25 sept. 2010

Chistes para niños

25/09/2010

A falta de cuentos, siempre vienen bien algunos chistes para que los chicos se vayan a dormir con una sonrisa. A continuación, una selección de chistes extractados del sitio juegosdepalabras.com:

Un gato persigue a dos ratones. Uno de los ratones se para y grita “¡Guau!, ¡guau!”, y entonces el gato se aleja corriendo.
Los ratones comentan entre ellos:
–¿Te das cuenta de la importancia de saber idiomas?


–¿Cómo se escribe «nariz» en inglés?
–No sé.
–¡Correcto!

. . .

–¿Cómo se dice bulto en francés?
–Paquet
–Para nada, quería saberlo nomás.

. . .

En la boletería de una estación de tren:
–Por favor, ¿puede darme un boleto para Villegas?
–Lo siento, se han agotado.
El señor se da media vuelta y le dice a su amigo:
–Villegas, te has quedado sin b0leto.

. . .

Un caníbal viaja en avión y le dice la azafata:
–Señor, ahora mismo le traigo el menú.
Y dice el caníbal:
–Mejor tráigame la lista de pasajeros.

. . .

Un japonés entra a un quiosco y dice:
–¡Achinoko kanuchi mituniko kuchuwida... pastillas!
Y el quiosquero pregunta:
–¿Un paquete de qué?

19 sept. 2010

Tomando en serio los juegos infantiles

19/09/2010

Jugar desde lo profundo del alma.

n soleado domingo por la tarde, mientras tomábamos un helado en una heladería de Ing. Maschwitz, nos pusimos a hojear una revista ecológica llamada Urbano & Orgánico, encontrando un artículo que llamó nuestra atención. El artículo se titulaba “El valioso juego infantil está amenazado”, y estaba extractado del libro de María Luisa Nüesch “Jugar desde lo profundo: la capacidad de los niños para sanarse a través del juego” (el título está en alemán, pero es muy complicado para transcribirlo en su lengua original).

En síntesis, lo que dice el artículo es que es necesario rescatar la esencia y la importancia de los juegos infantiles, y tomarlos en serio, ya que son la herramienta que los niños usan para crecer, para expresarse, para aprender, y para muchas cosas más. Pero veamos mejor lo que dice el artículo en su totalidad, ya que mi poder de síntesis puede no ser de lo mejor:

En la actualidad preponderan los juegos motrices. Un cumpleaños atractivo ya casi no puede prescindir de un castillo inflable, en el cual los niños saltan y retozan hasta quedar extenuados. Luego vuelven a sus casas totalmente “acelerados”, cuando deberían reposar serenamente en sí mismos. A la par del exceso de movimiento, se observa también una falta de vitalidad. Muchos niños son enfermizos, quejosos, desganados, nerviosos. ¿Dónde está el reservorio del cual pueden sacar ganas de vivir, tranquilidad, fuerza y salud? Ese reservorio, ese manantial, está en su interior. El “juego íntimo” es lo que lo hace fluir: jugar desde lo profundo del alma es lo que los niños necesitan imperiosamente para conservar su equilibrio interior.

Los niños son como los aborígenes, que ingenuamente solían cambiar sus bienes más preciados por cualquier baratija atractiva. El niño es engañado, y ésa es una de las catástrofes de nuestra civilización. Canjea su rica e inagotable fantasía y creatividad por un presunto juguete. Cuanto más perfecto sea el mismo, tanto más contraproducente es para el verdadero juego.

El juego desde lo profundo del alma ha sido desplazado cada vez más. Es imperioso que lo rescatemos. Los niños lo necesitan más que nunca, para sanarse jugando. Si no lo pueden hacer, aparece un cúmulo de alteraciones, desarmonías y enfermedades. Una de las terapias más fundamentales y a la vez la más amplia prevención es el juego íntimo y elemental.

¿Cómo crear un ambiente propicio para el juego?
El juego no puede ser inducido, sólo se pueden crear las condiciones propicias para que aparezca. Una de las condiciones es la atmósfera. Si la madre, el padre o la maestra crea un centro sereno, dedicándose a alguna tarea manual que le agrada realizar, eso anima a los niños a jugar en su cercanía. Los niños necesitan esa “campana protectora” que rodea a un adulto dedicado serenamente a un trabajo. Los niños desean imitar, y hoy en día ya no quedan muchos trabajos primigenios, comprensibles, dignos de imitar. En la actualidad, muchas madres realizan las tareas del hogar por la noche, por que creen que no pueden hacerlo en presencia de los niños. Con ello se pierde el último resto de actividades imitables y uno de los medios educativos más importantes para la madre durante los primeros años de vida de los chicos: transmitir actividades primigenias tales como rallar, revolver, amasar, estrujar, barrer, golpear, etc. Los niños pequeños son seres volitivos, quieren hacer cosas comprensibles, que tengan sentido. Nos quejamos de la falta de voluntad de los jóvenes, que no le encuentran sentido a nada. Aquí están las raíces de ese fenómeno.

