15 may. 2010

Vargas Llosa y Pérez-Reverte también escriben para niños

onchito y la luna”, del peruano Mario Vargas Llosa (ilustrado por Marta Chicote) y “El pequeño hoplita”, del español Arturo Pérez-Reverte (ilustrado por Fernando Vicente), son el puntapié inicial con que la editorial Alfaguara arranca una colección de libros infantiles escritos por autores más bien ajenos a ese género. Próximamente se sumarán a la colección, con sus propios textos infantiles, los escritores Javier Marías, Antonio Muñoz Molina y Eduardo Mendoza.

El propio Vargas Llosa dijo, en una entrevista con el periódico español El País previa a la presentación de “Fonchito…”, que el cuento infantil “es el género más difícil, porque no es escribir para niños, es escribir como lo haría un niño. Hay que entrar dentro de esa visión no enteramente racional”. Si un gigante como Vargas Llosa hace semejante declaración, ¿qué queda para un humilde cuenterete que publica los cuentos que le inventa a sus hijos para que se duerman por las noches…?

Por otro lado, Pérez-Reverte hace una declaración con la que podemos sentirnos un poco más identificados (en nuestra calidad de aspirantes a escritores de cuentos infantiles): “Hay un tipo de literatura infantil que habla a los niños como si fueran torpes o bobos. Y los niños tienen una lucidez y una lógica que ya quisiéramos los mayores. La idea de la colección era hacer cuentos para niños con la visión del mundo de un novelista adulto”.

Está bien que quieran alejarse de los clichés “bobos” de los cuentos infantiles, pero habrá que ver qué opinan los lectores más jóvenes sobre los cuentos de estos grandes novelistas a los que les cuesta ponerse en la óptica de un niño. Ellos mismos dicen que sus cuentos son “políticamente incorrectos” para los chicos; el de Vargas Llosa habla de un niño que quiere besar a una niña, mientras que en el de Pérez-Reverte se habla de muerte, de luchas y de guerras.

El español se justifica diciendo que “no todo debe ser blandito: el globito de colores y el monstruito simpático. Lo importante es que la vida real se le acerque a los niños de manera tamizada y calculada”. Y el peruano, por su parte, explica su intención de “salvar a la lectura para que no desaparezca. Hay una lectura utilitaria, para formarse, que no va a desaparecer, pero a la literaria podría pasarle. Se trata de enganchar a las nuevas generaciones”. En eso estamos cien por ciento de acuerdo.

Como dos niños con libro nuevo (artículo del periódico El Pais)