4 feb. 2010

La cigarra y la hormiga (con final alternativo)

En esta versión de la clásica fábula de la cigarra y la hormiga se reivindica el rol de la cigarra, que aunque no trabaja tanto como la hormiga, cumple una función importante al alegrar con su canto.

(ilustraciones: Nachito)

Todos conocen la fábula de la cigarra (o la chicharra) y la hormiga, ¿no? Bueno, por si alguno no la conoce, aquí va un breve resumen.

Era verano. La cigarra se daba la gran vida cantándole al sol desde los árboles, mientras la hormiga trabajaba como loca para juntar comida para el invierno. Cada vez que la hormiga, cansada, miraba a la cigarra desde abajo, le decía: “dale, seguí cantando nomás, ya vas a ver cuando venga el invierno”. Y la cigarra no le daba bolilla y seguía cantando y alegrando a todo el bosque.

El verano pasó. Después vino el otoño y el invierno. Y cuando llegó el invierno y se cayeron todas las hojas de los árboles, la hormiga se metió en su hormiguero a disfrutar de la comida que había estado acumulado durante el verano.

Cuando empezó a hacer frío en serio, la cigarra le fue a golpear la puerta a la hormiga, a ver si la dejaba quedarse con ella en el calorcito del hormiguero. Pero la hormiga le dijo: “¡ni a palos!” Y le cerró la puerta en la cara, dejando a la cigarra desamparada y expuesta a una muerte casi segura.


Así termina la versión clásica del cuento. Ahora, el final alternativo:

La cigarra intentaba protegerse del frío en un huequito de un árbol, sufriendo un hambre terrible. En eso aparece un oso enorme, mete la mano en el hueco del árbol y saca a la cigarra, con la intención de comérsela. Pero al ver que era ella, se detuvo y le dijo: “vos sos la cigarra, la que con su canto me alegraba las tardes de verano, ¿verdad?” “Sí, soy yo”, respondió la cigarra. “Entonces venite conmigo. Voy a hibernar a mi cueva, y me vendría bien alguien que me cante para dormir, y que cuando venga la primavera me cante para despertarme”.

La cigarra, subida al lomo del oso, entró en la cueva y descubrió una maravillosa cantidad de provisiones suficientes para pasar tranquilamente todo el invierno.

Cuando llegó la primavera, la cigarra (gordita por todo lo que había estado comiendo durante el invierno) cumplió su promesa de despertar al oso con un alegre canto. Y al salir de la cueva, lo primero que hizo fue ir a ver a su amiga la hormiga. Golpeó la puerta del hormiguero y, antes de que saliera la hormiga, se tiró al suelo con la lengua afuera haciéndose la muerta.
“¡No! ¡Qué horror!”, gritó la hormiga cuando vio a la cigarra ahí tirada. Y se puso a llorar como loca. “¡Es mi culpa, debí haberla dejado quedarse conmigo!”.


En eso, la cigarra se levantó de un salto y, con una gran carcajada le dijo: “¡Ja ja! ¡Caíste!”

La hormiga se pegó el susto de su vida. Pero de ahí en más, todos los inviernos invitaba a la cigarra a pasar el invierno en el hormiguero, ya que, sin la música y la alegría de la cigarra, todo era bastante aburrido.