de un tiro.

Si optamos por atenernos a la figura de la madre, llegaríamos a una conclusión igualmente inquietante: la madre es una perfecta estúpida. No tiene ningún sentido que envíe a su hija en medio de la tarde y con el bosque a sus puertas a casa de la abuelita. Sus advertencias de peligro, como debería de saber, se convierten en incitación, en tentación. Una madre tonta acaba siendo una mala madre.

Para compensar la amenaza de las madrastras, brujas y malas madres, existen las hadas. Estas bellas y etéreas mujeres se encargan de ayudar a los protagonistas de los cuentos cuando se hallan más desesperados.

Puértolas concluye su artículo señalando que “la literatura ha ofrecido siempre un lugar donde pasan cosas completamente distintas de las que se ven en el cotidiano acontecer, pero también da cabida a situaciones conocidas de la vida. Ambas opciones son necesarias y complementarias”.

“La presencia del mal en el mundo, sostiene Jung, es un hecho evidente y, en consecuencia, no podemos descartar el proceso de aprendizaje que nos brindan los cuentos. Lo tremendo, lo terrible, lo incomprensible, es parte de la vida, y la imaginación es un instrumento poderoso para nuestra sobrevivencia. También para nuestra felicidad”.

23 jul. 2011

Teatro en vacaciones: “Concierto de cuentos”, por Pitucones

levar a los chicos al teatro en vacaciones puede ser una verdadera odisea, teniendo en cuenta que hay que comprar las entradas anticipadamente (pagando sus altísimos precios), soportar largas filas para ingresar al teatro, adquirir el infaltable merchandising necesario para que los chicos dejen de decir “porfa, porfa, porfa, porfa!!”, consumir un combo de hamburguesa con papas y gaseosa medianas, entre otras torturas.

También está la opción de los espectáculos “a la gorra”, que evitan la compra de costosas entradas, pero al llevarse a cabo en plazas o espacios públicos al aire libre, no son lo más conveniente para la salud en estos fríos días de julio.

Afortunadamente existe una alternativa que ofrece lo mejor de ambas propuestas. La Sala Alberdi del Centro Cultural General San Martin (Sarmiento 1551, 6° piso, Ciudad de Buenos Aires) presenta en estas vacaciones de invierno la obra teatral “Concierto de cuentos”, del grupo Pitucones. Es una obra teatral infantil hecha y derecha, que no impone ningún gasto más allá de lo que uno quiera dejar en la gorra al terminar el espectáculo.

Los Pitucones (en realidad, cinco de los seis) llegan en el escenario dentro de la galera del sexto Pitucón (que hace las veces de presentador, aunque no habla, sino que sólo se ocupa de la música) y cobran vida tras un bastidor mágico situado en el medio del escenario. Desde ese bastidor van saliendo los personajes que animan cada una de las cuatro historias breves que componen el espectáculo.

En la primera, “El camaleón” (inspirada en el cuento homónimo del dramaturgo ruso Antón Chéjov), los personajes son un travieso perro, cuatro títeres –que representan a los habitantes del pueblo– y un indeciso juez que oscila entre la decisión de apresar al can o dejarlo en libertad. En “Dos valientes” (también basada en un cuento de Chéjov), los actores representan la historia de un hombre que debe atravesar un tenebroso bosque y, fruto del miedo, toma decisiones equivocadas que dificultan su travesía.

En la tercera historia, “El dentista”, el grupo utiliza recursos del cine mudo de la época de Chaplin para ejemplificar la importancia de la higiene dental. Y en el último número, “El silencio”, un hombre ve interrumpido su mágico sueño por un mosquito molesto con el que entabla una dura batalla, la cual concluye sólo para ser sucedida por otros ruidos molestos que se empeñan en no dejar dormir al pobre hombre.

Cada historia termina con una canción original y divertida que explica la moraleja del cuento. Y finalmente, tras el último número, los Pitucones vuelven a meterse en la galera del músico, donde se quedan hasta la siguiente función.

“Concierto de cuentos” estará miércoles, jueves y viernes de la semana próxima, a las 16:00, en la Sala Alberdi, y luego los Pitucones buscarán un escenario donde exponer su magia los fines de semana (pero ahí seguramente el espectáculo ya no será a la gorra). Consejo: aprovechar esta oportunidad para ir a verlos con los chicos, ya que a ellos les va a encantar, y los empobrecidos bolsillos de fin de mes no van a verse más empobrecidos aún.

(Nota: en un próximo post incluiremos un fragmento en video del cuento “El dentista”)

3 jul. 2011

Esopo y sus fábulas: La tortuga y la liebre

sopo es el supuesto autor de gran cantidad de fábulas que han sido popularizadas por varios recopiladores (Félix María Samaniego, Jean de La Fontaine, etc.) y han llegado hasta nuestros días a través del cine, TV, libros y obras teatrales. Decimos supuesto autor por que no existen pruebas fehacientes de que Esopo haya existido realmente, aunque la mención de su existencia aparece en boca de numerosos autores y filósofos. Por ejemplo, Platón decía que Sócrates se sabía de memoria sus fábulas. Se cree que nació alrededor del año 600 antes de Cristo.

Los títulos de las fábulas de Esopo mencionan, en casi todos los casos, a los dos protagonistas principales de la historia; por ejemplo: La cigarra y la hormiga, La tortuga y la liebre, El león y el ratón, La rana y la zorra, etc. A continuación transcribimos el texto de La tortuga y la liebre, acompañado por un fragmento del espectáculo Colorín y Do-Re-Mi en donde se relata dicha fábula.



La tortuga y la liebre

En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa, porque ante todos decía que era la más veloz. Por eso, constantemente se reía de la lenta tortuga.

-¡Miren la tortuga! ¡Eh, tortuga, no corras tanto que te vas a cansar de ir tan de prisa! -decía la liebre riéndose de la tortuga.

Un día, conversando entre ellas, a la tortuga se le ocurrió de pronto hacerle una rara apuesta a la liebre.

-Estoy segura de poder ganarte una carrera -le dijo.

-¿A mí? -preguntó, asombrada, la liebre.

-Pues sí, a ti. Pongamos nuestra apuesta en aquella piedra y veamos quién gana la carrera.

La liebre, muy divertida, aceptó.

Todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. Se señaló cuál iba a ser el camino y la llegada. Una vez estuvo listo, comenzó la carrera entre grandes aplausos.

Confiada en su ligereza, la liebre dejó partir a la tortuga y se quedó remoloneando. ¡Vaya si le sobraba el tiempo para ganarle a tan lerda criatura!

Luego, empezó a correr, corría veloz como el viento mientras la tortuga iba despacio, pero, eso sí, sin parar. Enseguida, la liebre se adelantó muchísimo.Se detuvo al lado del camino y se sentó a descansar.

Cuando la tortuga pasó por su lado, la liebre aprovechó para burlarse de ella una vez más. Le dejó ventaja y nuevamente emprendió su veloz marcha.

Varias veces repitió lo mismo, pero, a pesar de sus risas, la tortuga siguió caminando sin detenerse. Confiada en su velocidad, la liebre se tumbó bajo un árbol y ahí se quedó dormida.

Mientras tanto, pasito a pasito, y tan ligero como pudo, la tortuga siguió su camino hasta llegar a la meta. Cuando la liebre se despertó, corrió con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde, la tortuga había ganado la carrera.

Aquel día fue muy triste para la liebre y aprendió una lección que no olvidaría jamás: No hay que burlarse jamás de los demás. También de esto debemos aprender que la pereza y el exceso de confianza pueden hacernos no alcanzar nuestros objetivos.