28 may. 2010

La competencia de los animales (fábula)

Una fábula que ilustra la importancia de saber un poco de todo para poder desenvolverse mejor en la vida.

Para niñas y niños desde edad escolar

El águila, el perro, el pato y la tortuga marina estaban sumidos en un acalorado debate acerca de cuál de ellos era el animal más apto para la vida silvestre.

–¡Yo les gano a todos!–dijo el águila con mucha seguridad– Puedo volar más alto que cualquiera, tengo una vista muy poderosa y mi vuelo es rápido y certero.
–Sí, pero si hay que correr, yo seguro que les gano –desafió el perro–. Además, con mi olfato y mi oído, puedo seguir cualquier rastro y encontrar cualquier camino.
–Está bien, pero si hay que nadar, ¿qué? –quiso saber la tortuga– Cuando hay que meterse en el agua, ninguno de ustedes es muy hábil que digamos. En cambio yo, ando por arriba o por abajo del agua sin ningún problema.

Los tres se quedaron mirando al pato, esperando a que expusiera las razones por las que se consideraba el más apto, tal como habían hecho ellos. Pero el pato, que era más viejo y más sabio que los otros tres animales, en vez de hablar sobre sus virtudes, les propuso demostrar con hechos quién era el más apto.

–Para resolver este debate, ¿qué tal si nos medimos en una competencia? –propuso el pato– Hagamos una carrera hasta la gran piedra blanca que está del otro lado de las sierras. El camino hasta la piedra atraviesa geografías muy diversas: escarpadas elevaciones, extensas llanuras, grandes lagunas, espesos bosques, y hasta profundas cuevas y sinuosos ríos subterráneos. Veamos quién llega primero, y el que lo haga, será indiscutiblemente el más apto.

Todos estuvieron de acuerdo, y se largó la carrera.

El águila voló majestuosa a grandes alturas, indiferente a la extensión de las llanuras, la espesura de los bosques, la altura de las sierras y el tamaño de las lagunas. Pero cuando el camino atravesaba cuevas o ríos subterráneos, el ágila perdía el rumbo, y debía hacer un sinfín de vuelos de ida y venida (perdiendo valioso tiempo en la tarea) para volver a encontrar el camino luego de que éste se ocultaba.

El perro corrió a gran velocidad por las extensas llanuras, y con su olfato supo elegir los mejores caminos para conducirse ágilmente a través de bosques y cuevas. Pero cuando tuvo que cruzar lagunas o atravesar cursos de agua, su estilo de nado lo demoró bastante. Y le costó un trabajo enorme atravesar las elevaciones serranas.

La tortuga mostró gran soltura y velocidad nadando en ríos y lagunas, pero en las demás geografías, la pobre apenas si pudo avanzar algo.

El pato, en cambio, supo nadar, caminar y volar según lo ameritaba cada situación, sin mostrar una destreza especial en ninguna de esas habilidades, pero haciéndolo en forma efectiva. Y los demás animales, al llegar a la meta, se encontraron con que el pato había arribado allí antes que ellos, por lo cual debieron reconocer que sus múltiples habilidades lo hacían, sin lugar a dudas, el animal más apto de los cuatro.


Moraleja (para charlar con los chicos)

Para estar mejor preparados para la vida adulta, es más conveniente dominar (aunque sea modestamente) gran cantidad de habilidades y tener conocimientos diversos, que dominar a la perfección una única habilidad o tener un conocimiento profundo sobre una única cosa.

Es por eso que en la escuela nos enseñan matemáticas, lengua, ciencias sociales, ciencias naturales, gimnasia, música y artes plásticas. Aunque nos guste una sola de esas materias, debemos prestarle atención a todas para que, cuando seamos grandes, podamos decir que somos los más aptos para la vida adulta.