18 mar. 2010

“Somos lo que leímos”

on este título se realizó un debate en la inauguración del primer Congreso Iberoamericano de Lengua y Literatura Infantil y Juvenil (CILELIJ), iniciado en Santiago de Chile a fines del pasado mes de febrero, y suspendido enseguida debido al terremoto ocurrido en dicho país. Si bien el congreso no pudo llevarse adelante, al menos el debate de inauguración valió la pena, gracias a la participación de dos reconocidos exponentes de la literatura infantil en idioma español: el chileno Antonio Skármeta y el mexicano Juan Villoro.

Ambos autores amenizaron la charla con recuerdos de su infancia y con opiniones sobre la relación autor-niño. “El escritor es un niño –señaló Skármeta–, alguien que extiende su percepción más allá de la prudencia”, observando que el niño y el autor “avanzan en una vanguardia que no conoce la retaguardia”.

Villoro efectuó un recorrido por su infancia en el Colegio Alemán, que le hizo amar la lengua española ya que “el idioma suprimido se convirtió en un objeto de deseo”. Y subrayó que su conversión a la palabra escrita fue tardía, con 15 años, con la lectura de una obra en la que se sintió “retratado de cuerpo entero” y explicó cómo el placer de la lectura le llevó de forma inmediata a la escritura. El autor mexicano subrayó que “los cuentos infantiles proceden de un pasado que nos pertenece”.

Skármeta destacó la influencia de la radio en sus primeros recuerdos de ficción, pues a su abuela le gustaba escuchar los seriales radiofónicos, siendo éstos su primer contacto con la creación de historias. El hábito de narrar surgió de las peticiones de completar las historias que quedaban interrumpidas por los cortes de electricidad, hasta que un día su abuela apagó la radio y le dijo “cuéntame tú ahora”, lo que según el autor chileno “fue mi debut como escritor profesional”.

Villoro, con el sentido del humor que lo caracteriza, profundizó en la importancia de las abuelas, y dijo que en su opinión el “Había una vez” con el que comienzan los cuentos debería cambiarse por “Había una voz”, la de las abuelas, que “marcan a un escritor”. Asimismo explicó una anécdota de su infancia relacionada con una película sobre la historia del Cid, que lo cautivó, y cómo más tarde, con 12 años, descubrió que había un libro “sobre la película”, el Cantar de Mío Cid, que lo defraudó porque le parecía increíble “que una película tan extraordinaria se hubiera hecho con guión tan malo”.

Fuente: Europa Press