Hay juegos que nos permiten adivinar algo de la misión del niño. Su manera muy personal de jugar dice mucho de su esencia. Cada niño es un enigma.

Condiciones importantes para acompañar este tipo de juego
  • La iniciativa parte del niño.
  • El niño guía el juego.
  • No se debe emitir ningún tipo de juicios morales.
  • Es necesario mantenerse totalmente al margen y a la vez estar totalmente presente.
  • Tener plena confianza en la fuerza curativa del juego.
  • Tener enorme respeto por la dignidad del niño
  • Reverenciar interiormente la sabia conducción del acontecer.
  • Jamás perder el humor.
El futuro exige un cuidado lo más rico y vivificado posible de los sentidos y la posibilidad de moverse de múltiples maneras, todo inmerso en un juego auténtico y envuelto en calor social abarcador. Preparar a los niños para la vida también podría significar tomar en serio su juego, cuidar de su risa, incorporar la aventura en nuestra organizada vida doméstica, darle tiempo y espacio a su fantasía y de ese modo hacerlos más resistentes a todas las durezas que trae la vida.

Los niños necesitan un espacio de libertad donde poder refugiarse cada tanto de la racionalidad de los adultos y de sus permanentes intenciones de educarlos. Muchos padres creen que deben jugar con sus hijos por que están obsesionados con estimularlos. Desde la más temprana edad se estimula a los niños y las madres comparan asiduamente los logros de sus pequeños. Esa actitud emana de una cosmovisión muy materialista, la cual es profundamente opuesta a la esencia del niño pequeño. Este trae algo celestial. Por ello un recién nacido cautiva a todos a su alrededor. Aún no es plenamente de este mundo. Si dejamos que el niño crezca con confianza en un entorno que promueve el juego, buscará muy dirigidamente aquello que necesita, eligiendo el momento preciso, aprendiendo a su manera muy personal. ¡Ni el más elaborado programa educativo podría diseñar juegos tan eficaces!

Me dirán que estoy proponiendo algo ajeno al mundo actual, que propongo volver a la naturaleza, volver al pasado, a la mujer dedicada a los quehaceres domésticos. Los niños siempre conducen hacia delante. En el mejor de los casos llevan a nuevos modelos, llenos de vida desbordante. En cualquier lado se puede crear un oasis infantil. Este puede ser un lugar creador de cultura, incluso para los adultos, un manantial de vida sumamente necesario en el mundo moderno. La avidez de más vitalidad es enorme. Esta no se encontrará en mayores y más numerosas distracciones, si no en lo pequeño y pequeñísimo. Al final, quizás en una gota de rocío, en la cual se reflejen todos los colores del arco iris.

12 sept. 2010

Las matemáticas en los cuentos: “El hombre que calculaba”

12/09/2010

s una pena que la mayoría de los chicos en edad escolar odien las matemáticas, simplemente por que les resultan muy complicadas. Mi teoría es que ese odio se lo transmiten las propias maestras, que también odian las matemáticas, más aún por verse en la obligación de tener que enseñarlas a como dé lugar.

A mí también me costaba muchísimo entender las matemáticas cuando iba a la escuela, y recién después de convivir con ellas durante todos mis años de universidad, fue que logré captar la belleza de los números (si hasta llegué a escribir el cuento “Melancolías matemáticas”, en el que expreso mi particular relación con esta ciencia; pueden leerlo aquí).

Pero cuando veo a mi hijo angustiándose por no poder entender cómo se hacen las divisiones entre números de dos o más cifras, es que me pregunto, ¿no habrá otra forma de enseñar matemáticas en el colegio, que no obligue a los chicos a memorizar tablas de multiplicar y aprenderse las “recetas” para hacer cuentas?

Tal vez para los chicos sería más fácil entender las matemáticas si los incitaran a investigar, a preguntarse por qué –por ejemplo– el número que está en la hilera de las unidades le tiene que “pedir uno” al que está en las decenas.

Se me ocurrió que una buena forma de ayudar a los chicos a asimilar los conceptos matemáticos sería a través de cuentos. Lamentablemente no tengo la suficiente inventiva como para idear un cuento que, además de entretener, enseñe matemáticas. Supuse que alguien más lo habría hecho, pero no pude encontrar un libro de cuentos con contenidos matemáticos que fuera más allá de los conceptos básicos, como por ejemplo, los de clasificación.

