2 feb. 2010

El día en que Dani se volvió aburrido

Al comenzar la adolescencia, los chicos entran en conflicto con los juguetes que usaban poquito tiempo atrás.  Por un lado, quieren desprenderse de ellos por que ya no son niños, pero por otro lado, saben que los van a echar de menos si los regalan o los tiran. Dani, el personaje de este cuento, está en esa situación difucultosa en la que quiere ser grande pero no quiere que los buenos momentos de la niñez sean cosa del pasado.



Marcos tenía un hermano mayor que se llamaba Daniel. Dani, le decía. Dani había cumplido 12 la semana anterior, y el mismito día en que los cumplió, se volvió aburrido. Antes, Dani jugaba a los autitos con Marcos, y ahora decía que ya no le gustaban. Antes, Marcos y Dani hacían carreras para ver quién terminaba primero de comer. Ahora, Marcos comía todo rápido y, cuando terminaba, Dani apenas había probado un par de bocados. En vez de comer, se la pasaba paveando con ese celular que le habían regalado para su cumple.

Un día, Marcos estaba jugando solito con una pista de carreras (la misma que antes a Dani le encantaba), mientras Dani chateaba en la compu. La mamá los vio a los dos y le dijo a Dani: "¿por qué no jugás un rato con tu hermano?". "No puedo, Ma, estoy ocupado", contestó Dani.

Marcos pensó que la mamá se iba a enojar con su hermano mayor y lo iba a retar. Pero no. En vez de eso, agarró una caja enorme y empezó a meter en ella los juguetes viejos de Dani.


"¿Qué hacés, Ma?", preguntó Dani. "Voy a regalar tus juguetes viejos, si total vos ya no los usás. Ya sos un chico grande".
Dani desvió su atención de la compu para ver qué juguetes ponía su mamá en la caja. "No, ese no...", dijo cuando su mamá agarró un camión grande que tenía desde los 5 años. "¿Por qué no? ¿Si hace años que no lo usás?".

Dani no aguantó más y se levantó de la compu para rescatar el camión antes de que terminara en la caja.

"Bueno, si no querés que los regale, usalos", dijo la mamá. Entonces Dani se puso a sacar todos los juguetes de la caja. Marcos se acercó para curiosear, y los dos terminaron jugando con todos esos juguetes que, de tan viejos, parecían nuevos.

Dani dejó de ser aburrido cuando decidió que, aunque ya grande, podía jugar a ser chico un tiempito más.

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