2 jun. 2011

Detrás de los cuentos: El Principito

02/06/2011

uáles son las cosas realmente importantes? Esta pregunta se nos aparece en momentos críticos de nuestras vidas; por ejemplo, cuando está en juego nuestra propia supervivencia. Eso fue exactamente lo que le ocurrió al famoso escritor y piloto de aviones Antoine de Saint-Exupéry el 30 de diciembre de 1945, cuando junto con su navegador (André Prevot) debió realizar un aterrizaje forzoso en la parte de Libia del desierto del Sahara. Los aviadores estaban intentando romper el récord de tiempo de vuelo entre París y Saigón, pero el destino quiso darles una lección, enfrentándolos con la muerte.

Más de tres días estuvieron los hombres en el inclemente desierto, hasta que un beduino y su camello les salvaron la vida. En base a esta experiencia, Saint-Exupéry (que se pronuncia “exuperí”, ya que –como toda palabra francesa– es una palabra aguda, sin importar en dónde esté el acento) escribió su famoso libro El Principito, el cual relata una historia llena de sabias enseñanzas, plasmadas en metáforas que pueden dar lugar a distintas interpretaciones; justamente, el tema de las metáforas y sus interpretaciones se refleja en una parte de la historia en la que el co-protagonista (El Narrador), siendo niño, dibuja una boa que se engulló a un elefante (véase el dibujo de la izquierda). Cada vez que muestra este dibujo a un adulto, éste piensa que se trata de un simple sombrero, aunque el niño está convencidísimo de que la aterradora imagen representa a un elefante en la panza de una enorme serpiente.

Antoine de Saint-Exupéry se incluye a sí mismo dentro de la historia del Principito como el personaje del Narrador: un adulto que intenta razonar y actuar como un niño, aunque sabe que no lo es. El Principito es quien ayuda al narrador a reencontrarse con su niño interior; por ejemplo, cuando ve el dibujo que los adultos interpretaban como un sombrero, se espanta y le dice que no quiere ver una boa con un elefante en la panza.

A lo largo de la historia, El Principito va encontrándose con personajes muy diversos, entre los cuales se destaca El Zorro, un sabio animalito que le explica al protagonista la esencia de la amistad y las complicaciones que conlleva. En esta página reproducimos el diálogo entre El Principito y El Zorro, cuya conclusión es la frase más famosa de todo cuanto escribió Saint Exupéry: “Adiós –dijo El Zorro–. He aquí mi secreto: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”.

Seguramente una de las enseñanzas que quedan luego de leer El Principito es que, entre las cosas realmente importantes de la vida (para responder a la pregunta que abre esta nota), se destaca a la amistad como una de las principales. Y que la amistad puede ser algo complicado, a menos que se la vea a través de los ojos de un niño, para quien hacer un nuevo amigo es algo tan simple como preguntar: “¿Querés ser mi amigo?”.