Lo que sí encontré (buscando en mis propios recuerdos) fue un libro que leí en mi juventud, llamado “El hombre que calculaba”. El autor de este libro, el brasileño Julio César de Mello y Souza, alias Malba Tahan, da rienda suelta a su fascinación por la cultura árabe y las matemáticas, narrando la vida del calculador Beremís Samir, llena de cuentos en los que los problemas matemáticos son los verdaderos protagonistas.

A modo de ejemplo, transcribo parte del capítulo III del libro, en donde se presenta un problema en el que una herencia consistente en 35 camellos debe ser repartida entre tres herederos:

Hacía pocas horas que viajábamos sin interrupción, cuando nos ocurrió una aventura digna de ser referida, en la cual mi compañero Beremís puso en práctica, con gran talento, sus habilidades de eximio algebrista.
Encontramos, cerca de una antigua posada medio abandonada, tres hombres que discutían acaloradamente al lado de un lote de camellos. Furiosos se gritaban improperios y deseaban plagas:
–¡No puede ser!
–¡Esto es un robo!
–¡No acepto!
El inteligente Beremís trató de informarse de qué se trataba.
–Somos hermanos –dijo el más viejo– y recibimos, como herencia, esos 35 camellos. Según la expresa voluntad de nuestro padre, debo yo recibir la mitad, mi hermano Hamed Namir una tercera parte, y Harim, el más joven, una novena parte. No sabemos, sin embargo, cómo dividir de esa manera 35 camellos, y a cada división que uno propone protestan los otros dos, pues la mitad de 35 es 17 y medio. ¿Cómo hallar la tercera parte y la novena parte de 35, si tampoco son exactas las divisiones?
–Es muy simple –respondió el “Hombre que calculaba”–. Me encargaré de hacer con justicia esa división si me permitís que junte a los 35 camellos de la herencia, este hermoso animal que hasta aquí nos trajo en buena hora.
Traté en ese momento de intervenir en la conversación:
–¡No puedo consentir semejante locura! ¿Cómo podríamos dar término a nuestro viaje si nos quedáramos sin nuestro camello?
–No te preocupes del resultado, bagdalí –replicó en voz baja Beremís–. Sé muy bien lo que estoy haciendo. Dame tu camello y verás, al fin, a qué conclusión quiero llegar.
Fue tal la fe y la seguridad con que me habló, que no dudé más y le entregué mi hermoso jamal, que inmediatamente juntó con los 35 camellos que allí estaban para ser repartidos entre los tres herederos.
–Voy, amigos míos –dijo dirigiéndose a los tres hermanos– a hacer una división exacta de los camellos, que ahora son 36.
Y volviéndose al más viejo de los hermanos, así le habló:
–Debías recibir, amigo mío, la mitad de 35, o sea 17 y medio. Recibirás en cambio la mitad de 36, o sea, 18. Nada tienes que reclamar, pues es bien claro que sales ganando con esta división.
Dirigiéndose al segundo heredero continuó:
–Tú, Hamed Namir, debías recibir un tercio de 35, o sea, 11 camellos y pico. Vas a recibir un tercio de 36, o sea 12. No podrás protestar, porque también es evidente que ganas en el cambio.
Y dijo, por fin, al más joven:
–A ti, joven Harim Namir, que según voluntad de tu padre debías recibir una novena parte de 35, o sea, 3 camellos y parte de otro, te daré una novena parte de 36, es decir, 4, y tu ganancia será también evidente, por lo cual sólo te resta agradecerme el resultado.
Luego continuó diciendo:
–Por esta ventajosa división que ha favorecido a todos vosotros, tocarán 18 camellos al primero, 12 al segundo y 4 al tercero, lo que da un resultado (18 + 12 + 4) de 34 camellos. De los 36 camellos sobran, por lo tanto, dos. Uno pertenece, como saben, a mi amigo el bagdalí y el otro me toca a mí, por derecho, y por haber resuelto a satisfacción de todos, el difícil problema de la herencia.
–¡Sois inteligente, extranjero! –exclamó el más viejo de los tres hermanos–. Aceptamos vuestro reparto en la seguridad de que fue hecho con justicia y equidad.
El astuto Beremís tomó luego posesión de uno de los más hermosos jamales del grupo y me dijo, entregándome por la rienda el animal que me pertenecía:
–Podrás ahora, amigo, continuar tu viaje en tu manso y seguro camello. Tengo ahora yo uno, solamente para mí.
Y continuamos nuestra jornada hacia Bagdad.

“¿Dónde está la trampa?”, se pregunta uno al leer este cuento. La respuesta, aquí.

9 sept. 2010

Cuentacuentos en video: Canción infantil